| 8/21/2013 6:00:00 PM

La privatización de los servicios públicos

Cuando el país abrió la puerta para que el sector privado participara en empresas de obras y servicios públicos, aparecieron nuevos negocios y nuevos ricos.

La fiebre generada por la apertura de comienzos de los 90 y los efectos económicos de la Constitución de 1991 dejaron muchos ganadores. Como los que surgieron a partir del 11 de julio de 1994, cuando el presidente de la República, César Gaviria Trujillo, sancionó la Ley 142 de servicios públicos y el 12 de julio de ese mismo año, cuando vio la luz la Ley 143 que creó un nuevo régimen en materia de energía eléctrica.

Estas leyes permitían a los inversionistas privados operar servicios públicos que antes eran prestados por el Estado, entre ellos el manejo de basuras, acueductos, alcantarillados y sector eléctrico.

Adicionalmente, el Gobierno fijó los esquemas para la firma de contratos de concesión con empresas particulares seleccionadas mediante procesos licitatorios y crearon exenciones tributarias durante siete años para empresas de servicios tanto públicas como privadas, a cambio de invertir sus utilidades en expansión y mejoras del servicio.

Esta transformación propició la llegada de un grupo de empresarios que incursionó en los nuevos negocios y que en las dos últimas décadas han logrado acumular experiencias y recursos.

En este grupo se destaca el ingeniero William Vélez Sierra, quien fue empleado de la Empresa Antioqueña de Energía, después se dedicó a la comercialización de artículos eléctricos en varios municipios de Antioquia y hoy es propietario del Grupo Ethuss, conglomerado dedicado a la recolección y disposición final de residuos sólidos, producción de energía, y construcción, procesos en los que tiene 9.000 empleados vinculados.

La actividad de Vélez y de algunas de sus empresas, como InterAseo S.A., que maneja el relleno sanitario de Santa Marta, no ha estado lejos del escrutinio público y en ocasiones se le ha considerado favorito del Estado en las contrataciones, en especial de obras públicas. En 2012, Odinsa y Termotécnica, empresas en las que tiene participación Vélez, registraron ventas por $651.245 millones.

También en el negocio de aseo, energía y transporte público, se destaca la familia Ríos Velilla. Mientras Alberto Ríos Velilla ha hecho su fortuna con empresas como Aseo Capital y firmas de energía como Enertolima y Empresa de Energía Pereira, sus hermanos Carlos y Javier Ríos Velilla se han concentrado en operar la empresa de recolección de residuos peligrosos Eco-Capital y en Inversiones Alsacia, que maneja negocios en sistemas de transporte masivo de Bogotá y Santiago de Chile.

De otro lado, las leyes permitieron la llegada de inversionistas extranjeros. Tal vez el ejemplo más relevante es el de la Empresa de Energía de Bogotá (EEB). La administración del alcalde Mockus vendió una participación y el Distrito tiene el 51% de Emgesa y Codensa, pero el control lo tiene Endesa. Esta movida le permitió a la EEB consolidarse como uno de los grupos de energía más fuertes del país. También llegaron Gas Natural de España, Aguas de Barcelona, la multinacional AES de generación de energía, al igual que inversionistas chilenos en Termotasajero, entre otros. Además se dieron procesos de democratización accionaria en ISA, Isagen, ETB y la misma EEB. Un verdadero cambio extremo.
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