| 8/20/2013 6:00:00 PM

La privatización de los puertos

Para llevar a feliz puerto la apertura económica, el presidente César Gaviria Trujillo y su equipo de gobierno idearon el modelo de concesión portuaria. Cartagena fue la punta de lanza.

El 13 de diciembre de 1993, el entonces presidente de la República, César Gaviria Trujillo, pronunciaba bajo un ardiente sol y en los vetustos muelles de Cartagena de Indias un discurso que materializó el cambio de modelo portuario en el país.

Era el inicio de la apertura económica y la infraestructura en los terminales marítimos del país era obsoleta para los nuevos tiempos comerciales que se avecinaban. Ese día se consumó el matrimonio entre sector privado y Estado para sacar adelante los puertos y el encargado de dar la bendición fue el propio jefe de Estado: “Es necesario echar hoy abajo esa pared que limita el crecimiento y el bienestar general”, dijo.

Los invitados y asistentes al evento observaban a su alrededor un conjunto de edificios viejos y oxidados y un par de barcos de menor tamaño. “Ni siquiera había luz o agua, todo estaba cortado”, recuerda el capitán Alfonso Salas, quien desde ese día se convirtió en el timonel de la Sociedad Portuaria.

La ley 1ª de 1991 había abierto las puertas al nuevo esquema portuario al decretar la liquidación de la empresa Puertos de Colombia, Colpuertos, que desde 1959 administraba y operaba las terminales portuarias bajo monopolio estatal.

La burocratización e ineficiencia se habían convertido en obstáculos la apertura y el Gobierno tomó la decisión de entregar en concesión el sistema portuario a los particulares y mantener su papel de regulador.

Ese mismo día, el Jefe de Estado viajó a Santa Marta para suscribir un acuerdo similar con las autoridades y empresarios del Magdalena e hizo lo propio en Barranquilla, donde un proceso análogo permitió modernizar las instalaciones portuarias. El 21 de diciembre el turno de la transformación le llegó a Buenaventura, el principal puerto sobre el Pacífico y el de mayor movimiento de carga del país.

Con algo de nostalgia, pero con prodigiosa memoria, el Capitán Salas recuerda a las personas que estuvieron detrás de esa nueva era de concesiones portuarias. En el equipo estaban el asesor presidencial Luis Jorge Garay; el director de Planeación Nacional, Armando Montenegro, y Rudolf Hommes, titular de la cartera de Hacienda. “Si no se hubiera cambiado el modelo ese día, se habría demorado mucho más el país en erradicar males del sector como los altos costos, la intermediación y la corrupción”, afirma Salas.

La transformación desde entonces ha sido más que evidente. En 1993 llegaban al Puerto de Cartagena barcos con capacidad para 500 contenedores y hoy arriban gigantes motonaves de 6.200 y próximamente de 14.000 contenedores. El negocio ha crecido tanto en los últimos 20 años que las inversiones superarán en 2016 los US$1.000 millones, mientras el contrato de concesión se amplió hace pocos años por dos décadas más.
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