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José Joaquín Montalvo fue ´reclutado´ por los accionistas de la concesión para ejecutar las obras e imprimirle mayor tecnología a la operación.

| 8/21/2013 6:00:00 PM

La primera concesión vial

La primera concesión vial que tuvo el país transformó el modo de vida de los vallecaucanos. Un experimento que después se volvió política de Estado.

Cuando en junio de 1996 se pusieron al servicio los primeros kilómetros de doble calzada en el corredor Buga – Tuluá – La Paila, casi nadie sabía lo que era una concesión vial y mucho menos tenía presente que circular por el carril izquierdo a 20 kilómetros por hora vendiendo leche o montando a caballo ponía en riesgo la vida de más de uno.

“La gente pensaba que era un autódromo o que podían sacar el perro a pasear por uno de sus carriles. Tuvimos que instalar en algunos carros de la concesión altavoces para indicarles a los usuarios cómo andar en una vía de este tipo, fue un cambio cultural que se gestó en el Valle del Cauca”, explica José Joaquín Montalvo, gerente de Proyectos de Infraestructura S.A. (Pisa), el primer concesionario vial del país.

El modelo de negocio era tan poco conocido en ese entonces que los bancos no se atrevían a prestar un peso si no se contaba con garantías de tráfico o un modelo de negocio sólido. La estructuración financiera y técnica también era un asunto inédito y casi exótico. Sin embargo, fue Carlos Holguín Sardi, gobernador del Valle entre 1992 y 1994, quien se puso en la tarea de convencer al gobierno departamental de entregarles a particulares la operación de una vía para que inversionistas privados financiaran su ampliación y mantenimiento.

El sueño se hizo realidad el 30 de diciembre de 1993, cuando se firmó la concesión, y unos días más tarde ya había movimiento de tierras en la obra. Fue el inicio de una política de concesiones viales que hoy tiene a más de un colombiano decepcionado. En la actualidad no se ha logrado consolidar un sistema diáfano de licitación que permita que los contratos se ejecuten a tiempo y con el presupuesto asignado.

Cuando en 1998 el banquero Luis Carlos Sarmiento Angulo se queda con el negocio de Corfivalle, uno de los seis accionistas de la concesión, se produjo un nuevo giro que permitió la entrada de grandes jugadores en el sector. Hoy el país se prepara para darles pista a las concesiones de cuarta generación, que le permitan salir del atraso vial de la mano de compañías nacionales y extranjeras, especializadas en el desarrollo de la infraestructura.
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