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María Emma Núñez Calvo, Acepalma.

| 6/18/2013 11:46:00 AM

La pionera

Es una de las pocas mujeres al mando de una empresa de comercio exterior. Su gran temor: que el rezago en infraestructura saque a la palma nacional de la competencia.

Acepalma es la mayor comercializadora de palma africana del país, al vender al exterior 60% de su producción. También importa 50% de los fertilizantes para este cultivo; tiene su propia empresa de transporte, Solutrans, y es la accionista mayoritaria de la Sociedad Portuaria de Tumaco.

Nuestro negocio internacional lo hemos desarrollado desde finales de los años 90 y nuestros principales compradores están en Europa, Brasil y México. Cuando no hay suficiente producción nacional, les compramos a los productores vecinos para cumplirles a nuestros clientes internacionales, así exportamos desde Centroamérica y Ecuador.

Este año ha sido bueno, pero a costa de unos gigantes sobrecostos en la operación, derivados de la congestión en los puertos, por la falta de infraestructura, un problema que en vez de mejorar viene empeorando.

Llevar aceite de palma entre Santa Marta y Róterdam (Holanda) nos cuesta US$65 la tonelada, pero desde los Llanos Orientales a Santa Marta vale US$112, los fletes son terriblemente altos y si a eso se suma que debemos competir por los camiones con el sector petrolero, que puede pagar más, claramente estamos en desventaja.

Otro lío es la congestión en las carreteras. Uno dice que de Villavicencio a Bogotá son tres horas, pero la verdad es que son seis y hasta ocho. El comercio internacional se para en los puentes, en diciembre, en Semana Santa, etc. Obviamente en las carreteras se les da prioridad a los vacacionistas, pero para nosotros es mortal y no tenemos más alternativas. Hemos sacado el aceite por el río Magdalena, pero el problema es la navegabilidad, dado que no se puede hacer por la noche y no existen las barcazas adecuadas para transportar nuestros productos.

Para el resto del año, descontando los sobrecostos, esperamos buenos resultados porque cada vez le apostamos más al mercado local y porque pese a la crisis que afecta a Europa, hay suficiente demanda. Tenemos la ventaja de contar con contratos a largo plazo y que nos dan prioridad porque somos unos proveedores constantes y creíbles.

Al ser una comercializadora internacional, los TLC en principio nos benefician, pues abren puertas, pero el problema es comenzar esos tratados sin haber arreglado primero la casa. Uno logra conquistar un mercado y tener clientes, pero si no puede ser eficiente para sacar los productos o para traerlos, terminamos en un círculo vicioso.

Los precios del aceite de palma han bajado de los US$1.040 por tonelada en 2008 a US$850 hoy. La tendencia este año va ser a la baja porque hay inventarios muy altos en Malasia e Indonesia, que son los mayores productores mundiales, y el segundo semestre es su época pico.

La caída de las exportaciones no tradicionales es una señal de alerta, porque si las condiciones no son adecuadas para el agro, seguramente los empresarios lo van a abandonar y quedarán en el limbo los 47.500 empleos directos de la palma y los 71.000 indirectos.

La economía nacional está dividida: una cosa es mirarla con los sectores petrolero, minero y financiero y ahí vemos un crecimiento de 4%, pero si los excluimos, el crecimiento va a ser de la mitad. Esto porque esa otra parte de la economía está muy golpeada por los fletes, la dificultad para acceder al crédito y la revaluación.

El proceso de paz lo veo con prudencia, expectativa y muchas dudas. Espero que no se politice y en cuanto a la posible contratación de reinsertados, en nuestro caso particular sería complejo, dado que requerimos profesionales altamente calificados, pero los palmeros sí han trabajado mucho con esa población.

El sector agropecuario tiene la percepción
de que la seguridad se ha deteriorado, porque se han incrementado los grupos al margen de la ley, tanto en las áreas rurales como en las urbanas, en especial, en las ciudades intermedias.

Por un lado hablamos de TLC y, por el otro, de incrementos en los costos para pagar la paz. Todos la queremos, pero necesitamos mejorar la infraestructura, pues si los costos suben más nos sacan de la competencia internacional.

Seguramente la Ruta del Sol la van a hacer, pero el tema es cuándo. Los sobrecostos de esa obra los estamos pagando todos.
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