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Germán Vargas mostró su lado gerencial con éxito. Las viviendas de interés popular despegaron tras más de una década de estancamiento.

| 5/16/2013 10:00:00 AM

La marca Vargas Lleras

Ahora que es un hecho que el Ministro de Vivienda sale del Gobierno, su legado como impulsor de las 100.000 viviendas gratis es incuestionable. Su siguiente movimiento será decisivo para el balance de fuerzas en la política colombiana.

El programa de las 100.000 viviendas gratis es muchas cosas a la vez. Por un lado, es la única gran realización concreta que Santos tendrá para mostrar al entrar en su cuarto año, decisivo para la reelección. Por otro, es también una plataforma natural para recorrer el país seduciendo votantes, pues las casas se repartirán a lo largo y ancho del territorio. El calendario de inauguraciones es todo un itinerario de campaña que se cumplirá cabalmente en el segundo semestre de 2013.

Pero, además, las viviendas gratis son el punto donde se encuentran las apuestas de dos grandes jugadores de la política en Colombia. Por un lado está el presidente Juan Manuel Santos, el consumado especialista en el póquer, quien saca esta carta en el momento más difícil de su mandato. Por otro está su ministro Germán Vargas Lleras, quien también resultó ser habilísimo para la toma de riesgos, pues aunque muchos le dijeron que no tenía nada para ganar al pasar de la cartera de Interior a la de Vivienda, logró consolidar desde allí unos niveles de popularidad que hoy no tiene ninguno de los precandidatos presidenciales para 2014. En esa cartera mostró que no sólo es un gran político, sino que tiene madera de ejecutor y es capaz de poner a marchar en sincronía al sector público y a los empresarios alrededor de un gran proyecto, con resultados sobresalientes.

En suma, a Vargas Lleras le fue tan bien con el encargo de las viviendas gratis, que es inevitable formular la pregunta: ¿Podría lanzarse como candidato a la Presidencia en 2014, incluso si su competidor fuera Juan Manuel Santos?

Vargas Lleras fue un fenómeno en las elecciones presidenciales de 2010, cuando, según Jorge Londoño, gerente de Invamer Gallup, logró una escalada en popularidad de 20 a 30 puntos durante los últimos meses de la campaña, entre marzo y mayo de ese año. Desde entonces, su popularidad se ha mantenido por encima de 60%.

Eso significa que Vargas Lleras, en materia de imagen positiva, no le debe mayor cosa a este Gobierno. “La imagen de Vargas se ha sostenido. Las casas gratis no le aumentaron la popularidad, sino que le sirvieron para solidificar su buena imagen obtenida durante la campaña”, explicó Londoño.

Ahora viene el momento de la verdad. ¿Vargas Lleras optará por mantener su lealtad a Santos a cualquier costo, o aprovechará que está en el máximo de popularidad para un funcionario público y buscará la presidencia en las próximas elecciones? Él no habla de eso, pero cualquiera que haga las cuentas encontrará que esta es una posibilidad real. Cuando quedan pocos días para que el Ministro renuncie, si quiere mantener abierta la posibilidad de ser candidato, el viento sopla a su favor para buscar el premio mayor en la próxima contienda presidencial.

HOMBRE DE RESULTADOS

Germán Vargas Lleras se posicionó como un hombre que cumple metas. La ley de víctimas, la ley de regalías, las facultades extraordinarias para reestructurar el Estado y el estatuto anticorrupción son solo algunos de los proyectos que se le pueden adjudicar. Además, saltó del avión en picada en que se convirtió la Reforma a la Justicia, y salió sin un rasguño. Es un animal político que se mueve en el Congreso como Pedro por su casa.

Tiene además un olfato extraordinario que le permite reconocer una oportunidad cuando otros solo ven problemas. Como lo explica alguien cercano al Ministro: “a nadie se le puede olvidar que muchos dijeron que pasarse al Ministerio de Vivienda era un error. Se salía del mundo que había sido su vida: la política y el Congreso. Dejaba de ser el Ministro estrella del Gabinete. Incluso, en los viajes en el avión presidencial dejaba de estar al lado del presidente Santos, pues en el ranking de Ministros era uno de los últimos”.

El impacto del programa de 100.000 viviendas es incuestionable. Para poner las cosas en perspectiva, basta ver las cifras. Entre 1993 y 2005 se construyeron en Colombia 3 millones de viviendas, pero 2 millones de ellas eran informales. Dentro del millón de casas formales, apenas 100.000 eran de interés prioritario, es decir, para las familias pobres.

El contraste que presenta hoy Vargas Lleras es radical. En menos de 15 meses sacó adelante en el Congreso una ley, la reglamentó, puso a marchar el programa y dejó adjudicadas todas las obras.

El programa recuperó considerablemente el sector de vivienda de interés prioritario, a pesar de la existencia de fuertes restricciones como el elevado costo de la tierra y los problemas de las redes de servicios públicos.

“Esto demuestra la capacidad de la industria de la construcción para asimilar el reto”, explicó el viceministro de Vivienda, Luis Felipe Henao.

Para el Gobierno, el crecimiento de 5% en el PIB de edificaciones en 2012 se explica en buena medida por el programa de viviendas gratis. Según el Dane, mientras el área aprobada para construcción en sectores distintos a la VIS cayó 29% en diciembre de 2012, el área aprobada para vivienda de interés social creció 76,3% en ese mismo mes. El efecto del programa sobre el sector ha sido ampliamente reconocido por los empresarios, empezando por la presidente de Camacol, Sandra Forero.

LOS ESCENARIOS

El gran paquete de entregas de las viviendas gratis, que tendrá lugar en el segundo semestre de este año, es el verdadero itinerario de la campaña por la reelección. Allí, el Presidente y su ministro de la Vivienda se darán un gran baño de popularidad por todo el país.

Hay casas gratuitas en Valle, Cauca, Antioquia, Quindío, Risaralda, Cundinamarca, Meta, Norte de Santander, Cesar, Magdalena, Córdoba, Sucre, Atlántico, Bolívar, Nariño, Santander, Caquetá, Chocó, Arauca y la Guajira. Son en total 204 municipios, una hoja de ruta de lujo para cualquier gerente de campaña. El Presidente y su ministro estarán, llave en mano, abriendo la puerta de su casa propia a miles de personas que jamás creyeron que podrían tener una.

¿Quién estará en la foto como ministro de Vivienda, repartiendo las casas al lado del presidente Santos? ¿Dónde se encontrará Vargas Lleras, si sale del Gobierno?

Existen tres escenarios posibles frente a lo que va a ocurrir. El primer escenario es el más cómodo para Santos: Vargas Lleras sigue como ministro de Vivienda de su gobierno y entrega todas las casas. Con eso, él pavimentaría el camino de la reelección y Vargas su propio futuro como ficha santista para 2018.

Ese escenario, aunque tentador, implica también grandes riesgos para Vargas Lleras. Para empezar, Santos tendría que ganar las elecciones de 2014, cosa que depende en gran medida del comportamiento de las Farc en el proceso de paz. Si Vargas Lleras sigue con Santos y luego las Farc le dan al país una gran decepción en el terreno de la paz, esto bloquearía las posibilidades de Santos en 2014 y el camino se habría cerrado también para Vargas Lleras.

Pero incluso si Santos ganara en 2014, el camino hacia la presidencia de Vargas Lleras en 2018 no estaría asegurado. Cierto, Vargas Lleras habría disfrutado de los gloriosos entregando las 100.000 viviendas. Pero es igualmente cierto que quien cosecharía los frutos en el tarjetón electoral de 2014 sería el presidente Santos. Nadie puede asegurar que la buena imagen y la popularidad de Vargas Lleras se mantendrían vivas en los niveles extraordinariamente altos que tienen hoy durante cinco años más. Para 2018 habrá otros candidatos y otras prioridades. En ese entonces, las casas gratis serán un cuento viejo.

Por lo demás, en un nuevo gobierno de Santos, ¿dónde cabría Vargas Lleras? ¿Cómo podría mantener su vigencia durante otros cinco años? ¿En una embajada? ¿En otro Ministerio? La mayoría de las opciones están tachadas en la lista de pendientes del actual Ministro de Vivienda, porque ya las cumplió o porque no le interesan. Lo mismo ocurre con la posibilidad de volver al Congreso, donde ya alcanzó todos los logros a los que puede aspirar.

ADIÓS, ADIÓS

Si Vargas Lleras escoge salir del Gobierno, se abren dos escenarios. Para empezar, su salida le acarrearía costos, pues para el momento de su renuncia no habría entregado ni siquiera 5% de las viviendas gratis. Las palmas se las llevarían Santos y su sucesor en el Ministerio de Vivienda.

Al tomar el riesgo, se abriría todo un espectro de posibilidades. Primero, tendría la opción de mostrarse como una gran llanta de repuesto de Santos, tal como lo señaló el ex presidente Ernesto Samper. Podría ser un gran jefe de debate de Santos, su aliado en condiciones de “igual a igual”.

Sin embargo, este escenario también tiene problemas. Santos podría perder en 2014. Pero incluso si ganara, Vargas Lleras tendría que acogerse a la disciplina de un partido, el de la U, en el cual no se matriculó. Al mismo tiempo, su propio partido, Cambio Radical, estaría perdiendo presencia. Vargas tendría que comprometerse a hacer todo lo que le indique un jefe al cual no lo unen lazos sólidos. Y tendría que enfrentar el mismo problema básico del escenario anterior: ¿cómo mantener su vigencia durante cuatro años más, hasta 2018, por fuera del Gobierno, por fuera de la oposición y por fuera del Congreso?

Al final, queda otra opción. Vargas Lleras podría lanzarse como candidato a la presidencia en las elecciones de 2014, compitiendo contra Juan Manuel Santos. Es, sin duda, un escenario de alto riesgo, pero es también aquel donde Vargas Lleras tiene más para ganar.

La evolución del proceso de paz sería el elemento decisivo para el éxito de una campaña presidencial de Vargas Lleras en 2014. El debate de la paz plantea para él una gran oportunidad, pues le permite presentarse como opositor de Santos a pesar de haber sido Ministro suyo y actor central en su gobierno durante tres años. Todo el mundo sabe que Vargas Lleras no está alineado con los términos de la negociación con las Farc que adelanta Santos, de modo que en un debate presidencial Vargas Lleras podría reclamar dividendos de su paso por el Gobierno (su efectividad como ministro del Interior y Vivienda) y al mismo tiempo ser un duro crítico de los términos de la actual negociación de paz.

Vargas Lleras podría aglutinar a quienes no están de acuerdo con el proceso. Las encuestas muestran que, aunque hay un gran porcentaje de colombianos que no aprueban esta apuesta por la paz, no hay un candidato fuerte que los represente. Los candidatos del uribismo sencillamente no dan la talla para una contienda presidencial. Vargas Lleras trae a este tema la credibilidad adicional que le da ser él mismo una víctima de la violencia fariana. Su carácter recio le convierte en el hombre ideal para representar a quienes aspiran a más mano dura contra la insurrección.

En un escenario de campaña electoral, además, Vargas Lleras se crece. Como lo afirma Jorge Londoño, de Invamer Gallup, “a Vargas Lleras le va bien haciendo campaña. Ya demostró que él, en solitario, puede aumentar sus puntos en la favorabilidad”.

Sin embargo, los riesgos también son altos. El principal para el candidato Vargas Lleras sería que el proceso de paz le saliera bien al presidente Santos. Si eso ocurre, y Santos logra la firma de un acuerdo que los colombianos encuentren aceptable antes de finalizar este año, es previsible que en el país se formaría una gran oleada de apoyo a Santos para darle la oportunidad de consolidar la anhelada paz en un segundo periodo presidencial. En ese escenario, Vargas Lleras podría quedarse sin agenda como candidato presidencial y perdería su credibilidad como alternativa.

Por otra parte, Vargas Lleras tendría que emplearse a fondo para recuperar la fortaleza de su partido, Cambio Radical. El partido enfrenta unas duras elecciones legislativas e incluso corre el peligro de ver comprometido su futuro si no logra sobrepasar el necesario umbral de votos. Vargas Lleras tendría que entrar en una desgastante campaña de respaldo a sus listas a Senado y Cámara para llegar a la presidencia respaldado por un partido que tenga una presencia digna en el Legislativo.

Hay más riesgos, por supuesto. Si bien los candidatos uribistas estarían muy atrás en las encuestas en comparación con Vargas Lleras, podemos contar con que el viejo rencor que siente el expresidente Uribe frente a Vargas Lleras lo llevaría a ser un constante azote contra él como candidato y contra sus fichas en Senado y Cámara. Vargas Lleras tendría que pasar buena parte de la campaña lidiando contra los dardos envenenados que le lanzará Uribe. Desde este punto de vista, una candidatura de Vargas Lleras incluso le conviene a Santos, pues crearía una división entre los que rechazan su proceso de paz y llevaría a Uribe a diluir sus energías.

Vargas Lleras tiene los días contados para tomar su decisión. Es un hombre que está acostumbrado a tomar riesgos y sabe que no es posible lograr nada importante si no se está dispuesto a aceptarlos y vivir con ellos. La expectativa frente a uno de los temas decisivos en la esfera pública colombiana se aclarará muy pronto.

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