| 8/21/2013 6:00:00 PM

La intervención de los bancos

Hace 31 años, con una emergencia económica, se sentaron las bases para que el Estado pudiera tomar control de las entidades financieras en problemas.

Un año nuevo atípico vivió el economista y exministro de Hacienda Édgar Gutiérrez Castro en 1984. En lugar de celebrar con la familia en su finca en Antioquia, tuvo que volar ese primero de enero en un helicóptero hacia Bogotá para enfrentar una de las crisis financieras más graves del país.

Todo comenzó dos meses después de asumir el cargo, el 8 de octubre de 1982 cuando, junto con el presidente Belisario Betancur, decretaron la segunda emergencia económica en la historia del país –la primera fue en 1974, en el gobierno de Alfonso López Michelsen–.

Una de las primeras normas derivadas de ese estado de excepción fue el decreto 2920, que creó una de las herramientas más poderosas de intervención estatal: la nacionalización de entidades financieras.

Gutiérrez Castro y el expresidente Betancur se vieron obligados a usar la emergencia porque desde que llegaron al Gobierno se encontraron con un sistema financiero al borde del colapso, como consecuencia de años de euforia y descontrol, en los que se acudió a figuras financieras exóticas como los autopréstamos y se usó el ahorro del público para apropiarse de empresas industriales. Esto, sumado a un vecindario en plena crisis de deuda externa, había creado una bomba de tiempo que buscaban desactivar dándole verdaderos dientes al Estado.

La primera entidad nacionalizada fue el Banco del Estado, que pertenecía al llamado Grupo Mosquera, pero Gutiérrez Castro recuerda que durante 1983 se la pasaron tratando de poner la casa en orden, hasta que a finales de ese año, descansando en su finca, lo llamó el presidente Betancur.

Le pedía que regresara a Bogotá pues toda la cúpula del Banco de Colombia, el más grande del país y parte del Grupo Grancolombiano, se había volado.

Gutiérrez Castro llegó a Bogotá el domingo primero de enero de 1984 y convocó al equipo económico para buscar una salida, mientras intentaba hablar con Jaime Michelsen Uribe, cabeza del grupo Grancolombiano. Él estaba en su apartamento en Key Biscayne –Miami– junto con los demás directivos del banco. La idea era exigirle que regresara al país, pero no pudieron hablar.

Quien volvió el lunes fue el vicepresidente Alcides Caicedo, como encargado, y aunque el Gobierno les exigía nombrar un nuevo presidente en propiedad, ninguno de los candidatos fue aprobado por pertenecer a la cuerda del Grupo. Al final fue elegida una persona escogida por el Ejecutivo.

Dos años después, el Banco de Colombia también fue nacionalizado y el Grupo Grancolombiano desmembrado, pero se creó una figura que se convirtió en el ‘coco’ de los banqueros y que, hasta ahora, ha logrado que la confianza de los ahorradores colombianos no se pierda.
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