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| 9/19/2013 6:00:00 AM

El año de Gilinski

Con la compra del Banco Sabadell de España, y su llegada al listado de billonarios de Forbes, Jaime Gilinski tiene para celebrar el mejor año de su historia empresarial. ¿Qué sigue para el magnate colombiano?

Para Jaime Gilinski, 2013 será uno de los mejores años de su vida. Entró en el ranking de billonarios de la Revista Forbes en el puesto 613, con una fortuna estimada en US$2.400 millones. Le acaban de aprobar la compra de activos del Banco HSBC en Perú, un paso más en la adquisición de varias de las más grandes operaciones bancarias de esta entidad inglesa en Latinoamérica. Sumados los activos del HSBC en Perú, Colombia, Uruguay y Paraguay, vale US$400 millones.

Hace una semana, anunció la compra de una participación en el Banco Sabadell de España, por US$366 millones. Y su mega proyecto inmobiliario Panamá-Pacífico, que involucrará inversiones por más de US$700 millones, está avanzando a pasos agigantados.

Gilinski tal vez sea el secreto mejor guardado entre los magnates colombianos. Quizás por su origen caleño y porque la fortuna familiar forjada por su padre, Isaac, fue construida en la manufactura mediana, Jaime Gilinski no registra con fuerza en el radar de las élites bogotanas. Pero el error es de ellas. Gilinski hijo es hoy el magnate más global que ha producido Colombia. Operando desde Londres, sus intereses de negocios y sus redes de contactos se extienden por el mundo entero. Una mezcla de bajo perfil, intensos viajes de negocios por todo el mundo, gran capacidad para reconocer activos valiosos donde otros solo ven problemas, y una audacia extraordinaria en la ejecución, han sido las claves de su éxito.

A partir de la compra del banco BCCI a finales de los años 80, pasando por la adquisición del Banco de Colombia y luego los bancos Sudameris y Tequendama, Jaime Gilinski se ha caracterizado por una visión fuera de lo común, que le ha permitido adquirir activos a muy bajo precio para luego valorizarlos rápidamente y registrar extraordinarias utilidades.

“Es frío y calculador”, señala uno de sus amigos, quien afirma que ahí está la clave de sus éxitos en los negocios. “Cuando uno habla con él, siempre está concentrado en el tema de los negocios. Tiene mucho foco y no se distrae del asunto”, explica. Hoy, esa capacidad lo ha puesto en la lista de los hombres más ricos del mundo.

Lazos familiares

Jaime, nacido en Cali en diciembre de 1957, es el hijo varón de la familia Gilinski Bacal, de profunda tradición judía. Como primogénito se convirtió en la voz cantante al interior del emporio empresarial que construyó su padre.

“La relación entre Jaime y su padre es la más importante en esta historia”, señala un amigo cercano a la familia. Jaime e Isaac son dos personalidades muy diferentes, pero complementarias. Isaac es espontáneo, disperso en sus conversaciones y muy impulsivo; Jaime está siempre enfocado, concentrado en sus objetivos y piensa detenidamente cada decisión.

No se puede pensar en Jaime sin Isaac y viceversa. Isaac, nacido en Barranquilla, hijo de inmigrantes lituanos que llegaron a Colombia a comienzos del siglo XX, construyó un conglomerado industrial en el Valle del Cauca a partir de las empresas Yupi (alimentos) y Rimax (muebles de plástico). Esa solvencia económica le permitió enviar a su primogénito a terminar sus estudios universitarios en Estados Unidos y realizar un MBA en Harvard, institución con la que se ha mantenido en contacto a través de los años en diferentes proyectos filantrópicos.

Luego de terminar su maestría, Jaime se incorporó a los mercados financieros en la unidad de fusiones y adquisiciones de Morgan Stanley. Esta ruptura frente a la tradición industrial de su clan fue definitiva, pues cuando volvió a Colombia, a finales de los 80, traía una visión clara. Vino decidido a comprar y reestructurar entidades bancarias. Fue él quien le propuso a su papá adquirir las operaciones del Banco de Crédito y Comercio Internacional (BCCI) en Colombia, una entidad internacional que había entrado en quiebra en medio de denuncias por malos manejos y corrupción.

“Ahí es donde se ve la determinación y la audacia de Jaime: en una entidad totalmente emproblemada, él vio la oportunidad de generar valor, comprando barato, reestructurando y vendiendo más caro. Por eso le insistió a su papá que le apostaran a ese proyecto”, explicó una fuente que pidió no ser citada.

Ese fue el punto de partida para una nueva historia en este grupo empresarial. El BCCI se convirtió en el Banco Andino, una eficiente entidad que en 4 años multiplicó por cinco el valor de la inversión.

La siguiente movida de los Gilinski hizo historia: la compra y venta del Banco de Colombia. Compraron el banco al Gobierno, que en ese momento estaba encartado con la mayor crisis de una institución financiera en décadas, lo tuvieron durante un par de años y en 1998 lo vendieron al Sindicato Antioqueño, con una importante valorización. Sin embargo, esta movida generó una gran polémica jurídica y mediática que incluyó a los más reconocidos bufetes de abogados del país. Después de más de diez años de conflicto, todo concluyó en 2010 con un acuerdo entre las partes que hasta hoy no se ha hecho público.

Lo del Banco de Colombia fue toda una demostración de músculo financiero y caja (la operación de compra costó más de US$375 millones, una cifra importante si se considera que apenas corría el año 1995). Allí se puso en evidencia la capacidad de Jaime Gilinski para articular redes financieras globales. Persuadió a 86 inversionistas, incluyendo al magnate y filántropo George Soros, también judío, de invertir en el proyecto. A Soros logró comprometerlo con US$50 millones. Además, convenció a Barclays e ING, dos grandes instituciones financieras europeas, de participar en la estructuración de un crédito puente para lograr los recursos necesarios para la transacción.

En 2003, Gilinski inició la construcción de un nuevo grupo financiero. Compró al grupo italiano Intesa Sanpaolo su participación en el Banco Sudameris y luego adquirió el Banco Tequendama, con lo que creó el Gilinski National Bank Sudameris (GNB Sudameris).

Esta apuesta también le resultó rentable. Cuando Gilinski hizo el negocio con el Banco Sudameris hace 10 años, la entidad tenía menos de 1% de participación del sector financiero colombiano. Con la compra del Tequendama, del HSBC y el natural crecimiento orgánico, el grupo bancario Gilinski ya está por encima del 4% de participación. Con la adquisición de Servibanca, dos fiduciarias y dos comisionistas de bolsa, el inversionista caleño ya tiene asegurado un espacio en el anuario de magnates financieros del país y la región.

Todo parece indicar que vienen más negocios. En el corto plazo hay otra movida por cerca de US$80 millones: la compra de una participación en la cadena de hoteles Charleston en Colombia. Aunque las directivas de la cadena desmintieron esta operación, el rumor es persistente en el mundillo empresarial colombiano.

Londres, el centro de operaciones

Jaime Gilinski entiende la importancia de mantener aceitada en todo momento su influyente red de conexiones globales. Cuando hay un contacto importante en juego, Gilinski va a donde sea necesario. Dubái, Panamá, Singapur, son puntos igualmente cercanos a la hora de armar un negocio. Para él, la cara del santo hace el milagro y sabe que una conversación directa no tiene sustituto cuando se trata de plantear un negocio. El banquero no escatima esfuerzos y por eso la mayor parte del año está montado en su jet Gulfstream, persiguiendo posibilidades de negocios en largos viajes internacionales.

“Por eso es que ahora mismo está viviendo en Londres”, explicó uno de sus asesores. “Allá se encuentran los capitales de Occidente y Oriente. Allá es donde de verdad está la plata. Se mueve por el mundo muy fácilmente. Cuando uno lo llama no tiene nada de raro que responda desde Dubái o cualquier ciudad de Oriente”.

La capital inglesa se ha convertido en su centro de operaciones. Desde allí ha diseñado y logrado sus más grandes movidas y allí viven varios de sus más importantes socios y banqueros de inversión.

En eso, Jaime Gilinski se diferencia de otros multimillonarios colombianos: no es un magnate regional, sino mundial, que busca oportunidades ya no sólo en América sino también en Europa y Asia.

George Soros no es el único inversionista de talla mundial que Gilinski ha tenido a su lado en grandes negocios. Gilinski convenció a dos multimillonarios ingleses para que lo acompañaran en un megaproyecto que requiere inversiones por más de US$700 millones a lo largo de 40 años para construir complejos habitacionales, centros comerciales y plantas industriales en los terrenos correspondientes a la antigua base norteamericana de Howard en Panamá.

Los dos hermanos son Ian y Richard Livingstone, dueños de la inmobiliaria London & Regional Properties. Jaime Gilinski e Ian Livingstone firmaron en 2005 el contrato para realizar el proyecto. Al evento asistió el entonces presidente panameño, Martín Torrijos, y buena parte de su gabinete. La relación de Gilinski con Panamá es muy estrecha, pues está casado con Raquel Kardonski, quien pertenece a uno de los grupos familiares y empresariales más importantes del Istmo.

Los Livingstone también tienen su historia. Ian, el mayor de ellos y el más cercano a Gilinski es uno de los 20 hombres más ricos de Inglaterra, según la revista Forbes. Aunque era optómetra, abandonó la práctica médica y, junto con su hermano, compró la cadena de ópticas David Clulow en 1992. Ahí empezó su gusto por los negocios. A lo largo de estos años se han metido en el mercado de clubes y gimnasios deportivos con la cadena David Lloyd. Sus intereses inmobiliarios están en Alemania, Rusia e Inglaterra y, ahora, en Panamá, de la mano de Gilinski. Una de sus especialidades son los hoteles lujosos, como el Hilton en la plaza de Trafalgar de Londres y un ClubMed resort en las Islas Turcas y Caicos, entre otros. Según relata Forbes, los Livingstone iniciaron el año pasado un desarrollo para el Hotel Elizabeth House en Londres. Los dos hermanos Livingstone cuentan hoy con una fortuna de US$3.400 millones.

Otro inversionista con el que va a tener que verse más a menudo es David Martínez, quien también adquirió propiedad en el banco español Sabadell. En su adquisición de propiedad en el Sabadell, Jaime Gilinski no está asociado con nadie, pero estará con Martínez en la junta directiva del nuevo banco.

El mexicano es un excéntrico y misterioso hombre de negocios. Por ejemplo, el mundo del arte se estremeció en 2006 cuando se logró la venta por US$140 millones del cuadro Número 5, de Jackson Pollock. Aunque nadie ha logrado establecer con claridad quién compró la obra, muchos conocedores del negocio global del arte creen que fue este multimillonario mejicano.

Martínez proviene de una familia mexicana de clase media, dedicada a los negocios. Se inclinó inicialmente por la caza y el apostolado católico. Para la primera no mostró capacidades y el segundo lo decepcionó luego de una corta temporada de seis meses en los Legionarios de Cristo.

Su fortuna ha aumentado por las apuestas de su fondo Fintech Advisory, que se especializa en compra de deuda soberana y emisiones de sector financiero. CNN lo catalogó como el “Slim Financiero” y él mismo reconoció que ha estado en grandes procesos de reestructuración de deuda soberana en los últimos 25 años. Una de esas operaciones fue la compra de US$800 millones en bonos del estado argentino durante el Gobierno de Néstor Kirchner. La lógica del negocio tiene una afinidad con las estrategias que le gustan a Gilinski: compra a inversionistas encartados deuda soberana que ha caído en default, a precios de ganga, y luego renegocia con los gobiernos emisores un precio menor al nominal, para ganarse millones de dólares en un nuevo acuerdo.

Sobre Martínez no se sabe mucho, aunque la prensa ha relatado también sus excentricidades. Según el diario El Universal, Martínez adquirió un apartamento en el piso 76 de las Torres Warner de Manhattan en 2003, por más de US$42 millones.

Hombre de familia

Jaime Gilinski no aparece en las páginas sociales. “Es un hombre sencillo. Ni siquiera tiene chofer. En Londres, él mismo maneja su carro”, explica un amigo cercano. El eje de su vida es su familia. Está casado con Raquel Kardonski, miembro de una familia de negocios de Panamá. Tiene cuatro hijos: Josh, Gabriel, Dorita y Benjamín. Todo indica que quienes van a continuar con los negocios de su papá y de su abuelo son Josh y Gabriel. Ellos ya empezaron a trabajar en las empresas de la familia.

Es, según personas cercanas, un hombre de convicciones religiosas profundas. Cumple con todos los rituales judíos y comparte con sus compañeros de creencia.

Una de sus obras filantrópicas favoritas tiene que ver con los estudiantes judíos en Harvard. Durante un homenaje en su honor en esa universidad, Gilinski recordó que entró a la escuela de negocios de Harvard en 1979 y luego, al terminar, vivió en casa de un amigo en Nueva York. Él y otros amigos crearon en 1998 el Chabad Harvard Alumni International, una hermandad que busca estrechar los lazos entre estudiantes y egresados. En el evento, a Gilinski se le vio ataviado con la tradicional kipá (pequeña gorra judía).

El rabino a cargo de la organización, Hirschy Zarchi, recordó en respuesta a revista Dinero, el carácter filatrópico y el amor por su familia de Gilinski. “El es un gran y fiel amigo, así como un increíble padre que está extraordinariamente dedicado a sus hijos. Lo hemos visto de primera mano cuando su hija estudió en Harvard y en muchas otras ocasiones a lo largo de estos años”.

A sus 55 años, Jaime Gilinski aún tiene un amplio camino por recorrer. Su capacidad para sacar adelante audaces apuestas en operaciones de gran tamaño lo puede llevar mucho más lejos en el futuro. Si funcionan bien sus jugadas en la banca española y suramericana, sumadas a las operaciones inmobiliarias en gran escala en Panamá, Gilinski estaría tripulando una poderosa plataforma de negocios con un gran potencial de expansión. Y podría estar escalando puestos rápidamente en las listas de billonarios mundiales en los próximos años. Para él, la historia apenas está comenzando.
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