| 8/21/2013 6:00:00 PM

La CAN

La puesta en vigencia de una Zona de Libre Comercio entre los países andinos en enero de 1992, transformó el comercio en la región y la estructura empresarial colombiana.

Por décadas, Cartagena ha sido escenario de las grandes transformaciones económicas del país. Pero dos de ellas marcaron el rumbo de la integración colombiana con los países vecinos.

La primera, el 26 de mayo de 1969, cuando recibió a los presidentes de Colombia, Ecuador, Bolivia, Perú y Chile, quienes firmaron el ‘Acuerdo de Cartagena’, que dio vida al Grupo Andino para cumplir el sueño del libertador Simón Bolívar de generar un escenario de integración regional.

La segunda, el 5 de diciembre de 1991, cuando al término de un encuentro entre los presidentes de Colombia, Ecuador, Bolivia, Perú y Venezuela, se firmó el ‘Acta de Barahona’, que transformó para siempre el comercio intrarregional al poner en vigencia, sin mucho aspaviento, la Zona de Libre Comercio (ZLC) y abrir un nuevo capítulo en las relaciones comerciales y políticas de la región.

Magdalena Pardo, entonces secretaria del Consejo Superior de Comercio Exterior, recuerda que fue la empatía entre los presidentes de Colombia y Venezuela, César Gaviria y Carlos Andrés Pérez, la que permitió el gran empujón a los negocios andinos. Gaviria impulsaba la apertura económica y Pérez había iniciado un proceso similar en 1989, presionado por el Fondo Monetario Internacional, lo que provocó malestar social y dio origen al famoso ‘Caracazo’.

Convencidos de que ya era hora de acelerar la integración del Grupo Andino, los mandatarios convencieron a sus vecinos de la importancia de poner en vigencia la ZLC el primero de enero de 1992, cuando los aranceles entre los países cayeron a cero, lo que permitió que se acelerara el comercio intrarregional, el transporte e, incluso, la movilización de personas sin visa.

“Este es el experimento de integración más representativo y auténtico de América Latina, porque fue una apertura sin excepciones. Era realmente un libre comercio porque el transporte se podía hacer completo desde Perú hasta Venezuela, se intensificaron las inversiones entre empresas andinas, hubo alianzas y, sobre todo, se fortaleció la industria en la región”, asegura Pardo, actual presidente de la Cámara Colombo-Venezolana.

La creación de instituciones andinas para dirimir los conflictos comerciales facilitó el intercambio de bienes y servicios. Para protegerse de terceros países, se acordó fijar un arancel externo común con cuatro niveles, pero este solo fue adoptado por Colombia y Venezuela, y tenía excepciones para Ecuador y Bolivia. Perú no lo adoptó porque el gobierno bajó todos sus aranceles a niveles inferiores a los andinos.
 
El éxito de este modelo fue de tal magnitud que las pequeñas y medianas empresas colombianas y venezolanas se convirtieron en grandes protagonistas del comercio internacional y se fortaleció el tejido industrial. Para 1996, Colombia y Venezuela respondían por 70% del comercio andino. Los negocios tenían tal agilidad que más de 100 empresas colombianas hacían presencia en el mercado venezolano y varias decenas de inversionistas del vecino país tenían negocios en territorio colombiano.

Sin embargo, las cosas comenzaron a cambiar el 12 de mayo de 1999, cuando el gobierno venezolano decidió unilateralmente eliminar el libre tránsito de transporte con Colombia, argumentando razones de orden público. Aún con trabas, el comercio se mantuvo hasta que las fricciones aparecieron debido a la negociación del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, que había buscado por años el gobierno colombiano. En abril de 2006, el gobierno venezolano hizo oficial su decisión de retirarse del Grupo Andino y comenzaron a contar los cinco años para suspender por completo la ZLC con sus socios, hecho que se hizo efectivo en abril de 2011, cuando cesaron las obligaciones para Venezuela.

A pesar de los desencuentros políticos entre los dos gobiernos, los lazos empresariales, familiares y políticos entre Colombia y Venezuela se han mantenido, al punto que hoy su fortalecimiento sigue siendo tema de las agendas binacionales.
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