| 4/30/2015 5:00:00 AM

¿Impacto profundo?

Al parecer la incertidumbre se está arraigando y el consumidor interioriza la desaceleración. ¿Qué tan profundo puede ser el golpe al consumo?

El comportamiento de la economía en el último trimestre del año pasado y las señales de las últimas semanas –con aumento en la inflación, subida del dólar y las amenazas fiscales sobre el país– han inyectado más incertidumbre al ambiente, llevando a que los estimativos de crecimiento para este año, que a finales del pasado estaban por encima de 4%, empiecen a ubicarse por el lado de 3,5% o, incluso, menos.

Uno de los indicadores que encendió las alarmas fue el Índice de Confianza del Consumidor de Fedesarrollo, que se deterioró 11,7 puntos porcentuales entre febrero y marzo de este año y se ubicó en 2,3%, convirtiéndose en el nivel más bajo desde junio de 2009. Para algunos analistas el resultado refleja la interiorización de la desaceleración por parte del consumidor, la preocupación con la inflación y el peso que tiene Bogotá, la ciudad donde más cayó la confianza.

Paradójicamente, mientras el dato se conocía, varios empresarios consultados por Dinero en las últimas semanas han calificado el primer trimestre de este año como uno de los más dinámicos de los años recientes. ¿Qué está pasando?

Es imposible desconocer que el país entró en un proceso de desaceleración y que, como explica Jorge Londoño, gerente de Invamer Gallup, la creciente expectativa de menor crecimiento, sumada al aumento de los impuestos y a la desfinanciación del Gobierno, empiezan a generar desconfianza.

¿Qué juega a favor? En concepto de Londoño, las condiciones económicas actuales todavía están bien y en buenos niveles. “Eso se puede traducir en que no vayamos a tener una situación dramática de disminución de consumo. Podemos esperar crecimientos muy moderados en el mejor de los escenarios. Pero es claro que todavía hay una reserva y un colchón que hacen que la gente no se frene en seco”, agrega.

Las preguntas son dos: ¿cuánto aguantará la estantería y cuál será la velocidad con que se dará el proceso de desaceleración?

Esa es tal vez la principal aproximación que puede quedar del estudio adicional que hizo Invamer Gallup para Dinero en este especial de top of mind, en el que se midió la intención de compra de algunos bienes o servicios, tomando como referencia datos comparables de años anteriores.

Queda evidente una mezcla de tendencias: categorías que en el tiempo han evolucionado muy positivamente y alcanzan sus máximos históricos de intención de compra, otras que muestran un descenso –que puede estar orientado a una renovación tecnológica– y una transformación social en marcha.

A pesar de la coyuntura, según el estudio, algunos de los bienes o servicios tienen su punto más alto y los encuestados aseguraron que definitiva o probablemente los comprarían. Eso se dio en automóviles –38%–; vivienda propia –64%, el más alto de toda la medición–; internet de banda ancha –49%–; seguro de vida –39%–; ahorro programado –54%–, y servicio de televisión por cable o satelital –38%–.

Otras muestran una desaceleración que puede ser producto de la transformación tecnológica, como la cámara de fotografía digital –con 30%– que viene cayendo desde 2008, pero que se mantiene en niveles superiores, o el computador, que se ubica en 43%, pero muy cerca a los porcentajes de hace tres o cinco años. Lo mismo sucede con los televisores de plasma, que tienen para esta medición una intención de compra de 47%, mejor que la de hace tres años; o medicina prepagada que, aunque cae, se estabiliza por encima de 40%.

Esto, según Londoño, lleva a una conclusión: la evolución de diez años de consumo que confirma el crecimiento de la clase media y del poder adquisitivo de los colombianos. “Podemos estar en un nivel de confianza no tan favorable, pero el nivel de consumo de los colombianos ha mejorado mucho”, asegura.

Sin embargo, y a pesar de este escenario favorable, las alarmas siguen encendidas. El índice de confianza es uno de los mejores predictores de lo que va a pasar en los próximos meses. Su lectura se anticipa y lo que estaría por venir es un segundo semestre mucho más complejo para las decisiones de inversión de los hogares y un mayor impacto en las empresas, pues muchas de ellas concentran casi 60% de sus ventas en ese periodo. ¿Qué pasará? .
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