| 11/25/2015 7:00:00 PM

La brillante bióloga de 23 años que se roba aplausos en el mundo

Con apenas 23 años, esta profesional ha logrado dos summa cum laude y ya cursa su doctorado. Es una de las más destacadas alumnas del Instituto Merani y fue una de las mejores bachilleres de 2006.

Stefany Moreno dice deberle mucho a su colegio, el Instituto Alberto Merani, de donde se graduó en 2006 como una de las mejores bachilleres del país.

Desde Holanda, donde actualmente se encuentra desarrollando su doctorado en Biología Evolutiva de Sistemas, asegura que “gracias a un acuerdo que el Merani tenía con la Universidad Sergio Arboleda, pude desarrollar mi interés en las matemáticas”. Se refiere a algunas materias que logró cursar, estando aún en el colegio, de la carrera de matemáticas de esa universidad.

En el colegio nos dieron muchas herramientas de pensamiento: analizar y hacer lectura a conciencia. La filosofía del Instituto no es bombardear al alumno con información para memorizar. Nos dieron herramientas para abrir un libro y comprender la idea principal y los argumentos que las sustentan”, explica. Recuerda especialmente las clases con Julián de Zubiría, rector del Instituto, que constituían el ciclo precategorial del programa. “Es una materia para consolidar el trabajo de pensamiento”, recuerda Moreno.

Aunque hizo énfasis en Matemáticas, siempre mostró interés por la Biología. Por eso, a la hora de graduarse como bachiller escogió el pregrado que ofrece la Universidad de los Andes; gracias a sus excelentes resultados en las pruebas Saber, pudo hacerse a una beca del programa “Quiero Estudiar”.

Descubrió entonces que podía combinar ambas carreras, matemáticas y biología y esto le ha servido para concentrar sus estudios en desarrollar modelos que expliquen temas claves de la biología.

Luego, entre 2009 y 2010 hizo una estadía en la Universidad de Harvard y en el Instituto Santa Fe en Nuevo México, Estados Unidos, donde realizó estudios en genética de poblaciones humanas. Culminó en 2011 el pregrado y recibió su primer summa cum laude por su trabajo de tesis y su promedio acumulado.

Entonces supo del programa Erasmus Mundus de la Unión Europea, que ofrece maestrías en las que el alumno realiza estudios en diferentes universidades cada año, gracias a acuerdos entre las instituciones. Así logró sacar adelante su maestría en Biología Evolutiva, estudiando en las universidades de Múnich (Alemania), Harvard (Estados Unidos) y Groningen (Holanda). Allí recibió su segundo summa cum laude por su tesis de grado sobre los mecanismos de transferencia genética horizontal en una bacteria causante de la neumonía. En 2013 la multinacional Unilever reconoció el suyo como mejor trabajo de tesis.

A esa altura ya estaba metida de lleno en el tema que hoy es su expertise: aplicar modelos matemáticos para comprender cómo funcionan ciertas formas de vida. Ese es el enfoque de su doctorado, que empezó el año pasado. “Por ejemplo, estudiamos cómo las bacterias se comunican e intercambian material genético o cómo se adaptan a condiciones adversas. Para esto desarrollamos modelos matemáticos cuyas predicciones podemos estudiar en el laboratorio. Esta investigación es importante en temas como la resistencia a los antibióticos”, explicó.

Pero que haya obtenido tantos logros académicos con apenas 23 años no significa que no tenga otras ilusiones. Toca guitarra y viaja mucho con su novio, un argentino que cursa un posdoctorado en evolución del lenguaje en Zúrich. Sueña con tener una familia; esa es la otra prioridad de su vida. Actualmente su núcleo familiar está conformado por su papá, un militar retirado y empresario, su mamá, una odontóloga, y su hermana, quien culminó este año sus estudios de Ingeniería Industrial en la Universidad de los Andes y ya está buscando cómo realizar una maestría en el exterior.

Del colegio recuerda a muchas personas: al ‘profe’ de filosofía, que le decían “Mechas”; a sus maestros de Ciencias, David; de Biología, Laura, la hija de Julián, el rector del Instituto, a Uldarico, el de Matemáticas y Jaime Sanabria, el maestro de Química; y con especial cariño a la profesora Maribel, de Deportes.

Sueña con volver a Colombia para “retribuir, lo que me dio el país: primero el colegio Merani me apoyó económicamente y luego la beca de los Andes. Me gustaría volver a trabajar en ciencia y transmitir el gusto por ella”, dice. Su caso demuestra cómo la buena educación es básica en la proyección de las personas.
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