| 11/25/2015 7:00:00 PM

El aplicado economista colombiano que se ganó la beca de la Fundación Bill Gates

Apasionado de las matemáticas y del medio ambiente, estudió economía e ingeniería industrial. Todo el tiempo ha estado becado, incluso hoy cuando hace su doctorado en Inglaterra.

Las vacaciones en la finca de su familia, las excursiones que promovió en su colegio, que antes solo se realizaban en 11 y eran de paseo y no para aprender, así como el trabajo con comunidades en su paso por el Ministerio de Salud han marcado la vida de Nicolás Páez, un economista e ingeniero industrial, que cada vez está más convencido de que lo suyo es el trabajo con el medio ambiente y los temas sociales.

Salió del colegio San Carlos en 2008, año en que él y 12 compañeros suyos estuvieron entre los 50 mejores Icfes del país. De allí pasó becado a la Universidad de los Andes, donde estudio las dos carreras y luego una maestría en economía. “Con la economía hacía castillos en el aire y con la ingeniería los aterrizaba”, bromea.

Al graduarse obtuvo la distinción summa cum laude por terminar sus pregrados con un promedio muy destacado (4,92) y mientras estudiaba fue investigador, junto con el decano de economía de la época, Alejandro Gaviria, con quien luego pudo trabajar como asesor en el Ministerio de Salud.

Hoy, de nuevo becado por la fundación de Bill Gates, está haciendo su doctorado en economía, con enfoque en desarrollo regional en la Universidad de Cambridge.

“Mi pasión siempre ha sido el medio ambiente, por eso cuando estaba decidiendo qué estudiar mis opciones eran economía o biología y me decidí por la primera, porque era con la que podía tener un mayor impacto”, dice y agrega que es el tipo de economista al que le interesa más el desarrollo social y combatir la pobreza, que las tasas de interés o la inflación, que por supuesto son importantes, “pero no me mueven”.

La ingeniería industrial la escogió porque siempre le gustaron las matemáticas y en el colegio le dieron el empujón al inscribirlo en las olimpiadas de esta materia. “Todos teníamos que participar, lo que pasa es que a algunos nos iba mejor que a otros, pero la idea era que le cogiéramos el gusto a las matemáticas”.

Una de las profesoras del colegio que tiene más presente fue una de quinto de primaria, que les preguntaba por qué todos los del salón no tenían notas excelentes, si todos tenían las mismas capacidades y les insistía en que la barrera para lograrlo era mental, simplemente se necesitaba trabajar y sacar las cosas adelante.

Del examen del Icfes no recuerda haber tenido una preparación especial, pero admite que el objetivo era obtener buenos resultados, pues forma parte del orgullo del colegio y ayuda a formar el sentido de comunidad, ya que se busca que todos tengan puntajes altos y no solo unos pocos.

La economía y la ingeniería no han hecho que Nicolás deje de lado el medio ambiente. Desde que estaba en el San Carlos forma parte de la Red Guácharos, una iniciativa de Parques Nacionales Naturales que busca promover el cuidado de la biodiversidad entre los estudiantes de colegio.

“Con mi conocimiento quiero ayudar a la conservación, por eso en el futuro me veo trabajando en el sector público o en una entidad como el Banco Mundial; y aunque podría quedarme en Inglaterra, acá hay pocos problemas, mientras en Colombia está todo por hacer y se puede tener más impacto”, enfatiza.

Considera que su éxito –en 2013 fue elegido como el mejor estudiante de economía del país en los Premios Portafolio y fue representante de Colombia ante la Organización Mundial de la Salud– no solo es el resultado de su gusto por las matemáticas –ganó medallas de bronce en las olimpiadas iberoamericanas en 2006 y 2007, y de plata en 2010 y 2011–, ni de la buena memoria o de la pilera, sino en ser integral, que dice fue una de las mayores enseñanzas del colegio.

“Allá aprendí a perder, pero también a mejorar y a buscar otras alternativas. Siempre quise ser del equipo de baloncesto y nunca lo logré por más de que jugaba en todos los recreos. Aprender a superar eso le ayuda a uno a tener otra inteligencia y por eso estoy convencido de que mi mayor valor agregado no es saber, sino conocer a los que saben para armar buenos equipos de trabajo”, enfatiza este futuro doctor, que ama las caminatas, el buceo, bailar y ver películas malas. Seguramente las escenas de su vida profesional tendrán un guión muy promisorio.
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