| 11/25/2015 12:05:00 AM

De fútbolista de la selección femenina de Bogotá, a promesa de la ecología

Estudió su carrera becada en la Javeriana y se prepara para su maestría en las mismas condiciones en Estados Unidos. Fue una de las mejores Icfes del país en 2008 y su sueño es cambiar el país como funcionaria pública.

A diferencia de muchos de los jóvenes de su generación que aspiran a desarrollarse profesionalmente en el exterior, Natalia Ocampo no solo quiere trabajar y vivir en Colombia sino ser funcionaria pública.

Mientras sonríe, admite que es una aspiración algo masoquista, pero dice estar convencida de que es la única forma en la que puede hacer que su carrera tenga sentido y con la que puede impactar la mayor cantidad de personas posibles.

En 2008 se graduó de la última promoción femenina del Gimnasio Vermont, hoy un colegio mixto, y gracias a su pilera ayudó a que ese año su colegio fuera el que obtuviera los mejores resultados de las pruebas del Icfes a nivel nacional. “Yo estaba preparada para el examen, pues desde noveno hacíamos pruebas similares y creo que yo tenía el 80% antes de llegar a presentar el Icfes, y ese 80% es el control mental. Lo que no me esperaba era ser la mejor de ese año, pero en realidad el mérito del colegio es que nos sacaron a todas igual de competentes”, recuerda, y asegura que prueba de ello es que de 35 estudiantes que se graduaron junto con ella, 15 estudiaron becadas.

Por supuesto, Natalia no fue la excepción y recibió una de las 10 becas anuales que entrega la Universidad Javeriana a sus nuevos alumnos, así que comenzó doble programa de ecología y filosofía. Sus papás no tuvieron que desembolsar ni un centavo para su formación profesional y, de hecho, antes de terminar, empezó a trabajar como investigadora.

Al principio no me sentía presionada por el estudio. Muchos de los temas de química y biología ya los había visto en el colegio, era más un repaso. En tercer semestre sí empecé a sentir la presión, pero igual la ventaja de venir de un colegio muy exigente es que ya se llega acostumbrado a la universidad”, comenta y explica que se inclinó por la ecología tras recibir unas clases de educación ambiental casi al final del bachillerato.

“No era por dármelas de niña diferente, ni por llevar la contraria, sino porque realmente el tema ambiental es algo que me preocupa y que me gusta”, agrega, y se confiesa tan apasionada de las caminatas que no solo lo hace en zonas rurales, sino que con frecuencia camina de su oficina en la Universidad Javeriana a su casa en el barrio Cedritos al norte de Bogotá, trayecto que le toma casi tres horas.

En 2013 Natalia hizo una práctica social y se fue durante 6 meses a vivir a Pasto para trabajar en programas de sostenibilidad campesina, turismo rural y procesos arqueológicos. Regresó enamorada del paisaje y de la gente y cada vez más convencida de que lo suyo era el servicio social, ojalá en el sector público, donde trabajan sus padres, o con una ONG.

Además de ser comelibro (pero no ñoña –aclara–) es una futbolista consumada, más exactamente es volante y formó parte de las selecciones femeninas de Cundinamarca y Bogotá, algunas de sus compañeras están hoy en la Selección de Mayores. Por el fútbol tuvo la oportunidad de obtener una beca para estudiar fuera del país, pero no la aceptó porque cree que Colombia es el escenario perfecto para ser ecólogo, por su biodiversidad y porque todo está por hacer.

No obstante, su amor por el país no le impide querer conocer muchos países y viajar cuanto le sea posible. De hecho, pese a que aún no ha terminado la carrera de Filosofía, el año entrante se va a hacer una maestría en Geografía en una universidad estadounidense, gracias a que se ganó la beca Fulbright.

Quiere aprender geografía a profundidad, pues considera que es la mejor forma de aterrizar sus conocimientos de ecología y de ponerlos en práctica. Uno de sus ídolos es la estadounidense Elinor Ostrom, la primera mujer en ganar un Premio Nobel de economía, gracias a su análisis de cómo los seres humanos manejan recursos compartidos y escasos como el agua. 

Apasionada con el fútbol (es hincha del América de Cali y le encanta ir al estadio aunque no sea a ver a su equipo), así como de la ecología, insiste en que no le gusta el éxodo de los colombianos que están mejor preparados, pues si ellos no se quedan y ayudan, el país no va a cambiar. Con apenas 24 años, Natalia seguramente va a demostrar que ese cambio sí va a ser posible.
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