| 11/25/2015 12:05:00 AM

Una de las mejores estudiantes del Icfes en el 2005 es una estrella de la química y la cocina

Una de las mejores Icfes de 2005 es ingeniera química y quiere montar un negocio en donde combine su profesión con su gusto por los alimentos, en particular, trabajar con quesos.

Ser hija de una maestra de inglés y tener un hermano mayor muy pilo fueron dos de los motores que le ayudaron a Andrea Orjuela a pasar exitosamente por el Liceo Navarra, entrar fácilmente a la Universidad Nacional y luego a la Universidad de Michigan State.

Andrea recuerda que el ritmo de su colegio fue muy exigente, pero con la ayuda de su mamá logró mantenerse en el primer lugar y tener un muy buen resultado en el examen del Icfes. “Recuerdo que hicimos un preicfes y que nos preparamos durante el último año y al final no fue tan complicado porque la clave está en la comprensión de lectura, que es un aspecto en el que el colegio hace mucho énfasis”. Justo en 2005, año de su graduación, su colegio ocupó el primer lugar a nivel nacional en las pruebas de Estado.

Antes de convertirse en bachiller, tenía claro que lo suyo eran las matemáticas y las ciencias y por eso quería ser ingeniera, lo que no sabía era cuál ingeniería escoger, pero al final decidió seguir los pasos de su hermano, que ya estudiaba ingeniería química.

“En el colegio nos motivaban a estudiar en Los Andes o en La Nacional, y esta última entregaba tres formularios gratuitos a los mejores alumnos del colegio, solo había que presentar el examen. Yo lo pasé y de una me decidí, aunque después también me llamaron de Los Andes por lo que tuve un buen Icfes”, agrega.

Su paso por la universidad fue relativamente fácil, pues venía acostumbrada a estudiar bastante, y por ser, de nuevo, una de las mejores de cada semestre, le ofrecieron un programa internacional con una de las universidades con las que tiene convenio la Nacional: la Michigan State, donde justamente su hermano mayor estaba haciendo el doctorado.

Así, esta futura ingeniera química se fue a hacer una pasantía de investigación, cuyo tema luego le sirvió para su trabajo de grado. Lo que analizaban los científicos de Michigan era una simulación para fermentar azúcar y con ella generar un químico que posteriormente sirviera para producir otros químicos.

Ese tipo de investigaciones por lo general tiene un uso industrial y, por eso, lo que se hace es ver si son viables económicamente para luego vendérselas a una empresa, y mi trabajo era medir dicha viabilidad”, explica Andrea, quien pasó tres meses en su primer paso por la Universidad de Michigan.

Pese a que no estudió en un colegio bilingüe, dice que no tuvo que hacer más cursos de inglés antes de irse a Estados Unidos, pues la formación del Navarra en ese aspecto también fue muy buena y, desde luego, en idiomas contó como siempre con el apoyo de su mamá.

Llegó el momento de hacer la maestría y no dudó en elegir de nuevo a Michigan State, a donde llegó becada y para ser asistente de investigación de un profesor que estaba trabajando en la producción de etanol con residuos agrícolas.

Tras cuatro años de arduos estudios llegó el momento de regresar a Colombia y ahora tiene uno de sus retos más grandes, pues su plan es ser empresaria. Inicialmente va a trabajar con su hermano en una compañía de diseño de equipos y análisis de procesos, pero su objetivo es montar una empresa, usando la ingeniería química en el área de alimentos, específicamente con lácteos y mejor aún si es con quesos.

“Yo no sabía cocinar antes de irme a Estados Unidos, pero allá aprendí a la fuerza y además descubrí que soy muy buena para hacer postres”, confiesa.

No descarta emplearse en otra cosa mientras alista todo para tener su propia empresa, lo que no tiene en sus planes es la docencia, pues a diferencia de su mamá y su hermano, que son profesores, ella reconoce no tener habilidades para enseñar.

Mientras llega el momento de su negocio propio, a sus 26 años Andrea sigue creciendo de la mano de la ingeniería química y soñando con la cocina y la literatura de fantasía, uno de sus hobbies. Le gustan tanto los libros, como Juego de Tronos, que ayudó a financiar la más reciente publicación de Michael J. Sullivan, para que pudieran sacar el siguiente volumen de su saga de The Riyria Chronicles y ser una de las primeras en leerlo.

Aunque su mente vuela con la fantasía, Andrea tiene los pies en la tierra y su cerebro no se fugó, se quedó en el país para ayudar a cambiarlo.
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