| 11/25/2015 12:05:00 AM

Alejandra Castillo, una médica a toda prueba

Aunque las circunstancias económicas le hacían pensar que no podía cursar medicina en Los Andes, cumplió su sueño al obtener una beca.

En el diccionario de vida de Alejandra Castillo Ramírez, mejor bachiller del Liceo Campo David en 2010, existen millones de palabras pero una ya fue borrada hace tiempo: rendirse. Desde niña, cuando ingresó al preescolar en esta institución educativa, ubicada en el sector de Tunjuelito, al sur de Bogotá, ha trabajado cada día por hacer realidad sus sueños, pese a las dificultades económicas que ha enfrentado. Y ya muchos los ha hecho realidad.

No dejarse limitar por sus condiciones económicas le han permitido avanzar por la vida y superar las adversidades: desde obtener buenas notas en filosofía e historia, dos de las materias por las que menos sentía interés en su bachillerato, hasta ganarse la beca ‘Quiero Estudiar’ de la Universidad de los Andes, donde optó por la carrera de Medicina, el pregrado más costoso que existe en este momento en el país, en el que ha mantenido un promedio por encima de 4 durante cinco años.

Esto no significa que no haya llorado muchas veces ante las adversidades. Como cuando el transporte público que toma desde su casa hasta la Fundación Santa Fe –donde realiza su práctica– demora más de la cuenta y no puede llegar a tiempo a atender a sus pacientes. Aunque se levanta todos los días a las 4:30 de la mañana, hacer el trayecto le implica perder más de dos horas.

A pesar de su menuda figura, Alejandra es una luchadora. Descubrió su vocación por la medicina desde sexto grado, cuando en su colegio, el Campo David, comenzó a ver materias como química y física. “Desde primaria había visto biología y me gustaba mucho, pero cuando vi física y química me di cuenta de que eran las materias que me encantaban”, asegura esta joven de 22 años, que obtuvo en 2010 un alto puntaje en el examen del Icfes.

De su colegio tiene solo buenos recuerdos, como las citas para estudiar con sus compañeros de curso los sábados, cuando iniciaba jornada a las 8 de la mañana. Aunque el Liceo Campo David ofrece los sábados un programa para que los estudiantes puedan ir a sus instalaciones a tomar materias de formación integral como cocina, ritmo y rumba, hilos y dedales o etiqueta, Alejandra y sus compañeros pedían muchas veces que en esta jornada pudieran avanzar en matemáticas, física o química.

Por eso, además de su madre, quien siempre la ha animado, admira al rector de su colegio, Henry David Romero, y su esposa, Olga Cecilia Amaya.

Sus compañeros aseguran que no solo era la más estudiosa del curso sino también la más metódica. Ella se define a sí misma como una persona “muy ordenada, que planeo muy bien todo lo que quiero hacer”. De hecho, atribuye buena parte de su éxito académico a su disciplina para planear las cosas, pues desde el domingo tiene claro qué va a hacer cada día de la semana; cuánto tiempo va a dedicar en el día a lo que necesita hacer; cuántas horas va a dormir; cuánto a estudiar, a transportarse por la ciudad o a divertirse con sus amigos en el cine, yendo a comer o escuchando música.

Su llegada a la universidad no fue un tema fortuito. Desde que estaba en bachillerato tomó la costumbre de escribir a comienzos de año todas las metas que quería cumplir y, al final, repasaba cuántas había cumplido. Así lo hizo cuando en grado 11 su colegio programó una visita a una feria de universidades y, al final del día, decidió escribir en un papelito que quería estudiar en Los Andes.

Aunque partía de un principio de realidad, no renunciaba a su sueño. “Al comienzo, viendo las limitaciones económicas en mi casa, pensé que iba a ser muy difícil estudiar medicina en Los Andes, porque costaba $17 millones. Pensé en ese momento que no era opción para mí si quería ser realista, pero luego me preparé muy bien porque sabía que podía optar por una beca y ya otros estudiantes de mi colegio habían logrado esa misma beca. Por eso me preparé muy bien y cuando me dieron los resultados del Icfes no lo podía creer, salté de la felicidad y llamé a todo el mundo”, recuerda.

Tiene más sueños. Quiere hacer una especialización en neumología en el exterior y se prepara para aplicar a John Hopkins o al Massachusetts General Hospital. Y a juzgar por su disciplina y perseverancia, también podrá alcanzarlo.
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