| 6/9/2016 12:00:00 AM

EPM sintió un profundo impacto con las Niif

Para EPM la implementación de las Niif exigió ajustes en decenas de procesos internos. Ahora el análisis pasa por la forma en que se atenderán los covenants con los tenedores de bonos y el sistema financiero.

En 2005, cuando Empresas Públicas de Medellín (EPM) adelantaba un proceso de crédito con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), empezó a acercarse voluntariamente al esquema de Normas Internacionales de Información Financiera (Niif). A partir de ese momento se convirtió en el proyecto corporativo más grande de este poderoso grupo empresarial, uno de los líderes en el segmento de servicios públicos.

Desde ese momento inició el proceso de análisis y preparación y en 2009, tras una decisión de la junta directiva, EPM comenzó el proyecto para la implementación de las nuevas normas contables.

“Lo primero que entendimos es que no puede ser abordado como un proyecto financiero y contable, sino corporativo, porque toca todas las áreas y empresas de EPM”, dice Diana Rúa, vicepresidente de Finanzas Corporativas. Además, no aplicaba para una empresa individualmente, había que consolidar el grupo y tocaba todos los procesos de la organización y las empresas.

 Lea también: ¿Cómo se han adaptado las empresas Colombianas a las nuevas normas contables?

EPM conformó un equipo con personas protagonistas en distintos procesos y contrató a la consultora E&Y para esta tarea.

Aunque el equipo estaba adscrito a la vicepresidencia de finanzas, la estrategia tenía dos ‘patrocinadores’: la Vicepresidencia de Planeación y la de Gestión Humana, no solo por el impacto en los procesos sino también en lo relacionado con tecnología de la información. Trimestralmente se hacía seguimiento en el comité de gerencia y semestralmente en la junta directiva en pleno. En un momento, el equipo base tenía comprometidas 38 personas y en el consultor otras 60 personas. La inversión de EPM está relacionada con el valor de la consultoría que de finales de 2010 a 2015 se acercó a los $18.000 millones.

El impacto del ajuste en la organización fue gigantesco. “Cuando estábamos cerrando el proyecto se generaron 194 requerimientos de ajustes a los procesos. Eso significa que todos los procesos –comerciales, operativos, de soporte– fueron revisados para determinar el impacto en cada uno por la aplicación de las normas. Las Niif son muy exigentes desde el inicio y planeación y hay requerimientos que se deben atender desde cada uno de los procesos en la cadena de valor, no solo los financieros. También se generaron 38 procesos de ajustes a los sistemas de información. Por eso hablo de un proyecto corporativo, no solo financiero o contable.”, dice Carlos Tobón, gerente de contaduría.

Una de las principales tareas era homologar las cifras no solo de la operación en Colombia, sino también de las empresas que están fuera del país y hacen parte del Grupo.

“Fue un proceso de aprendizaje. Las empresas estaban en momentos y estadios distintos con respecto a la norma. Tuvimos que hacer diagnósticos para identificar las diferencias y en las cuentas donde el país lo había adoptado de una manera distinta, hacer la homologación y esto genera resistencia porque ya la filial estaba cumpliendo con la norma en el país y venía la exigencia del Grupo para homologar y ajustar las cosas”, agrega Rúa.

Uno de los casos más interesantes fue en México, donde las normas no se aplican en forma plena, sino que tiene diferencias. Eso implica a la filial tener un modelo contable propio en México y hacer una homologación para llevar ese sistema ‘Niif mexicano’ al pleno y poder reportar.

De otra parte, el grupo debe mantener aún en Colombia la información del Colgaap, no solo para efectos tributarios –la Dian tiene un plazo de 4 años para migrar las bases fiscales de Colgaap a Niif– sino también en materia tarifas y regulación para los sectores de servicios públicos en los que participa, dice Tobón.

 

Grandes ligas

La implementación de las Niif reflejó para EPM un ajuste en sus cuentas y trae unos retos gigantescos, no solo en la homologación de sus filiales. También en los megaproyectos que desarrolla y en los compromisos que adquirió para su financiación.

Por una parte, el cambio contable implicó un ajuste en algunas de las cuentas. En el balance de apertura –fecha de corte a diciembre de 2014– se reflejaron algunos cambios: el patrimonio de EPM matriz se disminuyó en 17% en Niif, eso en pesos era de $3,7 billones; el pasivo se incrementó 15%, eso es $1,3 billones; el activo total presentó una disminución de 8%, equivalente a $2,4 billones. Eso generó un mayor índice de endeudamiento y de 29% que traía, en Niif pasó a 36%.

“Disminuyeron los activos y aumentaron los pasivos, pero eso no quiere decir que la solidez financiera de EPM se haya deteriorado. El ejemplo es la temperatura: es la misma pero varía si es en centígrados o en Fahrenheit. Nos cambió la unidad de medida”, dice Rúa.

Por otro lado, EPM construye uno de los proyectos más grandes del país: la central hidroeléctrica de Ituango, con una inversión que supera los $11 billones. ¿Cómo llevarlo a las normas contables? “Tuvimos que analizar si era una concesión o un activo. Cuando estábamos negociando la ejecución, el BOMT, ya estábamos en el proyecto. Tuvimos mucho cuidado al redactar el contrato para que quedaran incorporadas las cláusulas de tal forma que, al llevar la obra a la contabilidad, fuera considerada como un activo, que hiciera parte de propiedad planta y equipo. Ituango es un activo muy grande y duplica casi nuestra capacidad en generación”, dice Rúa.

El riesgo que se corría es que fuera tratado como una concesión. “Se tendría que reconocer como un activo intangible, como un derecho, y en esta etapa de construcción no estaríamos frente a una construcción en curso, porque estábamos construyendo un activo de otro y reconociendo unos costos asociados y después esa cuenta por cobrar lo volveríamos un derecho de uso y un intangible. Actualmente se lleva en su totalidad al estado financiero como propiedad planta y equipo”, agrega Tobón.

Ahora, con el nuevo escenario contable, EPM tendrá que hacer ajustes, de cara a los compromisos que tiene con sus tenedores de bonos y el sistema financiero que ha apoyado su expansión.

 

“Tenemos unos compromisos o covenants para mantener la relación deuda / Ebitda en 3,5 veces. Los pasivos nos aumentaron, y si uno toma los pasivos así tal cual, el indicador se desequilibraría y tendríamos que haber negociado con los bancos un cambio diferente. Esa es una conversación en la que hemos estado pero todavía no ha concluido. Hasta ahora lo que hemos hecho es que los nuevos pasivos, los que se incrementaron –que básicamente es el impuesto diferido– se excluyen para el cálculo de los covenants, porque no es una deuda financiera y para el indicador solo cuenta la deuda financiera. Se ha aceptado esa posición, pero nosotros sí quisiéramos llegar a un mayor nivel de claridad y que sea un acuerdo formal”, añade la funcionaria.

 

El otro componente –el Ebitda, que es caja– no fue muy tocado por Niif. La capacidad que tiene una organización de generar caja es la misma y por eso la realidad financiera de la empresa no cambia.

 

Para EPM este fue un proceso exigente, duro y complejo, pero que tiene todo el sentido. “Nos ayudó a organizar muchas cosas y a tener un mismo lenguaje desde las cifras al interior y hacia afuera que sean comparables con los mercados internacionales. Y nos interesa estar en los mercados internacionales de capitales para financiar los proyectos que acometemos y esto fortalece este proceso y apalanca la estrategia de crecimiento cuando estamos activos. Posibilita mejores análisis y estandariza la información”, concluye Rúa.

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