Independiente del difícil panorama que se avizora para 2016, vale la pena recordar que el que no arriesga no gana.

| 1/21/2016 12:00:00 AM

¿En qué invertir en la actual turbulencia financiera?

En medio de una profunda turbulencia financiera –que no ha tocado fondo– y de las sacudidas de los mercados internacionales, 2016 será un año retador para quienes quieren hacer rendir su dinero. Dólar y acciones colombianas serían las opciones más rentables, pero requieren paciencia.

Si las cabañuelas tienen algo de razón y pueden predecir el futuro, las perspectivas para 2016 en materia de inversiones no son alentadoras. En los primeros 15 días de este año no solo se reforzaron las tendencias negativas que impactaron los mercados en 2015 (devaluación, caída en el precio del petróleo y de las acciones), sino que la mala racha es cada vez más generalizada y golpea a Wall Street y a bolsas de creciente influencia, como las de China.

Por primera vez en 12 años, la cotización del barril de crudo estuvo por debajo de US$30 y, según cálculos de Bloomberg, desde junio pasado hasta el cierre de esta edición los mercados de acciones en el mundo habían perdido más de US$20 billones, lo que equivale a 20% de su valor y, por supuesto, Colombia no es la excepción.

Este contexto hace que, de nuevo, los expertos recomienden cautela y apostarle al dólar, así sea para comprarlo en efectivo y guardarlo debajo del colchón. También mencionan las acciones colombianas que, por estar baratas –solo este año han perdido 4% en promedio–, implican una buena oportunidad para hacer ganancias de largo plazo. Eso sí, con el entendimiento de que es posible que bajen más y luego se recuperen. Lo que no está claro es el momento en que los precios tocarán fondo y volverán a subir.

Debido a que nadie tiene la capacidad de predecir el momento de la recuperación, el principal consejo de inversión de los 19 analistas consultados por esta revista consiste en diversificar y no meter el ahorro en una sola alternativa (ver recuadro Qué hacer con $10 millones). Igualmente, cada vez es más importante estar asesorado por especialistas que conocen el mercado. Aunque no tienen una bola de cristal para saber con exactitud dónde estarán las mayores ganancias, sí pueden ayudar a tener rendimientos modestos o al menos a no perder dinero.

Una buena alternativa para quienes no son inversionistas profesionales son los fondos de inversión colectiva, que ofrecen fiduciarias y comisionistas, y que permiten invertir en varios activos a la vez (grupos de acciones, mezcla de acciones y renta fija, sector inmobiliario y hasta en el exterior).

Así mismo, los fondos de pensiones voluntarias ofrecen alternativas colectivas que facilitan poner el dinero en activos, que de otra manera serían muy costosos de adquirir. Mientras a las alternativas colectivas se puede ingresar con $1 millón, para comprar individualmente, por ejemplo, acciones de una empresa, se exige de $10 millones en adelante, dado que las comisiones son elevadas.

Panorama Complicado

Más allá de lo que indiquen las cabañuelas, lo cierto es que hay consenso con respecto a que 2016 no será fácil para los inversionistas.

A la presión del petróleo y del dólar se suman unas finanzas públicas cada vez más enredadas. Se viene una nueva reforma tributaria, cuyos cambios aún se desconocen pero que cada vez genera más incertidumbre.

También es factible que Ecopetrol, la mayor empresa del país y cuya acción realmente logró masificar el mercado bursátil (con 480.000 accionistas), reduzca considerablemente sus dividendos o, inclusive, no los reparta, dada la difícil situación por la que atraviesa, con un panorama de bajos precios, una sobreoferta de crudo en el planeta, su actividad exploratoria limitada y y con un alto nivel de apalancamiento para financiar sus operaciones futuras. 

Esto sin contar la cada vez más débil posición externa del país, que está recibiendo menos divisas de las que requiere para cumplir con sus obligaciones. El déficit de cuenta corriente, que podría llegar a 7,8% del PIB, ya está en niveles históricamente altos,y eso no solo nos deja mal parados frente a países similares, sino que implica un argumento para que nos reduzcan la calificación de grado de inversión que con tanto esfuerzo recuperó el país.

En el campo interno las preocupaciones pasan inicialmente por la inflación, que cerró el año pasado en 6,77%, la más alta de los últimos 7 años. El impacto del Fenómeno del Niño –cuya intensidad se ha recrudecido en los últimos días– en la agricultura y en los servicios de energía eléctrica, así como el aumento del precio del dólar –que tocó techos superiores a los $3.300–, conducirán a un incremento de precios que tendrá en el primer semestre de este año –si el evento climático no se extiende y profundiza– su punto más alto. Está por verse cómo se moverá el Banco de la República y si continuará con el aumento en las tasas de interés para controlar la inflación.

En materia de energía eléctrica, si bien las térmicas están en operación y dan más soporte y confiabilidad, aún el estrés sobre el sistema y el riesgo de apagón se mantienen por dos razones: una, la negativa del gobierno venezolano de entregar a Colombia 40 millones de pies cúbicos de gas, combustible que no llegará para las térmicas y hace aún más costosa su operación; y dos, la suspensión que tuvo por varios días la operación de la hidroeléctrica El Quimbo, pues eso obligó a generar con otros recursos hídricos que pueden hacer falta más adelante.

De otra parte, la presentación de la reforma tributaria este año coincide con la agenda de la paz: la firma del acuerdo con las Farc –prevista para finales de marzo– y el plebiscito para su ratificación.

Si se da este año la aprobación de la reforma en el Congreso, sus recursos no llegarían con todos sus cambios implementados, pues en lo que corresponde a renta solo se verán el año entrante, mientras que los ajustes en IVA sí se reflejarían de inmediato. Precisamente, una de las preocupaciones con la reforma tributaria es el impacto en el consumo interno.

Las buenas noticias corren por cuenta de la infraestructura, donde los ojos estarán puestos en la administración de los recursos de la venta de Isagen, pero con preocupaciones por la situación de algunas de las empresas constructoras, la entrada plena en operación de la Refinería de Cartagena, los planes de vivienda y el crecimiento que pueda tener el sector industrial, en especial para aprovechar la tasa de cambio y fortalecer la estrategia exportadora. Sin embargo, hay que estar atentos a los aumentos en las tasas y al encarecimiento de los recursos para apalancar no solo las obras de infraestructura y vivienda sino el desarrollo empresarial en el país.

Independiente del difícil panorama que se avizora para 2016, vale la pena recordar que el que no arriesga no gana y que, con buena asesoría, es posible capotear la tormenta y obtener utilidades, o al menos, no perder plata.

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