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Juan Manuel Santos El Presidente empieza a enfrentar su último año de gobierno con la premura de firmar un acuerdo de paz y de tramitar reformas como la de la Salud y la pensional.

| 7/25/2013 6:00:00 AM

El último año

El presidente Santos entra a la recta final de su mandato en medio de un complejo clima electoral, con un proceso de paz incierto y una catarata de tareas por cumplir. Las apuestas son gigantescas y la reelección su peor enemigo.

El próximo 7 de agosto, cuando se conmemoran 194 años de la Batalla de Boyacá, Juan Manuel Santos entrará en la recta final de su mandato y emprenderá el camino hacia la fase decisiva de la reelección. El balance de los tres años anteriores será importante para los votantes, pero la decisión dependerá realmente de los resultados que logre durante los próximos 12 meses. ¿Cómo va a manejar el Gobierno las tareas pendientes? ¿Podrá mostrar ejecutorias en los frentes donde su gestión ha sido deficiente? ¿Cuál será el efecto de la campaña reeleccionista sobre las prioridades de la política pública?

El clima de opinión será más importante que nunca para Santos. Sus cifras en las encuestas no son sólidas. Los índices de favorabilidad del Presidente no superan el 50%, cifra baja en comparación con el nivel de 72% que tenía Álvaro Uribe un año antes de terminar su primer mandato, pero que podría ser aceptable en un contexto internacional, si se considera que Barack Obama logró la reelección en Estados Unidos con una popularidad de 47%. En cualquier caso, el camino será cuesta arriba. 62% de los colombianos está en desacuerdo con una eventual reelección de Santos, según la más reciente encuesta de Datexco, publicada por El Tiempo en junio pasado. Persiste el pesimismo sobre el futuro –más de 50% no ve con buenos ojos lo que está haciendo el Presidente– y es evidente la difícil situación de ciertos sectores económicos, sociales y políticos.

En materia económica el Gobierno tiene, sin duda, logros para mostrar. Colombia se destaca hoy por tener una situación equilibrada, unas finanzas públicas sólidas, inflación bajo control, desempleo en descenso y un margen de maniobra amplio para aplicar políticas contracíclicas que mitiguen los efectos del bajo dinamismo de la economía global. Sin embargo, esos resultados macroeconómicos no generan aplausos de la galería. Por el contrario, los errores y omisiones del Gobierno son los que levantan ampolla y concentran la atención. Aunque el Gobierno insiste en que el crecimiento de este año será cercano a 4,6%, observadores independientes, como Leonardo Villar, director de Fedesarrollo, estiman que el resultado será significativamente más bajo, por los lados de 3,8%.

Hay un amplio número de grupos de interés que se sienten golpeados por la situación y no ven que los beneficios del cuadro macro les toquen a ellos. La difícil situación de la industria, sumada al malestar en el campo, han creado un ambiente de zozobra. La baja ejecución en infraestructura genera escepticismo ante las promesas de alcanzar en este último tramo lo que no se logró en los tres años anteriores.

En este contexto, el proceso de paz se convierte en el tema central, el que genera reacciones extremas y apasionadas y donde se afianza la polarización. Muchos colombianos aún no están convencidos de que la paz con las Farc sea posible. Incluso si se da el acuerdo, la ciudadanía aún tendría un largo camino por recorrer antes de hacerse a la idea de ver a los exguerrilleros de las Farc caminando tranquilamente por la calle, comiendo en los restaurantes y haciendo política en la plaza pública.

Esas consecuencias inevitables de la paz estarán en primerísimo lugar en la mente de los colombianos a medida que se acercan las fechas claves de la elección presidencial de 2014. Como dijo a Dinero el analista Álvaro Forero Tascón, “el gran objetivo que tiene por delante el Presidente para ponerle punto final al conflicto no es convencer a la guerrilla: es convencer al país, porque ese tipo de reformas deben ser refrendados por el pueblo”. Los desórdenes en el Catatumbo y el paro nacional del 19 de agosto, que cada día suma más participantes (cafeteros, mineros, camioneros y otros) ilustran hasta qué punto será difícil el manejo político en un país donde múltiples grupos sienten que pueden alcanzar reivindicaciones a través de la protesta y las vías de hecho, al tiempo que las Farc pescan en río revuelto para apalancarse en el descontento y extender su influencia.

Por todo lo anterior, las acciones del Gobierno en los próximos 12 meses serán decisivas para su objetivo de vencer el escepticismo y lograr que los indecisos se sumen a su causa y no se vayan a las toldas de la oposición.

Temas críticos para 12 meses

Juan Manuel Santos es consciente de que solo podrá acrecentar su caudal electoral si sabe ponerles el pecho a los temas más sensibles, en especial a los que tocan de cerca a los ciudadanos de a pie. Dinero consultó a un grupo de analistas políticos, economistas, empresarios y líderes sectoriales sobre su visión respecto a estas prioridades. El consenso de estas opiniones identifica seis temas en los cuales es apremiante mostrar resultados: el proceso de paz, la inversión en infraestructura, la reforma a la salud, la reforma pensional, la política social y el panorama económico general.

El primer gran tema es la paz. El Presidente ha sido enfático al afirmar que se la juega toda por su proceso de paz. Como es natural, este propósito está cargado de incertidumbre. No será fácil lograr que el proceso culmine y se despejen las dudas antes de las elecciones presidenciales. Este estado de cosas marcará la tónica de la campaña electoral. “En primer lugar, se está tropezando con la oposición del expresidente Uribe y su larga cauda, que le apostarán a la derrota de Santos y de este proceso de paz a cualquier costo”, afirma Socorro Ramírez, doctora en ciencia política de la Sorbona de París. “Por otro lado, los diálogos se encontrarán con la convergencia entre protesta social y negociaciones con las guerrillas, que ponen contra la pared al Gobierno. En este difícil contexto, los diálogos de paz podrían no culminar en 2013, como sería lo adecuado”, agrega.

Un segundo tema es la reforma de la salud. El Gobierno decidió lanzarse en una controvertida y compleja reforma de amplio alcance, que afectará a todos los colombianos. Es quizás el frente donde las ejecutorias del Gobierno reciben la peor evaluación en las encuestas. La reforma a la salud no tiene marcha atrás. Aprobada la ley estatutaria el pasado 20 de junio, el Gobierno tiene que adelantar ahora los debates de la ley ordinaria y llevarla a feliz término.

Si bien los propósitos de la reforma a la salud son loables (garantizar la salud como un derecho fundamental, optimizar el mercado de los medicamentos y los insumos, reorganizar los roles de los prestadores del servicio), la fórmula escogida enfrenta un amplio espectro de enemigos. Desde los analistas de Fedesarrollo hasta los políticos con intereses en las EPS se oponen a la ley, por diferentes razones. Los debates sobre la ley ordinaria, que se adelantarán en un entorno donde la prioridad de los congresistas será su propia reelección, lucen muy difíciles.

La legendaria capacidad de este gobierno para pasar cualquier ley será puesta a prueba en la más difícil coyuntura imaginable. El soporte político del Gobierno en el Congreso pasará su momento de mayor tensión. Los grandes consentidos de la Unidad Nacional –el partido conservador y el partido de la U– tienen sobre su cuello una espada de Damocles, pues el objetivo inmediato del Centro Democrático liderado por Álvaro Uribe es arrebatarles sus curules en las próximas elecciones. Algunos observadores estiman que esos dos partidos podrían perder cerca de la mitad de sus puestos en el Congreso por cuenta de la ofensiva del Centro Democrático. Será difícil lograr que los conservadores y la U se la jueguen en forma decidida por una reforma que pocos entienden y que toca tantos intereses políticos.

El tercer tema sería la reforma pensional. Para el Gobierno sería un fracaso haber pasado por cuatro años de administración sin siquiera plantear esta reforma. Resulta inconcebible que, en pleno siglo XXI, Colombia siga cargando a cuestas el lastre de no tener una cobertura suficiente en pensiones. Se estima que en los próximos años solo 10% de los trabajadores actuales podrá tener una pensión al final de sus vidas laborales. Es una bomba de tiempo de enormes dimensiones, que desatará en el largo plazo una explosión de orden fiscal y social si no se le pone remedio.

Sin embargo, sería toda una aventura plantear el tema en medio de esta coyuntura electoral. “Yo creo que estructurar una reforma pensional que tenga implicaciones verdaderas sobre la cobertura, y un impacto de largo plazo, acarrea un costo político que no es saludable asumir durante el próximo año. En ese sentido, si van a plantear una cosa que no sea sostenible, lo mejor sería dejar su trámite en manos del gobierno entrante”, anota el director de Fedesarrollo, Leonardo Villar.

Otros opinan que la reforma podría ser extraordinariamente útil para Santos en la época electoral. “Esta iniciativa no solo tiene gran impacto, sino que le llega a la gente. Sobre todo a aquellos que votan, porque los estratos 1 y 2 son muy clientelizados y normalmente no están en la economía formal”, afirma Álvaro Forero Tascón. “En cambio, el voto de opinión sí está en la economía formal, que a la larga es la que se afecta por el tema de pensiones”.

Estos dos temas, salud y pensiones, obligarán al Gobierno a caminar sobre el filo de la navaja. Por una parte, las reformas tendrían un importante efecto sobre todos los ciudadanos y, si fueran percibidas favorablemente, podrían inclinar la balanza hacia el presidente Santos. Por otra, ambas reformas son extraordinariamente complejas y tocan múltiples intereses. Son dos temas que contribuyen a la polarización, en un ambiente que ya está cargado hacia los extremos, y abren la puerta para compromisos fiscales que serán muy difíciles de limitar.

Vías, casas y pesos

Dado lo anterior, será vital para el Gobierno lograr ejecutorias que sean altamente visibles para la gente. En primer lugar están las obras de infraestructura y, particularmente, las carreteras. Para estos temas relacionados con el desarrollo y la competitividad, el presupuesto de la Nación este año es de $ 42,9 billones, de los cuales a hoy solo se han invertido $ 9,9 billones, una ejecución real de 23,3%. Este resultado de ejecución hasta ahora es preocupante, en particular porque afecta el futuro de las obras de infraestructura, en especial carreteras y vías secundarias. Poner en operación esas vías es esencial, no solo para mantener el estímulo a la economía, sino también para lograr los votos en las regiones.

Juan Manuel Santos sabe que su gobierno debe meter el acelerador a fondo al asunto. Para comienzos de 2014, en cabeza del Ministerio de Transporte se realizará un desembolso de $3,6 billones para contratar 19 corredores arteriales de poco más de 3.000 kilómetros, a lo largo y ancho del país. Sin embargo, todavía falta tiempo para que comiencen a verse las primeras retroexcavadoras en las obras que licitó el Gobierno por $44 billones hace poco, para construir 8.100 kilómetros de carreteras de cuarta generación.

Entregar las carreteras que están cerca de ser terminadas, e iniciar los proyectos licitados antes de las elecciones, son dos temas fundamentales para cambiar la imagen de baja capacidad de ejecución que tiene este gobierno. La agenda del último año, sin embargo, no se limitará al tema vial. También deberá continuar la entrega de las 100.000 viviendas gratuitas durante el primer trimestre de 2014 y se debería avanzar en la estructuración de una segunda etapa para capitalizar los réditos que, sin duda, ha dejado esta política social.

Un último factor que actuaría a favor del Gobierno podría venir por el lado de una recuperación de la industria. De acuerdo con Fedesarrollo, a partir del segundo semestre habrá una importante reactivación, luego de la fuerte desaceleración que hubo el año pasado. “Esa recuperación redundará en el crecimiento de la industria, que en 2012 se comportó mal. Por otra parte, ya se está reflejando en la demanda de los consumidores, cuyo comportamiento mejoró en los últimos días. Además, hay tranquilidad en el frente cambiario pues la apreciación que venía dándose parece que se detendrá durante el próximo año”, remata Villar.

Los resultados de la industria ayudarían al Gobierno a mostrar una cara positiva, aunque subsistan frentes de incertidumbre como los precios de los commodities.

Ante la perspectiva de una reelección, Santos sigue con la ventaja de la ausencia de un candidato opositor que pueda enfrentársele en las presidenciales. Sin embargo, esa ventaja no sería invulnerable a una racha de malas noticias. Las apuestas de la paz y las reformas son tan inciertas, que los resultados podrían volverse en contra del proyecto reeleccionista. Para mantener un momentum de fuerzas que lo lleve de nuevo a la presidencia, Santos tendrá que mostrar resultados, todas las semanas, desde ahora hasta el día de las elecciones presidenciales de 2014.

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