| 7/24/2013 6:00:00 PM

¿El último año o el primero de cinco?

A diferencia de presidentes anteriores Santos en su último año no se encuentra apurado para terminar sus obras de gobierno sino en una carrera contrarreloj para justificar la negociación con las Farc.

Por: Gustavo Duncan, profesor de la Universidad de los Andes.

A diferencia de presidentes anteriores Santos en su último año no se encuentra apurado para terminar sus obras de gobierno sino en una carrera contrarreloj para justificar la negociación con las Farc. Su reelección no depende tanto de lo que puedan hacer sus competidores como de los resultados que pueda mostrar del proceso de paz. Lo demás que haga, sean autopistas, colegios y las mentadas locomotoras, es marginal para definir la elección.

Tiene que ser así porque la próxima contienda presidencial tiene mucho de un plebiscito sobre los diálogos de paz con las Farc. Los colombianos van a votar a favor o en contra de Santos para respaldar o rechazar lo que se haya acordado en La Habana. Eso si es que para la fecha de las elecciones existe algo acordado. En caso de que no lo más probable es que la reelección esté en duda porque al día de hoy la gran apuesta de su gobierno es el proceso de paz y la sociedad no pareciera estar dispuesta a extender el plazo inicialmente acordado.

Aunque en apariencias los apremios de Santos podrían parecer una ventaja para las Farc, dentro de la lógica que el gobierno está obligado a hacer concesiones para mostrar que la negociación avanza, en la práctica su situación no es fácil. En primer lugar si al gobierno se la va la mano en concesiones la opinión lo va a castigar en las urnas. Por consiguiente no habría reelección y el proceso estaría en manos de ser refrendado con un gobierno hostil a las Farc.

En segundo lugar, si las Farc pretenden alargar las negociaciones de seguro se van a quedar sin proceso. Es muy complicado para Santos ganar la reelección si no cumple su promesa de firmar la paz este año. Sin Santos el proceso simplemente no va. El nuevo presidente en el mejor de los casos reconsideraría todo lo firmado, para eso lo eligieron.

No todo son malas noticias para la paz. Una lectura plausible de la situación es que ahora para las Farc y para el gobierno es un apremio firmar la paz, así que existen enromes posibilidades que en diciembre los colombianos estemos ante un acuerdo definitivo o al menos ante un punto de no retorno de la guerrilla.

La mala noticia es que la paz con las Farc no es el fin del conflicto. Mafiosos y señores de la guerra continuaran inundando el paisaje social colombiano. De hecho, muchos mandos medios y combatientes rurales que las guerrillas enseñaron como dominar comunidades rurales a punta de criminalidad harán parte del entramado de Bacrines.

Pero será otra guerra. Más para la policía que para las fuerzas armadas, contra organizaciones con aspiraciones de transformación social y política en las regiones, no en el ámbito nacional.
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