Revista Dinero

| 3/6/2013 10:00:00 AM

El tsunami económico

No solo en Venezuela la muerte de Chávez tendrá fuertes consecuencias económicas. Colombia y varios países de la región sentirán la desaparición del máximo líder de la petrodiplomacia en el continente.

Aunque el desenlace fatal se anticipaba desde hace un año a raíz del agresivo cáncer que le aquejaba, la muerte del presidente Chávez –confirmada en la tarde del martes 5 de marzo– cayó como una bomba en todo el pueblo venezolano: entre los seguidores, que salieron a las calles a llorar a su líder, y entre los opositores, que prefirieron replegarse a la espera de que se aclare el panorama. Un país dividido en lo político y convulsionado en lo económico ocupó las primeras planas de la prensa mundial, que registraba con cierta angustia la desaparición del más carismático líder de la izquierda latinoamericana de las últimas décadas. Sin embargo, las consecuencias de la ausencia del controvertido Hugo Chávez en lo político y en lo económico apenas están por verse, aunque se anticipan tiempos difíciles.

La primera reacción tras el anuncio fue de atontamiento general, al que le siguió la incertidumbre por posibles reacciones violentas debido a la fuerte polarización que vive Venezuela. El caos telefónico fue total y, mientras algunos ciudadanos acudieron a los centros de abastecimiento para comprar provisiones previendo desórdenes, otros se reunían a llorar a su líder.

Horas después de conocerse la noticia, millones de venezolanos permanecían a la espera de nuevas decisiones en materia política, porque aún no tenían claro el proceso a seguir para reemplazar al fallecido mandatario, pese a estar contemplado explícitamente en la Constitución venezolana.

Las conjeturas de los expertos constitucionalistas no han cesado desde entonces. Se anticipan luchas internas de poder en el oficialismo que acompañó a Chávez durante sus 14 años en el poder, así como un duro enfrentamiento político con la oposición. Tampoco se descartan confrontaciones sociales tras la ausencia del caudillo, que por años se identificó como el paladín de los pobres y agudizó la lucha de clases que hoy tiene polarizado al país.

Hacia la media noche del martes, Elías Jaua, el flamante canciller venezolano, anunció oficialmente la falta absoluta del mandatario –que da inicio a un proceso para convocar nuevas elecciones antes de 30 días– y que el actual vicepresidente, Nicolás Maduro, ejercerá el poder. Sin embargo, la propia Constitución contempla que si esta ausencia se da en los dos primeros años de gobierno, el cargo lo tendrá que ejercer el presidente de la Asamblea Nacional, en este caso, el exmilitar Diosdado Cabello. Una alocución de Cabello en la noche del martes, lamentando la muerte de su comandante, no disipó las dudas y, por el contrario, encendió los rumores de su intención de mantenerse en el primer cargo del Estado.

Pero más allá de las angustias políticas sobre el futuro de Venezuela, la incertidumbre que se avizora en el plano económico y social es inédita y podría prolongarse por un par de años.

En lo económico, el escenario no podría ser más caótico. Tras 14 años de un gobierno que cambió el modelo económico de Venezuela y puso al Estado como eje central del crecimiento –achicando al sector privado–, hoy no hay plata suficiente y el gobierno está corto de presupuesto.

El exdirector de Proexport en Caracas, Alberto Schlessinger, afirma incluso que, dada la herencia económica de Chávez, no es claro que la oposición quiera ganar las elecciones debido al desafío que implica una economía descuadernada. De hecho, anticipa que quien suceda a Chávez –todo apunta a Nicolás Maduro–, padecerá los rigores de lidiar con graves problemas económicos y reformas urgentes como aumentos del IVA, la gasolina, los precios de la energía e, inclusive, una nueva devaluación del bolívar.

El desabastecimiento de productos básicos de la canasta familiar como consecuencia del asfixiante control cambiario, las elevadas tasas de inflación y una abultada deuda pública que amenaza la estabilidad de las finanzas estatales son el caldo de cultivo que podría desencadenar fuertes protestas sociales.

Las cuantiosas erogaciones de gasto público para conservar aceitada la maquinaria electoral, generar sensación de bienestar, mantenerse en el poder, y hasta apoyar gobiernos amigos, han provocado un déficit fiscal que la mayoría de economistas calculan en 18% del Producto Interno Bruto. Pero podría ser mayor porque no existen cifras no oficiales. El Fondo Monetario Internacional dijo que desde hace 87 meses Venezuela no reporta ninguno de sus datos. El abultado déficit fiscal obligó al gobierno encargado, en cabeza de Nicolás Maduro, a decretar el pasado 13 de febrero una medida impensable: devaluar la moneda en 46,5%. Esta devaluación ha generado malestar entre empresarios y ciudadanos del común, que temen por una escalada alcista en los precios, en un país que no ha logrado bajar la inflación de los dos dígitos y que el año pasado alcanzó 21%. Para este año, expertos como el exministro de Planificación, Teodoro Petkoff, anticipan que la inflación podría llegar a 40%.

El economista y consultor venezolano Orlando Ochoa asegura que el problema más serio en este momento es el régimen cambiario. El gabinete económico había anunciado hace unos días medidas de flexibilización para el 8 de marzo, pero tras la muerte del mandatario siguen pendientes.

Estas decisiones buscan reducir el descontento social desatado por el criticado ‘paquetazo rojo’ –como lo llama la oposición–, que empobreció a los venezolanos luego de que el 18 de febrero entrara en vigencia el nuevo cambio oficial de 6,30 bolívares por dólar, frente al de 4,30 que estaba vigente. Pero además del aumento en el precio de las divisas, el gobierno cambió el sistema para otorgarlas, lo que ha provocado confusión y tiene paralizada la economía en momentos en que el índice de desabastecimiento, medido por el Banco Central de Venezuela, alcanza 20,4%, cuando la cifra razonable debería estar por debajo de 5%.

El ministro de Planificación, Jorge Giordani, se ha opuesto a cualquier tipo de flexibilización y, antes bien, insiste en un esquema más rígido, lo que ha provocado enfrentamientos al interior del equipo económico. Giordani podría perder la batalla en momentos en que el gobierno tendrá que congraciarse con los ciudadanos inconformes y que el dólar negro llega ya a los 25 bolívares, anticipando una nueva devaluación. Y no solo en Venezuela la muerte de Chávez tendrá fuertes consecuencias económicas. Las reacciones a su fallecimiento se sintieron casi inmediatamente en el mercado mundial de bonos. De acuerdo con Bloomberg, los Credit Default Swaps (CDS) –que sirven para medir el riesgo de impago de la deuda venezolana a cinco años– subieron 4 puntos básicos tras conocerse el deceso del presidente Chávez.

Los mercados ya temían este desenlace y, por eso, desde hacía meses venían reaccionando. Prueba de ello es que los papeles venezolanos rindieron 25% el año pasado, más del doble que el promedio de los bonos gubernamentales emergentes, ante la expectativa de que un cambio de gobierno pudiera reversar las medidas en contra de la inversión privada y extranjera.

La Bolsa de Valores Venezolana ha sido incluso una de las de mayor valorización en el mundo en los últimos cinco meses. Si bien la fuerte devaluación del bolívar en semanas recientes les restó rentabilidad a estos activos, muchos inversionistas le apuestan a una transformación hacia una economía más de mercado.

Un escenario incierto
También en la política binacional la muerte del presidente Chávez tendrá consecuencias. Para el presidente de la junta directiva de la Cámara Colombo-Venezolana, Carlos Hugo Escobar, en el escenario político podrían tomarse entre 3 y 6 meses para definir el nombre del nuevo mandatario. Esto implica que durante ese mismo periodo continuarán las condiciones de comercio administrado que han frenado los negocios colombianos con el país vecino.

José Félix Lafaurie, presidente de Fedegán, no se atreve a hacer recomendaciones sobre si es mejor poner en pausa cualquier negocio pendiente con Venezuela, cancelarlo o seguir adelante. “La incertidumbre es la palabra clave. Si se sigue con el comercio controlado, debemos ajustarnos y el principal riesgo es el contrabando, pues allá el ganado es más barato que acá. Nuestra ilusión es que ese modelo de comercio cambie, pero por ahora es difícil predecir”. Sin embargo, hay quienes le tienen fe a ese mercado. Para el empresario de marroquinería Mario Hernández, “Venezuela con o sin Chávez es un país superconsumidor. Si bien ahora vendrán revueltas y problemas, después tendrán que encontrar una solución y volverá la calma”. Esta reflexión lleva al empresario a no cambiar sus planes en el vecino país, en donde tiene 15 locales. Por ahora, la única medida que ha tomado es cerrar sus tiendas, mientras espera a ver qué pasa.

Pero no solo se podrían afectar los negocios de exportación. En el plano de la inversión, el cambio político en Venezuela ha desatado especulaciones sobre la diáspora venezolana que trajo a Colombia a cientos de ciudadanos del vecino país en busca de refugio frente a las políticas anticapitalistas de Chávez.

Alberto Federico Ravel, director de Cablenoticias y representante del grupo de venezolanos que compró el canal, cree que la llegada de sus compatriotas a Colombia no va a terminar con la muerte de Chávez. Por el contrario, asegura que es factible que sigan llegando más de sus compatriotas debido a la gran incertidumbre respecto a cómo se desarrollará el chavismo sin Chávez en los próximos años. “Vamos a seguir invirtiendo porque acá nos reciben con los brazos abiertos y, a pesar de los problemas que pueda tener Colombia, hay libertad y democracia y eso es lo importante para hacer negocios”.

Quiénes pierden
En el vecindario, la muerte de Chávez también tendrá repercusiones. Particularmente entre sus aliados, que sentirán el rigor de la ausencia del líder, más ahora que el agotamiento de las finanzas públicas venezolanas resulta inminente y podría derivar en recortes a las millonarias ayudas que les otorgó durante la última década. El legislador de la oposición, Julio Borge, asegura que el gobierno de Chávez entregó US$82.000 millones en subvenciones y subsidió a más de 40 países entre 2005 y 2011, siendo Cuba, de lejos, el principal beneficiario con US$28.500 millones, seguida por Nicaragua con US$9.700 millones y Argentina con US$9.200 millones.

Por eso, nadie duda de que estos serán los países más afectados con la transición política en Venezuela. Analistas como Adam Isacson, del grupo de investigación Washington Office on Latin America, estiman que eliminar esta asistencia podría arrastrar a Cuba y Nicaragua a recesiones profundas.

Para Cuba sería catastrófico. Los regalos en efectivo y el petróleo venezolano a bajo precio para la isla socialista ascenderían a cerca de US$5.000 millones anuales, una cantidad que representaba aproximadamente 15% de la economía cubana durante 2008, el último año en que la isla caribeña publicó cifras.

Sin la ayuda, Cuba podría registrar un severo racionamiento de alimentos y sufriría extensos cortes de electricidad, como los registrados hace dos décadas durante el llamado “Período Especial” cuando terminó el patrocinio de la Unión Soviética. Desde 2000, Cuba recibe unos 100.000 barriles diarios de petróleo de Venezuela, a cambio de los servicios de educación y salud que prestan cerca de 45.000 cubanos en las ‘Misiones’ que creó Chávez.

Por su parte, Nicaragua obtiene la mayor proporción de petróleo, subsidiado de Venezuela como parte de transferencias anuales del gobierno de Chávez que se calculan en US$600 millones. Esto le permite al presidente Daniel Ortega subsidiar las facturas de electricidad y el transporte a sus ciudadanos y, además, le ha ayudado a crear una suerte de presupuesto paralelo, dijo José Luis Medal, economista de la Universidad Americana de Nicaragua.

Otros 17 países caribeños que compran alrededor de 185.000 barriles diarios de petróleo a Petrocaribe, la compañía creada por Chávez para vender en condiciones especiales el crudo, podrían resultar afectados con el cambio.

China sería otro de los grandes afectados por la vía de un posible incumplimiento en los acuerdos pactados con el gobierno de Chávez, sobre los cuales no hay total claridad ante la opinión pública. ?De acuerdo con el portal venezolano Analítica, los acuerdos con China involucrarían el despacho de más de 600.000 barriles diarios de petróleo, proyectos de energía y construcción, así como acuerdos de cooperación para la exploración de valiosos minerales. Esta provisión está pactada en contraprestación a los US$38.000 millones que el gobierno chino le prestó a Venezuela durante los últimos años, recursos que al parecer se habrían usado para financiar las campañas electorales y los gastos del Estado.

Tampoco es clara la suerte que correrán organismos internacionales creados por Chávez como la Alianza Bolivariana de los Pueblos de Nuestra América (Alba); los apoyados económica y políticamente, como Unasur, o los creados para subsidiar o cooperar en materia energética con sus vecinos latinoamericanos, como Petroandina, Petrosur y Petrocaribe.

Sin duda, la muerte de Hugo Chávez representa un movimiento telúrico continental cuyas ondas sísmicas se sentirán en todos los países de la región. Desaparece no sólo el hombre más influyente de la política latinoamericana en los últimos 20 años, sino el gran experto en hacer diplomacia con petrodólares. América Latina entera está pendiente de la transición en Venezuela, de cuyo éxito depende no solo el destino del hermano país, sino de la región entera.
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