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Después de desempeñarse como embajador ante la OMC, Hernando José Gómez recibió la propuesta del Gobierno para liderar la negociación.

| 8/21/2013 6:00:00 PM

El TLC con Estados Unidos

Cerca de dos años tomó la negociación del Tratado Comercial con Estados Unidos y su puesta en vigencia demoró seis años más. El acuerdo todavía genera inquietud.

Muchos astros tuvieron que alinearse por una década antes de que el 15 de mayo de 2012 entrara en vigencia el Tratado de Libre Comercio de Colombia con Estados Unidos. La idea de negociar un acuerdo con el principal socio comercial colombiano comenzó a tomar forma a finales del gobierno de Andrés Pastrana, cuando Luis Alberto Moreno, entonces embajador en Washington, sondeó durante una de las tertulias a su colega de la embajada en la Organización Mundial del Comercio, Hernando José Gómez.

La conversación, a comienzos de 2002, giró en torno a los avances que estaban dando países vecinos como Perú, Chile y otros centroamericanos en su relación comercial con Estados Unidos y lo preocupante que podría resultar para Colombia quedar rezagado en esta carrera por el libre comercio. El fracaso de la iniciativa del Área de Libre Comercio de las Américas (Alca) había impuesto una nueva dinámica en las relaciones bilaterales y Colombia no podía quedarse atrás.

Esta idea fue evolucionando con la llegada al poder del presidente Álvaro Uribe, quien ratificó en la embajada en Washington a Moreno. En agosto de 2003, Uribe se reunió con el representante comercial Robert Zoellick, para confirmarle el interés de iniciar la negociación. Desde el primer momento, Zoellick insistió en que el proceso debía ser conjunto con Perú y Ecuador, pues su gobierno temía que las presiones en el tema antidrogas definieran la agenda comercial.

Hernando José Gómez recuerda que en diciembre de ese año, cuando regresaba de desempeñarse como embajador ante la OMC, recibió la propuesta del ministro Jorge Humberto Botero para liderar la negociación. En enero comenzó una carrera frenética para preparar el grupo de negociadores y, al mismo tiempo, identificar los intereses del sector privado en reuniones con presidentes de grupos empresariales y dirigentes gremiales. “Esta fue una práctica permanente durante toda la negociación, pues yo tenía un mapa de actores con quienes consultaba de manera permanente”, explica Gómez.

Esto, sin embargo, no evitó la presión permanente de algunos sectores como el agropecuario y el farmacéutico, que debatían en medios de comunicación sus preocupaciones por el impacto sobre sus negocios.

La primera ronda, el 18 de mayo de 2004 en Cartagena, mostró que el proceso sería desafiante y complejo. Así, de las ocho rondas proyectadas inicialmente se pasó a más de 15, algunas con momentos complejos en 2005 –según recuerda el jefe negociador– como la renuncia en pleno del equipo colombiano que negociaba el tema de salud; el golpe de Estado en Ecuador –en abril– y el anuncio del equipo peruano del cierre de su acuerdo en diciembre de ese año.

La negociación con Colombia concluyó en la madrugada del 27 de febrero de 2006 pero fue hasta el 22 de noviembre de ese año que los presidentes Álvaro Uribe y George W. Bush firmaron oficialmente el tratado. Ahí empezó un largo y tortuoso proceso de negociaciones del gobierno y el Congreso de Estados Unidos por la puesta en vigencia, que exigió nuevos compromisos a Colombia en temas de derechos humanos y sindicales.

La puesta en vigencia tardó seis años y vio la luz el 15 de mayo de 2012. La decisión fue apurada luego de que en junio de 2011 entrara en vigencia el tratado con Canadá, que había logrado desplazar buena parte del comercio de materias primas agropecuarias que antes tenía Estados Unidos. Para Gómez, este fue el punto de quiebre para la entrada en vigencia del acuerdo, pues el gobierno de Estados Unidos enfrentó fuertes presiones de sus empresarios que veían cómo perdían sus negocios.

La estrategia colombiana, de iniciar en 2006 la negociación de otros acuerdos comerciales con Canadá, la Unión Europea y los países Efta, entre otros, surtió efecto para poner en marcha el TLC con su principal socio comercial. Sin embargo, todavía muchos empresarios reclaman por los resultados de esta estrategia.

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