Dinero.com Revista Dinero

En el segundo tiempo de su mandato, Juan Manuel Santos se la juega por la negociación de la paz. Es su apuesta más ambiciosa y, con ella, marca distancia con el expresidente Álvaro Uribe.

| 9/13/2012 6:00:00 AM

El precio de la paz

Aunque la mitad de los empresarios cree en un acuerdo de paz, la gran mayoría no está dispuesta a pagar por ella. Encuesta de Dinero y Gallup.

El Gobierno viene preparándose desde hace meses para el proceso de paz, pero el sector privado apenas empieza a entender cuáles son las implicaciones y cuál va a ser la parte de la tarea que le corresponde. Todos queremos la paz, pero, ¿qué tanto estamos dispuestos a hacer para lograrla?

Invamer Gallup realizó para Dinero una encuesta entre grandes empresarios colombianos para indagar sobre su actitud respecto al proceso de paz y su disposición a asumir los costos que esta implica. Los resultados muestran que no es un tema fácil para ellos. La gran mayoría, cuatro de cada cinco empresarios, está de acuerdo con la iniciativa del proceso de paz iniciado por el presidente Santos. Sin embargo, solo un poco más de la mitad cree que el proceso llegará a un acuerdo definitivo que implique el fin del conflicto.

Respecto a lo que los propios empresarios están dispuestos a hacer para contribuir a la paz, la encuesta muestra que dos terceras partes de los encuestados no están de acuerdo con pagar más impuestos para financiar las obligaciones derivadas de un eventual acuerdo. Solamente 40% de los empresarios estaría dispuesto a contratar exguerrilleros en sus empresas.

Sin duda, la paz traería grandes beneficios económicos a Colombia. El ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas, cree que si Colombia lograra la paz crecería entre uno y dos puntos porcentuales más cada año. Entre los empresarios consultados por Invamer Gallup, 68% piensa que sus empresas venderían más y 79% cree que invertiría más si no hubiera conflicto armado.

Sin embargo, la paz también tiene unos costos económicos y financieros que no son despreciables. Si de verdad queremos los beneficios, tenemos que ir pensando en cuáles serán los costos y cómo debemos prepararnos para asumirlos.

Los costos de la guerra

La guerra, sin duda, tiene un costo exorbitante para Colombia. La inversión anual en materia de seguridad en el país es de $23 billones; es decir, 3,5% del PIB o 14% del presupuesto nacional. Según Diana Quintero, viceministra de Defensa, tan solo en combustibles el gasto anual se ubica entre $300.000 y $400.000 millones. Los salarios de los soldados representan $9,3 billones al año. Cerca de 6% de la inversión en seguridad está directamente asociada al objetivo de combatir la guerrilla.

A estos costos hay que sumar las millonarias pérdidas que dejan los atentados terroristas a la infraestructura vial, eléctrica, minera y petrolera. Cálculos extraoficiales señalan que dichas acciones costarían al año más de $60.000 millones. También habría que sumar cosas como los gastos de las empresas privadas en seguridad y las inversiones que dejan de hacerse cada año por cuenta del hecho de que estemos en guerra.

Si bien es tentador creer que el fin del conflicto implicaría que el país podría ahorrarse un buen porcentaje del gasto público en defensa, esto no podría ocurrir por lo menos en 20 años. La experiencia internacional muestra que una reducción drástica del gasto público en seguridad al cesar el conflicto podría tener efectos desastrosos.

Eso fue lo que ocurrió en El Salvador. En enero de 1992, el gobierno de ese país y el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) firmaron los Acuerdos de Paz de Chapultepec, con los que pusieron fin a 12 años de guerra civil. Terminada la negociación, el presupuesto público que venía siendo asignado al conflicto fue dirigido, casi de inmediato, a gasto social, y la fuerza pública tuvo una disminución considerable de sus hombres. El resultado fue catastrófico, pues ocurrió un feroz surgimiento de bandas delincuenciales, aparecieron las pandillas juveniles y se atomizó la insurgencia. Las consecuencias se viven en ese país hasta el día de hoy.

Las Farc funcionan como un conjunto de frentes que no siempre está articulado. Cabe esperar que en un proceso de desmovilización habría un número importante de guerrilleros que optarían por mantenerse en la ilegalidad y el narcotráfico en lugar de ir a la vida civil. Al gobierno colombiano no le quedará más alternativa que mantener el presupuesto de defensa al finalizar el conflicto. Esta política, según las conclusiones de un reciente estudio de la firma Raddar, tendrá que mantenerse al menos por una generación. En plata blanca, este esfuerzo podría superar los $440 billones.

Por el lado de los empresarios privados, la expectativa es que el final del conflicto se reflejaría en reducciones de algunos costos en sus empresas. 62% de los encuestados cree que se reducirían los costos asociados a seguridad. 43% cree que se reducirían sus costos de producción y logística. Esto supone, sin duda, que el Estado logrará controlar el orden público en el posconflicto, lo cual implica mantener el presupuesto público en seguridad.

La paz también nos cuesta

Para entender lo que puede pasar en la negociación, es necesario visualizar el tema desde la perspectiva de la contraparte. Para las Farc, moverse hacia la paz implicaría erogaciones importantes.
El mayor de ellos sería el costo de oportunidad asociado a dejar el narcotráfico.

Se estima que cerca de 60% del total del negocio del narcotráfico en Colombia está hoy en manos de las Farc. Según Daniel Mejía, director del Centro de Estudios sobre Seguridad y Drogas, de la Universidad de los Andes, ese grupo ilegal recibe utilidades anuales cercanas a US$1.500 millones por concepto de tráfico de drogas.

“Si tomamos a las Farc como una empresa narcotraficante, y si se tiene en cuenta que el valor de un negocio se mide por el flujo futuro de sus ganancias a valor presente, el negocio del narcotráfico de las Farc tendría hoy un valor entre 4,5% y 7,5% del PIB. La explicación es esta: si reciben al año US$1.500 millones de utilidad y su negocio sobreviviera durante los próximos 10 años, el valor presente sería de 4,5% del PIB. Y si sobreviviera 20 años, el resultado sería 7,5% del PIB”, señala Mejía.

En los cálculos de los jefes guerrilleros, eso es lo que estarían poniendo sobre la mesa en una negociación de paz. ¿A cambio de qué? Sin duda, en sus cuentas habrá temas grandes en el campo económico para incluir en la negociación. En los seis puntos de la agenda de paz solo figura un gran tema económico, el del sector agrícola. Sin embargo, es de esperar que a lo largo del proceso las Farc intentarán mover otros asuntos que podrían incluir cambios en el modelo de la explotación minera o la salud.

Si bien el Gobierno preparó el terreno a través de la Ley de Tierras, el proceso de paz ha abierto un compás de incertidumbre para las empresas agrícolas y las que explotan los recursos naturales no renovables. Varios analistas consultados por Dinero coincidieron en que durante las conversaciones probablemente habrá menos exploración minera y se sentirá una desaceleración importante en el ritmo de las inversiones, en tanto se aclara cuál será el impacto del proceso de paz sobre las reglas del juego.

En general, los empresarios encuestados creen que este será un tema importante en las negociaciones. 77% de ellos afirma que estaría de acuerdo si una reforma agraria entrara en los temas incluidos en la agenda de negociaciones con la guerrilla dentro del proceso de paz.

La encuesta de Invamer Gallup arroja información sugestiva respecto al impacto que tendrían distintas concesiones del gobierno a la guerrilla, desde la perspectiva de los empresarios. 38% afirmó que estaría de acuerdo con un proceso de paz en el cual se negociara el modelo económico del país con la guerrilla. Si bien es la minoría, el porcentaje parecería bastante alto. 72% estaría de acuerdo con incluir la política ambiental en las negociaciones. 45% respondió que estaría de acuerdo si la estatización de la minería entrara en la negociación.

Cabe anotar que estas cifras probablemente reflejan cómo los empresarios aún tienen mucho para procesar en cuanto a la forma como entienden sus responsabilidades en el proceso que viene. La encuesta muestra que en este momento están más dispuestos a conceder en los temas que les parecen lejanos a sus intereses inmediatos, como seguramente es el caso del medio ambiente, y menos dispuestos cuando se les pregunta por otros temas que tendrían un impacto inmediato y tangible, como el aumento de los impuestos. Habrá que ver, a medida que avanza el proceso y sus consecuencias se vean más reales y cercanas, cómo cambiarán las opiniones de los empresarios en torno a los temas cruciales en la negociación.

El costo de asimilar a las Farc

La reinserción de los combatientes a la vida civil, la consolidación del Estado en las zonas afectadas y la reparación de víctimas implicarán grandes costos directos.

Actualmente hay en las filas de las Farc cerca de 8.000 hombres. Según María Victoria Llorente, directora de Ideas para la Paz, a este número habría que sumar entre dos y tres milicianos por cada guerrillero, algo así como 24.000 personas adicionales. Además, habrá que ofrecer soluciones para las 120.000 familias que hoy viven de la producción de cultivos ilícitos y trabajan de la mano con la guerrilla. Así, el número de personas cuya actividad económica depende directamente de las Farc supera las 200.000.

¿Qué va a pasar con todos ellos? El ideal sería que fueran cobijados por los programas de la Agencia Colombiana para la Reintegración (ACR). Dirigida por Alejandro Eder desde su creación en 2006, esta agencia atiende al año a 32.000 desmovilizados de las autodefensas y las guerrillas.

En la actualidad, la operación de la ACR cuesta cerca de $32.000 millones al año. Esa suma no tiene en cuenta el subsidio mensual que recibe cada desmovilizado (entre $160.000 y $480.000, dependiendo del tipo de asistencia que se le presta, bien sea sicosocial, académica o de capacitación tecnológica). Existe un beneficio adicional que consiste en entregar un capital semilla a aquellos exmilitantes que quieran emprender algún proyecto productivo. Por este concepto, la ACR ha desembolsado $17.000 millones en los últimos cuatro años.

De acuerdo con proyecciones de la ACR, si el total de los miembros de las Farc decidiera volver a la vida civil, sus costos podrían incrementarse en unos $164.000 millones anuales.

A su vez, la consolidación del Estado en zonas de conflicto exigiría grandes inversiones. “A esos lugares habrá que llevar presencia de la fuerza pública, de la justicia y de gobernabilidad para generar condiciones básicas de desarrollo. Es una tarea de construir Estado casi desde ceros y eso tiene unos costos muy altos. Por eso, el régimen de regalías tendrá que jugar ahí un papel fundamental”, explica Llorente.

Finalmente, está el valor que tendrá la reparación de las víctimas, uno de los elementos más desafiantes y costosos en el escenario del posconflicto. Es incalculable lo que les deben las Farc a los millones de campesinos desplazados por la violencia y a las miles de familias que perdieron a sus seres queridos en ataques terroristas. Hasta ahora, el Ministerio de Hacienda ha estimado entre $25 billones y $40 billones el costo de la Ley de Víctimas y Restitución de Tierras (Ley 107 de 2010). Dicho monto será asumido en 98% por el gobierno central.

Todos queremos la paz, pero nadie debe engañarse: si bien los beneficios de lograrla serían extraordinarios, ellos solo se obtendrán en el futuro, después de pagar unos costos muy importantes que se deben sufragar desde el comienzo del proceso.

El país sabe ya lo que implica hacer un esfuerzo para pagar la guerra. El impuesto al patrimonio, que recaudó $1,3 billones en 2012, es prueba de esta realidad. Ahora tendremos que hacer un esfuerzo adicional para pagar la paz. ¿De dónde saldrán los recursos? Algunos hablan ya de crear un tributo adicional de paz, similar al impuesto al patrimonio. Como lo muestra la encuesta, esta es una posibilidad que genera urticaria entre los empresarios.

Sin embargo, esto es lo que asoma en el horizonte. Si de verdad queremos la paz, tendremos que ir pensando en cómo vamos a financiar el enorme esfuerzo que ella implica y cuál va a ser la contribución de cada uno a sufragar sus gastos.

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

>

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×