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| 12/13/2012 6:00:00 AM

El mundo 2013

Varios hechos marcarán el rumbo de Colombia el próximo año: los precios del petróleo, el proceso de paz, las nuevas obras de infraestructura y las reformas tributaria, pensional y de salud.

En el año 2013 tendrán que definirse varias tendencias globales que afectarán con fuerza a los colombianos. En el ámbito internacional debemos ajustarnos a decisiones que vendrán de los países grandes y que determinarán el desempeño de la economía mundial. En lo doméstico, habrá que ver el desarrollo de varios procesos que vienen desde atrás, desde la búsqueda de la paz hasta la efectiva construcción de infraestructura en gran escala en nuestro país.

Vienen grandes decisiones en Europa, Estados y China. Europa habrá de definir si es capaz de evitar la desintegración de la Eurozona y hacer lo que hay que hacer para recuperar las economías de sus países. En Estados Unidos, la clase política tendrá que mostrar si es capaz de negociar un modelo de gobernabilidad económica que permita evitar el abismo fiscal, o si cada partido se irá por el camino fácil de aferrarse a su posición y echarle la culpa al otro por las consecuencias. China tendrá que ver cómo logra un cambio en el nivel máximo de liderazgo, mientras se mueve para recuperar una economía que viene a media marcha, con siete trimestres seguidos de resultados flojos.

Colombia tendrá que ver cómo se acomoda a los eventos que se desatarán con las decisiones de estos gigantes. Son varias las tendencias que asoman ya en el horizonte. Una de ellas, que amerita atención urgente, ocurre como consecuencia de la desaceleración de la economía mundial: ha aumentado la probabilidad de un descenso en los precios del petróleo y el carbón, lo que tendría un serio impacto sobre la economía colombiana en el próximo año.

Petróleo y carbón han sido los principales dinamizadores de la economía colombiana desde la mitad de la década anterior. No solamente son los pilares de la balanza de pagos, se han convertido en imanes para atraer la inversión extranjera y están en la base de la solidez fiscal que ha alcanzado el país, pues actúan como importantes fuentes de recursos vía dividendos, impuestos y regalías.

Sin embargo, se trata de un pilar vulnerable. El gobierno colombiano basó el presupuesto del año entrante en un precio del petróleo referencia WTI en US$103 por barril, cuando hoy ya se sitúa en cerca de US$85. Según Fedesarrollo, una disminución de US$10 en el precio del barril le podría representar a Colombia menores ingresos del orden de $3 billones. En el caso del carbón, la situación no es menos compleja. Hace dos años, el precio bordeaba los US$150 por tonelada y hoy se cotiza alrededor de US$60. Se estima que por cada dólar que baje el precio del carbón, Colombia podría dejar de recibir, en promedio, unos US$9 millones en regalías y cerca de US$90 millones en exportaciones.

En cuanto al carbón, muchos analistas creen que estamos ante un cambio estructural en términos de precios. Varios proyectos en el país han sido aplazados, como por ejemplo la desviación del río Ranchería en la Guajira por parte del Cerrejón.

Por fortuna, en el frente doméstico se anticipa que ocurrirá un desarrollo positivo. Así como la locomotora de la minería perderá fuerza debido a los menores precios, la locomotora de la infraestructura empezará a jalonar con vigor. El año entrante estará marcado por novedades de largo alcance en este frente. De una parte, el avance en obras y proyectos emblemáticos, como la Ruta del Sol, el Túnel de la Línea, la navegabilidad por el río Magdalena, la entrega de nuevas obras en el aeropuerto Eldorado y billonarias inversiones en mantenimiento y ampliación de vías. De otra, vienen las primeras adjudicaciones de las concesiones de Cuarta Generación, por valor de $7,5 billones, que conforman la ‘cuota inicial’ del ambicioso plan de infraestructura que tiene el Gobierno y cuyo valor superará los $43 billones en los próximos años.

Cambiando de perspectiva, la evolución de los acontecimientos en dos frentes relacionados con la política y la estabilidad institucional traerá importantes consecuencias económicas. El primero de estos frentes se refiere a las negociaciones de paz. Sería difícil imaginar que el clima de opinión en Colombia pueda soportar que el año 2013 transcurriera sin llegar a definiciones en este frente. Para finales de año habrá una percepción marcada en la población respecto a si el proceso está avanzando en serio o si se estancó. La paciencia de la opinión pública con el proceso de paz no da para que la negociación se prolongue sin definiciones durante más de un año, como ocurría en otras épocas.

Si las negociaciones avanzan en 2013 y se llega a una percepción general de que la paz es posible y cercana, es indudable que tendríamos unos efectos económicos muy positivos. En un escenario posconflicto, el país podría ganar dos puntos adicionales de crecimiento anual del PIB y bordear el 7%. Sin embargo, la paz también tendrá costos. Habría que mantener la inversión en seguridad al menos por una generación, lo que representa $25 billones al año, y atender a los desmovilizados, que costaría $164.000 millones anuales.

El segundo frente se relaciona con el fallo de la Haya sobre delimitación de las aguas marinas y submarinas de Colombia con Nicaragua, en el que nuestro país perdió más de 75.000 kilómetros cuadrados de mar.

La dinámica que se ha desatado en torno a este hecho será uno de los temas más complejos en 2013. El presidente Santos no puede aparecer como un mandatario débil que permitió una pérdida sustancial de territorio sin inmutarse. Pero tampoco puede desconocer el fallo, después de que Colombia asistiera juiciosa al proceso. Cada día aparecen más consecuencias e implicaciones que quedan en “zona gris”, respecto a lo que ocurrirá con los derechos de ciudadanos colombianos y también respecto a la forma como se verán afectados otros países del Caribe. Lo cierto es que Colombia no acatará el fallo en el corto plazo (hasta “garantizar que los derechos de los colombianos estén bien defendidos”) y se ha creado una situación de hecho que es inherentemente inestable. El escenario queda indefinido y estamos expuestos a que cualquier evento inesperado en esas aguas escale y se convierta en un incidente internacional.

Volviendo a los temas internos, en 2013 se espera una agitada agenda legislativa, en la que el país deberá dar discusiones trascendentales respecto a las reformas de pensiones, salud y educación, así como sobre temas que son necesarios para que avancen las locomotoras, como lo es el Código Minero, y se medirán los efectos de la reforma tributaria, que estaba en trámite al cierre de esta edición.

Mientras avanza la agenda pública, los empresarios no se detienen y 2013 traerá nuevas caras al primer plano de las noticias de negocios. En materia de comercio, la cadena portuguesa Jeronimo Martins llegará al país; la chilena Cencosud empezará, con su marca Jumbo, la operación de las tiendas que le compró a la francesa Carrefour; y la también chilena Ripley debutará en Colombia.

En telecomunicaciones, el nombre de Ricardo Salinas, dueño del Grupo Salinas, llama la atención por su interés en los negocios clave que se darán en ese sector: participará en la subasta de espectro para el desarrollo de internet móvil de cuarta generación –4G–;  montará su negocio de televisión por suscripción en el país; avanza en la expansión de fibra óptica en más de 700 municipios colombianos –licitación que le ganó a Telmex– ; y muchos lo dan como uno de los firmes candidatos para participar por el tercer canal de televisión, que debe ser adjudicado el año entrante.

En petróleo, Exxon Mobil regresó a Colombia como jugador en exploración y explotación de crudo y ganó varios de los bloques que acaba de entregar la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH). Otras firmas también debutan en el sector petrolero colombiano, como Anadarko y la empresa petrolera estatal de China. Asimismo, en el tema minero está por definirse el futuro de dos concesiones: la operación de CerroMatoso, la de la multinacional BHP Billiton, y de Paz del Río.

Colombia no se puede sustraer de lo que pasa en el mundo. Nos hemos defendido bien en medio de la crisis internacional hasta ahora, pero el cambio en las condiciones de precios del petróleo y el carbón puede modificar esa situación. Los esfuerzos que se están haciendo para acelerar la dinámica de la construcción de infraestructura llegan en un excelente momento y contribuirán a aliviar los efectos negativos. Al mismo tiempo, hay dos frentes abiertos cuyo desarrollo es impredecible y tendrán un gran impacto, sea como sea que se definan: el proceso de paz y la situación frente a Nicaragua en cuanto al fallo de la Haya. Va a ser un año interesante. 

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