| 4/26/2012 6:00:00 AM

El milagro de Angelino

Angelino Garzón tiene serias posibilidades de convertirse en el nuevo presidente de la OIT. Sería el hombre más influyente del planeta en materia laboral. Esta es su increíble historia.

El próximo 28 de mayo, un colombiano podría convertirse en director de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Los 56 miembros del Consejo de Administración considerarán ese día los nombres de nueve candidatos al cargo. Los astros parecen estar alineados a favor de Angelino Garzón, vicepresidente de Colombia, quien ya cuenta con el respaldo de las siete oficinas regionales que hay en Latinoamérica. Todo indica que logrará también el apoyo de los africanos, tendría el de los europeos e incluso recibir la bendición de los 14 sindicalistas que tienen derecho a voto en la OIT. Estados Unidos, por su parte, podría terminar del lado del colombiano, a juzgar por lo visto durante la Cumbre de las Américas.

Las cartas están jugadas. El gobierno colombiano ha hecho una intensa campaña diplomática que incluyó una gira mundial de Angelino por Estados Unidos, Alemania, España, Reino Unido, Rusia, Brasil, Turquía e Italia, entre otros países, para culminar, a finales de marzo, en una audiencia en Ginebra ante el Consejo de Administración de la OIT. Los resultados son altamente positivos y hoy Garzón goza de una excelente imagen internacional, como un hombre que viene de la entraña de los trabajadores, cree firmemente en sus convicciones y es al mismo tiempo sensato, abierto a la discusión y experto negociador. Esta sería la primera vez que un sindicalista de trayectoria llega a la dirección de la OIT.

Su eventual elección en ese organismo superaría los hitos alcanzados hasta ahora en cuanto a la llegada de colombianos a la dirección de entes internacionales. Alberto Lleras Camargo y César Gaviria fueron Secretarios de la OEA, José Antonio Ocampo fue Secretario de Asuntos Económicos de la ONU y Luis Alberto Moreno es hoy presidente del BID. Sin embargo, esto es superior, pues la OIT es una instancia multilateral que afilia a 183 países y Angelino sería su máximo dirigente. Este, pues, se convertiría en el cargo más importante ocupado por un colombiano a nivel mundial en toda la historia.

A sus 65 años de edad, Angelino Garzón es, sin duda, un personaje singular. Ha sabido colocarse en el centro de los acontecimientos en los tres últimos gobiernos de Colombia, sin perder su independencia y sin dejarse rotular. Construyó a pulso una carrera como sindicalista y político, en un recorrido que va desde los más humildes orígenes en Buga hasta la Vicepresidencia de Colombia. Su vida ha estado marcada por la tragedia, con la muerte prematura de su hermano y su hija, eventos que lo marcaron profundamente. Su capacidad y talante le han ganado la confianza de las partes en las más difíciles negociaciones. Esta es su historia.

Las gallinas de doña Concha

La fachada de la casa en la que nació Angelino Garzón ha cambiado muy poco en más de medio siglo. Lo único que revela el paso de los años es que hoy sus paredes están pintadas de amarillo y gris, y que el amplio solar que bordeaba el costado sur ya no existe. Sus nuevos propietarios no saben nada respecto a cómo era la vida allí cuando la habitaba el hoy Vicepresidente de Colombia.

La casona está incrustada en el corazón de Buga, Valle, en una esquina del humilde barrio Santa Bárbara. Allí, en un espacio de no más de 110 metros cuadrados, vivió Garzón con Concepción, su madre, y sus tres hermanos mayores: María, Gonzalo y Gloria. A su padre no lo conoció y de él poco o nada recuerda, pues murió cuando apenas era un niño. Siempre ha llevado con orgullo el apellido materno.

Las riendas de la familia estuvieron todo el tiempo en manos de doña Concha, nombre con el que todos conocían a la madre de Angelino Garzón. Ella fue la persona más importante en su vida, una mujer trabajadora que inculcó en su hijo los valores del trabajo, la honestidad y el estudio. Desde la madrugada, todos los días, doña Concha vendía gallinas vivas y frutas en la plaza de mercado de Buga. Con esos precarios ingresos crió a sus cuatro hijos.

La situación no era para nada fácil y Angelino fue consciente de ello desde muy joven. Para contribuir a los ingresos familiares vendía naranjas y periódicos en las calles y llevaba mercados de puerta a puerta.

También entendió temprano que tenía que estudiar si quería superar las dificultades de su medio. Hizo la primaria en la escuela pública José María Villegas, de Buga, donde se apasionó por el fútbol y descubrió la facilidad que tenía para jugar de arquero. John Harold Suárez, su amigo, y actual alcalde de Buga, recuerda: “en la escuela repartían una leche hervida, una especie de bienestarina, proveniente de Europa, probablemente de Holanda, y Angelino era el primero en hacer fila para tomársela y después repetía varias veces”.

Ingresó al colegio Académico de Buga para hacer el bachillerato. La institución era reconocida en el Valle por las protestas, los paros sistemáticos y la beligerancia de sus estudiantes. No era extraño ver a los alumnos con piedras en las manos a un lado de la calle y a un escuadrón del Ejército al otro lado.

Las revueltas eran el pan de cada día. Una de ellas resultó en un suceso trágico: el asesinato de Jairo Potes, un líder estudiantil. Este sería un evento definitivo para Garzón, pues se sintió impulsado a tomar las banderas sociales que dejó su condiscípulo Potes. Las raíces de su trayectoria en el mundo sindical pueden rastrearse hasta allí. 

Rumbo a Cali

A comienzos de los años 60, doña Concha Garzón decidió irse a vivir a Cali con sus tres hijos mayores, con el ánimo de mejorar su situación económica. Angelino prefirió quedarse en Buga, en la casa de su prima Berta Nelly Rojas para continuar con el bachillerato. “Me acuerdo que mi primo era muy estudioso, se metía en su cuarto y podía pasar horas leyendo”, cuenta ella. “Ya en ese momento sabíamos que iba a ser alguien importante”.

En Cali, doña Concha empezó vendiendo sus gallinas vivas en la Galería Central. En 1961, junto a un grupo de vendedores de frutas y verduras, fundó la Galería Alameda, donde trabajó hasta poco antes de su muerte, acaecida en 2002.

Angelino se marchó a Cali a finales de los 50 y allí se radicó junto a su madre en el barrio Meléndez. “Era una especie de invasión y la casita apenas tenía lo justo”, dice su hermana Gloria. Se graduó como bachiller en el colegio Santa Librada. Al tiempo que estudiaba, trabajaba en el Club Campestre, donde cargaba las talegas de golf de los empresarios, políticos y personajes de la sociedad vallecaucana.

También, según recuerda su hija Ángela, fue anunciador del Estadio Pascual Guerrero de Cali. A falta de un tablero electrónico, él levantaba dos paletas de madera que señalaban cómo iba el marcador en los partidos de fútbol.

A los 19 años, graduado como bachiller, Garzón entró a trabajar a la Siderúrgica del Pacífico (Sidelpa), donde estuvo al frente del control de calidad de los metales. Allí vivió su primera experiencia en una negociación laboral. A los pocos meses de haber aterrizado en la empresa, la asamblea lo eligió, por encima del presidente del sindicato, para que actuara como conciliador en el trámite de un pliego de peticiones.

“Hermano, no acepte eso”, le aconsejó uno de sus amigos. “Mire que ahora usted no tiene fuero sindical y cuando termine la negociación se va a quedar sin trabajo”. Angelino preguntó: “¿qué es esa vaina del fuero?”. Su compañero le explicó, pero aun así decidió aceptar la misión. La advertencia fue premonitoria: cuando cerró la negociación, lo liquidaron. 

En 1971 se unió al Partido Comunista Colombiano y emprendió su desarrollo como sindicalista. Posteriormente hizo parte de la Unión Patriótica. En esa misma época tuvo su primer encuentro con la tragedia. Su hermano Gonzalo, quien era su gran amigo, fue mordido ferozmente por un perro portador del virus de la rabia y murió poco después. 

Angelino se dio a conocer en el Partido Comunista como un mediador y un hombre con una gran capacidad para resolver conflictos. En 1981 su nombre tenía reconocimiento en el medio sindical y fue nombrado Secretario General de la CUT, donde permaneció hasta 1990. 

El político

El gran salto de Garzón a la vida pública fue en 1991, cuando, bajo el gobierno de César Gaviria, fue convocada la Asamblea Nacional Constituyente. El M19, en proceso de consolidarse como partido político, vinculó a Angelino a su lista, junto con otras personalidades de izquierda y de lineamientos progresistas y de centro, como María Mercedes Carranza, María Teresa Garcés y Carlos Ossa.

Garzón fue un miembro activo e influyente en la Asamblea. Alberto Ramos Garbiras, constitucionalista, estima que Garzón fue quien le dio el acento de corte social a la redacción en los apartes que hacen referencia a los derechos del trabajador y la libertad de oficios.

Garzón militó hasta 1994 en la Alianza Democrática M19, al lado de Antonio Navarro Wolff y del actual alcalde de Bogotá, Gustavo Petro. Sin embargo, en los años siguientes se mantuvo al margen de los partidos políticos y se dedicó a estudiar comunicación social en la Universidad Jorge Tadeo Lozano.

En el año 2000, la tragedia lo golpeó de nuevo. Su hija Jenny, de 25 años, apareció asesinada en su apartamento. Hasta hoy no se ha identificado un solo sospechoso. “Por eso mi mensaje contra la impunidad siempre ha sido tan fuerte”, dice el Vicepresidente.

Apenas habían pasado unos pocos meses tras este doloroso acontecimiento, cuando el presidente Andrés Pastrana invitó a Garzón a formar parte de su gabinete como ministro de Trabajo. Ese cargo representó su regreso a una carrera en la vida pública, que se ha mantenido en permanente ascenso desde entonces.

Garzón libró varias batallas en pro del movimiento de los trabajadores desde ese Ministerio. Allí consolidó su reputación como sagaz negociador y solucionador de conflictos, pues siempre lograba un arreglo cuando alguna huelga aparecía en el horizonte. En el curso de pocos meses se convirtió en el Ministro más popular de Pastrana, al punto que muchos se atrevieron a postular su nombre a la presidencia de la República. Angelino salió rápidamente a declinar el ofrecimiento. 

Tras su salida del gobierno, Garzón hizo parte de la Comisión Facilitadora para un acuerdo con las Farc, con el fin de a liberar a los 12 diputados del Valle secuestrados el 11 de abril de 2002. En plena actividad intermediadora, Fabiola Perdomo, esposa del diputado Juan Carlos Narváez, y Ángela Giraldo, hermana del diputado Francisco Giraldo, le plantearon la opción de lanzarse a la Gobernación del Valle. Así lo hizo y barrió en las elecciones, con 60% de la votación del departamento. En enero de 2004 asumió su nuevo cargo.

Desde esa posición comenzó a acercarse poco a poco al presidente Álvaro Uribe. “Esa relación entre Uribe y Angelino se dio por la inercia propia del poder central y la región. Allí comenzaron ciertas empatías. La enorme popularidad que entonces tenía Uribe atraía a Angelino, quien se ha caracterizado por no ser un radical sino un moderado”, explica Ramos Garbiras. Angelino Garzón fue un gobernador popular. Al mejor estilo de Hugo Chávez, acaparó espacios en el canal regional de televisión Telepacífico para comunicar detalladamente los trabajos que se realizaban desde la gobernación en materia social. Fue un mandatario mediático y, a los ojos de muchos vallecaucanos, populista.

A pesar de las críticas, Garzón dejó una buena impresión en el Valle al terminar su periodo. En enero de 2008, el presidente Uribe lo nombró embajador de Colombia ante las Naciones Unidas en Ginebra, Suiza. La visibilidad internacional que ganó allí sería luego un elemento clave para su aspiración a la dirección de la OIT.

El ascenso hacia la OIT

Las embajadas con frecuencia se convierten en tumbas políticas, pues los nombrados no vuelven a brillar tras su regreso; sin embargo, ese no fue el caso de Garzón. En 2009, Juan Manuel Santos lo invitó a ser su fórmula vicepresidencial. Dentro de la estrategia electoral de Santos, la figura de Angelino aportó un vínculo necesario con los sectores populares y un contraste frente a la imagen distante del candidato presidencial.

Sin embargo, la entrada de Garzón en la fórmula como vicepresidente no obedeció únicamente a cálculos políticos, sino que tiene su origen en la amistad que Santos y Angelino desarrollaron desde el gobierno Pastrana, cuando fueron compañeros de gabinete: Santos en Hacienda y Garzón en Trabajo. Si bien podría decirse que ellos vienen de los extremos de la distribución del ingreso y las ideologías políticas de este país, en realidad ambos se distinguen por su talante pragmático y su capacidad negociadora. 

Poco después de la elección presidencial, Garzón sufrió un infarto. Desde su casa, el recién elegido Vicepresidente tomó el teléfono para llamar al padre Noel Londoño, entonces rector de la Basílica de Buga, y con la voz entrecortada le dijo: “quiero poner en manos del Señor de los Milagros mi recuperación y mi salud”. Allí mostró una faceta que no todos conocían: la del devoto católico. 

La idea de la candidatura a la OIT nació en Ginebra, Suiza, poco después de la renuncia del chileno Juan Somavia. Alicia Arango, embajadora de Colombia ante la ONU, preguntó a otros diplomáticos cómo encarar el proceso de sucesión. Varios de ellos habían conocido a Garzón por su ejercicio diplomático durante 13 meses. Su sugerencia fue clara: Colombia tendría en Garzón el mejor candidato.

Arango viajó a Bogotá y buscó al vicepresidente para sondearlo. Garzón le pidió que hablara con el Presidente y la Canciller. Juan Manuel Santos se convenció de las bondades de esa candidatura y lo convocó para discutir el tema. “Angelino, yo le planteo que nos metamos en esto”, le dijo el mandatario. “Presidente, hagámosle”, respondió Garzón. 

Hoy, Angelino Garzón está a un paso de llegar al pináculo de su carrera. Se espera que el primer sindicalista director de la OIT traiga una nueva voz a las discusiones internacionales sobre la problemática que viven los países en desarrollo en materia de violaciones de los derechos de los trabajadores y los sindicalistas. Dada su capacidad para lograr cierres exitosos en negociaciones difíciles, es posible anticipar que se convertiría en un personaje de gran influencia internacional. Eso, sin duda, sería bueno para Colombia y para la imagen del país como líder emergente en el concierto global.

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