| 6/9/2016 12:00:00 AM

El grupo Aval superó un desafío de gigantes con las Niif

El grupo Aval es una holding que cuenta con intereses en cerca de 180 compañías. Adaptar sus informes a las nuevas normas fue un reto enorme. Así lo lograron.

Si para una compañía individual la implementación de nuevas normas contables implica una arduo camino, ¿qué decir para un conglomerado que incluye cerca de 180 entidades? Ese reto adquiere dimensiones cósmicas. Eso fue lo que le pasó al Grupo Aval, que no solo tiene inversiones en el sector bancario, sino también en el real.

María Edith González, vicepresidente de consolidación del Grupo, fue la persona encargada de liderar el proceso. “Este es un desafío no solo para el área contable sino para toda la organización”, explica la experta.

Uno de los aspectos más complejos estuvo asociado a las inversiones en el sector financiero. Actualmente el Grupo Aval tiene intereses en el Banco de Bogotá, Banco Popular, Banco de Occidente y Banco AvVillas, además de Corficolombiana; esto incluye Colombia y varios países de Centroamérica.

“Para la banca, el país ha adoptado las nuevas normas parcialmente. Esto ha generado muchas dificultades, porque en muchos casos nos toca armar varios informes distintos: uno para cumplir con la norma Niif parcial en el caso de la holding; otro para cada uno de los bancos y su reporte local y otro con la norma Niif total para el caso de los requisitos en Nueva York, donde la acción de Aval se transa”, señala González.

Esto es así porque la Superintendencia Financiera ha mantenido, por ejemplo, condiciones de provisiones mucho más fuertes para el mercado colombiano, por encima incluso de la norma internacional. Sin lugar a dudas, esto ha permitido que la banca nacional haya fortalecido sus niveles de capital; sin embargo, ha generado enormes dificultades al interior de los equipos contables de las entidades, especialmente aquellas con presencia en los mercados internacionales.

Por eso fue necesaria la participación de al menos 700 personas de los cuatro bancos. Esta clase de procesos no se había realizado en Colombia desde 1993, cuando se adoptaron algunos cambios contables.

“Se necesita mucha educación y capacitación. Las nuevas normas involucran todas las áreas. Las Niif no son un aspecto sólo contable, sino de operación”, dice González.

Si de darles un consejo a quienes deban asumir este reto en las próximas vigencias se trata, González asegura que es necesaria mucha capacitación, hacerse a un asesor externo sobre el tema y, sobre todas las cosas, comprender que es necesario involucrar a todos los empleados de la organización.

Botón de muestra

Diego Amórtegui, gerente de consolidación Niif del Grupo, explica varios ejemplos que ilustran las dificultades que origina el proceso de adopción de las nuevas normas.

El primero es el cálculo de ‘impuestos diferidos’. Este concepto se refiere a la conciliación entre la declaración de impuestos que se entrega a la Dian y los informes de resultados que se entregan a los accionistas. En Colombia es necesario presentar dos informes aparte, porque la norma tributaria exige un proceso de depuración contable distinto al de los informes financieros; de hecho, la comisión de expertos -que propuso el contenido de una eventual reforma tributaria estructural- ha sugerido simplificar este procedimiento para que la declaración de impuestos coincida más con los informes de resultados contables.

Según Amórtegui, lo complicado con el caso de los impuestos diferidos fue que impactó directamente los resultados, pues la norma ahora exige que la diferencia entre ambas declaraciones quede reflejada en todos los balances. “Ese impacto no se daba directamente en la norma anterior y ahora se volvió obligatorio. Antes la conciliación se hacía sobre el estado de pérdidas y ganancias y ahora incide sobre todos los balances”, agrega el experto.

Lo más difícil es que esa idea, que parece simple, impacta a toda la organización. Para Amórtegui, lo más problemático era que todos los funcionarios de las firmas Aval comprendieran el concepto. “Eso significó todo un cambio de cultura”, concluye.

Otro ejemplo es el de las provisiones. Las normas Niif establecen en su ‘norma 9’ que las provisiones ahora no se deben hacer sobre las pérdidas incurridas sino sobre las esperadas; lo más complicado de esto es cambiar los procedimientos utilizados para hacer el cálculo. Esto representa un verdadero desafío para los encargados de la decisión.

El proceso es tan complejo que actualmente los bancos de España les están pidiendo a las autoridades de su país un plazo adicional para el cumplimiento de esa nueva normativa.

Un tercer ejemplo que ilustra la complejidad del proceso fue lo ocurrido con la clasificación de los activos en renta fija. Antes esta clase de activos se podía clasificar en tres categorías: ‘negociables’, ‘hasta el vencimiento’ y ‘disponibles para la venta’. La nueva norma solo incluye las dos primeras clasificaciones.

Esto significa un problema para los encargados de la tesorería, que tienen que decidir dónde poner lo que antes se denominaba ‘disponible para la venta’. La decisión no es sencilla, pues al final de cuentas el tesorero necesita definir con claridad cuáles títulos puede transar todos los días para generar caja a la compañía y eso afecta la valoración de todos los papeles. Una decisión equivocada con un rubro tan importante para la tesorería impacta directamente el patrimonio de las compañías pues, según González, “la categoría de ‘disponible para la venta’ representa entre 60% y 70% del portafolio del grupo”.

El caso del Grupo Aval muestra cuán complejo es el trámite de adopción de normas contables. Un proceso que exige el compromiso de todos los empleados de una firma y no simplemente de los encargados de la contabilidad. Un desafío que ahora tiene que ver con todas las empresas.

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