| 8/21/2013 6:00:00 PM

El golpe a Tranquilandia

El día en que las fuerzas especiales de la Policía desmantelaron el mayor complejo de producción de coca del Cartel de Medellín, la historia del negocio del narcotráfico cambió.

El 7 de marzo de 1984, la historia de la lucha contra el narcotráfico en Colombia sufrió un viraje de 180 grados. Ese día, un comando de fuerzas especiales de la Policía y agentes encubiertos de la DEA asestaron el golpe más contundente –hasta entonces–, que había recibido el Cartel de Medellín: el allanamiento de Tranquilandia.

Una vasta porción de tierra selvática ubicada entre los departamentos de Meta y Caquetá era el eje desde donde Pablo Escobar, los hermanos Ochoa y Gonzalo Rodríguez Gacha producían y transportaban hacía el mercado internacional grandes cantidades de cocaína.

Allí, los hombres dirigidos por el coronel de la Policía Jaime Ramírez Gómez –cabeza del operativo, hasta entonces– se encontraron con nueve laboratorios, ocho pistas de aterrizaje clandestinas y 13,8 toneladas de cocaína avaluadas en US$1.200 millones. Al final de su incursión, los miembros de la Fuerza Pública destruyeron hasta el último rastro de aquel multimillonario emporio del narcotráfico.

La retaliación de Escobar y sus socios no se hizo esperar. El 30 de abril de ese mismo año, cuando el Estado aún celebraba la hazaña, sicarios del Cartel de Medellín asesinaron en el norte de Bogotá a Rodrigo Lara Bonilla, entonces ministro de Justicia. Un líder político que, bajo las toldas del Nuevo Liberalismo y en su condición de alto funcionario estatal, había emprendido una cruzada contra  las organizaciones mafiosas.

Este agridulce episodio de la historia nacional se convirtió en el principio de una guerra sin cuartel entre el Estado y los capos del –por esos días– descollante movimiento del narcotráfico. Un fenómeno que durante los gobiernos de Alfonso López Michelsen (1974-1978) y Julio César Turbay Ayala (1978-1982) –tal y como lo relata el historiador Jorge Orlando Melo– no fue considerado un problema de fondo para Colombia.
 
Quizás por eso, en 1982 el poder de los principales carteles del narcotráfico alcanzó su apogeo. No en vano, para esa época llegaron a manejar un negocio que les permitía “importar divisas que oscilaban entre US$800 millones y US$2.000 millones, es decir entre 10% y 25% de las exportaciones totales del país. Se trataba de ingresos muy concentrados, con capacidad de influir la vida económica pero a través de sectores reducidos de beneficiarios”, dice Melo.

Así las cosas, cuando las mafias de las drogas parecían saborear las mieles de su riqueza, el revés de Tranquilandia no solo empezó a aguarles la fiesta sino que se convirtió en el día en que cambió de un tajo la lucha contra el narcotráfico en el país.
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