| 11/25/2012 6:00:00 PM

El elegido - Jorge A. Mejía G. - Colegio Colombo Hebreo

Sin hablar hebreo, es la cabeza de una de las instituciones más tradicionales del país, gracias a su experiencia. Le inquietan las consideraciones del Icfes para calendario A y B.

Comenzamos hace 65 años y, aunque desde antes Bogotá tenía una comunidad judía, con la Segunda Guerra Mundial llegaron más y por lo tanto no es casualidad que en 1948 se creara el colegio. Funcionó primero en la calle 51 abajo de la Caracas y a mediados de los 60 se compró el terreno actual.

Este tipo de colegios son comunes entre las comunidades judías de distintos países que quieren promover el aprendizaje del judaísmo, su idioma y su cultura. Los colegios judíos se dividen en dos tipos: los que son muy religiosos y los que, si bien enseñan los valores del judaísmo, están abiertos a personas de otras religiones y ese es el caso nuestro, aunque la mayoría de estudiantes son judíos.

Con el Estado de Israel tenemos una relación cercana y visitas constantes de la Embajada, pero, además, las características de Israel como país nos marcan, pues es un país de inmigrantes, pluricultural, lo que también se refleja en nuestros 250 estudiantes a quienes inculcamos valores judíos como el respeto, la responsabilidad y la solidaridad.

La escritura del hebreo es diferente y está comprobado que por hacerse de derecha a izquierda pone a funcionar el otro hemisferio del cerebro. Tenemos pocos estudiantes y eso nos permite usar metodologías personalizadas, basadas en proyectos y usando la enseñanza en la diversidad que se trae desde Israel.

Algunos niños ya saben hebreo, pero la gran mayoría lo viene a aprender y tenemos bastantes horas a la semana.

Además, trajimos una pareja de profesores israelíes. No obstante, en el colegio se manejan tres idiomas: español, hebreo e inglés. El hebreo es una tercera lengua, puesto que acá somos bilingües con inglés. De hecho, yo no hablo hebreo, lo estoy aprendiendo y llegué por un proceso de selección con headhunters, gracias a mi experiencia en otros colegios.

Las pruebas del Icfes cambiaron desde el año 2010 para evaluar competencias interpretativas, argumentativas y propositivas, pero yo no he podido entender cómo se pueden evaluar esas competencias con preguntas de selección múltiple.  

El Icfes es una muy buena evaluación de comprensión de lectura, lo que indica la calidad de un colegio, pues su misión es dar buenas bases de matemáticas, así como enseñar a leer y escribir bien.

El lío es que es una prueba referenciada al criterio y no a la norma. Otras pruebas estandarizadas como el Toefl o el SAT están referenciadas a la norma y permiten hacer comparaciones en el tiempo y con la población general. El Icfes, por su parte, está referenciado a un criterio con respecto a ciertas competencias y no da la posibilidad de comparar directamente. Es relativo a lo que hagan los demás colegios y no a lo que haga cada uno. Uno tiene que usar piruetas estadísticas para poderles sacar sentido.

A eso se suma un secreto a voces y es que las pruebas de calendario A y B son diferentes. Nuestros muchachos presentan el A para prepararse y frecuentemente les escuchamos que esa prueba es más fácil que la que presentan cuando es su turno.

Además, al mirar los resultados de una materia como inglés, se ve que colegios reconocidos bilingües a veces ocupan el puesto 20 y encima de ellos muchos de calendario A, que ni siquiera son bilingües. No sé por qué pasa eso, pero me preocupa la parte política que podría haber detrás.

Los primeros lugares del ranking del Icfes están dominados por colegios de calendario B porque tienen una excelencia académica intrínseca. Sus estudiantes leen mucho y los mismos colegios son muy serios en la parte de lenguaje.

No recomiendo pagar un PreIcfes. Nosotros a los estudiantes les ayudamos más en la forma de hacer el examen, que en el contenido. Hacemos simulacros para que se acostumbren, pues hay que aprender cómo leer la pregunta y la forma de contestar. Las pruebas de Estado son necesarias, pero en otros países están referenciadas a la norma.

El año pasado el mejor colegio sacó 70 puntos y el peor 35, así que al estar todos tan apeñuscados, las diferencias son mínimas y se da para injusticias. En una prueba referenciada a la norma, el resultado es más esparcido y más justo.
                                                              

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