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El dueño de Falcao

| 5/30/2013 7:14:00 AM

El dueño de Falcao

Este excéntrico billonario ruso, dueño del Mónaco Fútbol Club,acaba de pagar más de US$120 millones por Falcao García y James Rodríguez, el mayor negocio en la historia del fútbol colombiano.¿Quién es y cómo lo hizo?

El pasado martes 28 de mayo, el diario deportivo español AS anunció el traspaso del astro colombiano Falcao García al Mónaco Fútbol Club por 45 millones de euros, unos US$58 millones. Al cierre de esta edición no se había confirmado oficialmente la operación. Días antes, ese club había desembolsado la misma cifra por el mediocampista cucuteño James Rodríguez, estrella en Portugal y uno de los integrantes más jóvenes de la Selección Colombia. Nunca antes se habían pagado sumas tan altas por dos jugadores colombianos en el fútbol profesional.

El artífice de semejante negocio es Dmitry Rybolovlev, dueño del Mónaco FC. Se trata de un excéntrico magnate ruso que hizo su fortuna al apoderarse de Uralkali, empresa productora de hidróxido de potasio, durante la fiebre de privatizaciones en Rusia por los años 90. Rybolovlev convirtió a Uralkali en una corporación global y en la plataforma que le permitió construir una fortuna personal cuyo monto, según la revista Forbes, llega a US$9.100 millones.

Aparte de poseer una colección de arte que incluye piezas de Piccasso, Van Gogh, Gauguin y Monet, Rybolovlev también es amante del fútbol. En diciembre de 2011 adquirió 60% del Mónaco con el sueño de llevarlo a los primeros lugares en los campeonatos europeos. A partir de allí inició una campaña de adquisiciones que incluye, aparte de los dos jugadores colombianos, a João Moutinho, mediocampista que hacía pareja con James en el Porto, por quien pagó 25 millones de euros.

El ruso Rybolovlev no es el único actor en esta historia. Otro personaje clave es Jorge Mendes, el mánager de Falcao. Este poderoso portugués administra también los destinos de Cristiano Ronaldo y José Mourinho, entre otros. En 17 años de actividad, Mendes ha logrado transacciones cuyo valor ya ronda los US$1.000 millones. Y ahora se acaba de anotar un hit con el paso de Falcao del Atlético de Madrid al Mónaco.

Ruso salvador

El magnate Rybolovlev apareció en escena cuando más lo necesitaba el Atlético de Madrid.

El equipo se había llevado a Falcao para sus filas en 2011, apostando 40 millones de euros por la transferencia. Una persona cercana al mercado aseguró que “la meta era comprarlo, tenerlo una temporada y luego pasarlo al Chelsea, donde estaba de director técnico André Villas Boas”. Si la venta se lograba según los planes del Atlético, en menos de un año habrían obtenido una rentabilidad cercana a 50%.

La jugada no salió bien porque Villas Boas, quien había llegado al Chelsea desde el Porto gracias a la intermediación de Jorge Mendes, fue despedido fulminantemente en marzo de 2012, por cuenta de los malos resultados. El paso de Falcao para Inglaterra quedó en suspenso.

Para el Atlético, este giro en los acontecimientos fue una pésima noticia. Su apuesta en la compra de Falcao había sido apalancada acudiendo al músculo financiero del fondo de inversión Doyen Sports. Este fondo había aportado entre 30% y 50% del valor de la operación entre el Porto y el Atlético, bajo unas condiciones estrictas respecto al pago. El acuerdo entre el fondo y el Atlético especificaba que, si había algún incumplimiento en las cuotas, Doyen tendría derecho a hacerse a una participación creciente en el pase de Falcao. Así, el jugador colombiano se convirtió en un pasivo oneroso para el Atlético, a pesar de haber sido la estrella goleadora que dejó su marca en el corazón de los hinchas colchoneros.

La aparición del excéntrico billonario ruso fue providencial para el Atlético, pues le permite cerrar la deuda.

La vida de Rybolovlev es de película. Después de estudiar medicina, se inició en los negocios con una empresa llamada Magnetics, productora de tratamientos médicos alternativos a partir de campos magnéticos. Para 1992 había creado una firma de inversiones en Perm, su ciudad natal, en una región industrial en los Urales, y se encontraba en una posición privilegiada para aprovechar la oleada de privatizaciones de esa década. Fue así como logró hacerse al control sobre Uralkali, que pasó de tener una capitalización de menos de US$100 millones en el año 2000 a más de US$35.000 millones en 2008. La salida a bolsa de Uralkali en 2007 es una de las colocaciones más exitosas en la historia de las empresas rusas. Rybolovlev vendió en 2010 su participación en la empresa por una suma que ha sido estimada en cerca de US$6.500 millones.

Aparte de la vertiginosa velocidad con la que creó su fortuna, su apasionante vida personal es foco de interés de las revistas del corazón en Europa. Se casó con Elena Rybolovlevna a mediados de los 80, cuando apenas era un médico convertido en inversionista. Según The New York Times, la pareja incluso estuvo 11 meses en la cárcel, cuando Dmitry fue acusado del asesinato de uno de sus competidores. Lograron la libertad gracias a que los cargos fueron retirados, pero Rybolovlev tuvo que salir exiliado de Rusia para Suiza debido a amenazas contra su vida. Entonces era ya el más importante accionista de la compañía Uralkali. Elena y Dmitry tuvieron dos hijas; la mayor, Ekaterina Rybolovleva, tiene hoy 24 años y ya es referencia obligada en el jet set internacional. Recientemente, Ekaterina compró la isla griega Skorpios, famosa porque fue propiedad de Aristóteles Onassis. La hija menor de Dmitry y Elena tiene apenas 12 años.

En 2009, la felicidad que mostraba la pareja Rybolovlev quedó expuesta como una simple fachada, pues Elena solicitó el divorcio. En este proceso, que todavía está pendiente de fallo, ella pide cerca de US$5.700 millones como compensación tras la separación. Dentro de sus demandas solicitó la propiedad de un apartamento de Nueva York que Rybolovlev compró por US$88 millones en 2011, a través de un encargo fiduciario a nombre de su hija Ekaterina. En su argumentación ante la Corte, Elena aseguró estar cansada de la infidelidad de su marido, especialmente por las juergas que él armaba en el yate de la pareja. Las revistas del corazón estiman que esta será una de las rupturas matrimoniales más costosas de la historia.

Tras la venta de Uralkali, Ribolovlev se dedicó a comprar finca raíz y otras propiedades por todo el planeta (ver recuadro). Una de sus adquisiciones fue el club de fútbol AS Mónaco en 2011.

La operación en la cual James y Falcao terminarían pasando a la nómina del AS Monaco se gestó en una comida en la casa de Jorge Mendes, ubicada en la exclusiva urbanización La Finca del sector Pozuelo de Alarcón, en Madrid, uno de los más lujosos de la capital española. Es esa misma zona viven, además de Mourinho y Ronaldo, Iker Casillas, el cantante Alejandro Sanz y el principal dirigente del Atlético de Madrid, Miguel Ángel Gil. Allí, Mendes presentó a Falcao con Rybolovlev. Al parecer hubo química entre todos y se dio inicio al proceso que culmina con el traspaso de los colombianos al Mónaco.

Financistas y especuladores

La compra de James y Falcao tiene un enorme significado en el negocio internacional del fútbol. Los conocedores ven estas operaciones como ejemplos de una nueva tendencia en el balompié profesional, donde hábiles financistas han encontrado la manera de apropiarse de grandes talentos y, de paso, lograr enormes ganancias. Son especuladores financieros que buscan la valorización rápida de los jugadores. En el camino les prestan dinero a los clubes para renovar sus nóminas, a cambio de unas estrictas condiciones de pago. Si los clubes no logran cancelar sus obligaciones, ellos se hacen a porcentajes crecientes en la propiedad de los derechos económicos de los jugadores y entonces el negocio ya no es tan bueno para todos.

El fenómeno ha adquirido una magnitud tal, que ya se convirtió en motivo de preocupación para las directivas de la Uefa y la Fifa. Estas organizaciones ven el tema como algo grave, pues desvirtúa la relación entre jugadores y clubes y abre paso para que un solo inversionista, dueño de jugadores en múltiples clubes, quede ubicado en el centro de un conflicto de interés cuando esos clubes se enfrentan. Nuevas reglas están en estudio para hacer más difíciles las transacciones financiadas con este tipo de recursos.

De momento, es común que las cotizaciones de jugadores jóvenes se disparen en corto tiempo. La tendencia se explica por la entrada de los fondos de inversión al mundo del fútbol, que han descubierto que es posible lograr utilidades extraordinarias, transfiriendo jugadores de un equipo a otro.

Los derechos económicos representan la apuesta de algún representante o empresa en la formación de un futbolista. “Yo, por ejemplo, cuando compro los derechos de un jugador joven, invierto $26 millones y durante uno, dos o tres años le pago al chico los guayos, el transporte, le facilito su inclusión en el mundo del fútbol”, explicó un agente colombiano. Esa apuesta puede ser exorbitantemente rentable, si logra venderlo por US$1 millón.

En este modelo, la idea es acelerar la rotación de los jugadores, pues cada vez que hay una transacción el jugador se valoriza y aumentan las ganancias. En principio, parecería que esta modalidad puede ser beneficiosa para todos: los clubes acceden al dinero necesario para fichar jugadores que fortalezcan la nómina y así ganar campeonatos; los jugadores hacen visibles sus habilidades ante el mercado y mejoran sus ingresos; y los inversionistas pueden hacer sustanciales utilidades.

Sin embargo, en la práctica, el arreglo está lejos de ser ideal para todos. En Europa, en particular, los equipos han estado acosados por los malos resultados financieros que vienen con la crisis económica. Eso ha puesto en evidencia las fisuras del modelo. Por una parte, los precios se disparan, lo que hace difícil mantener una nómina de calidad. Por otra, el apalancamiento implica riesgos, como le ocurrió al Atlético en el caso de Falcao. Cuando las cosas salen mal, un club puede ver comprometida su situación financiera si adquiere exceso de deuda a la hora de vincular a un jugador o, por lo menos, las utilidades no son tan exorbitantes como muchos creen, pues al final del día quedan en manos de los inversionistas privados.

Justamente, la deuda explica el afán del equipo español por salir del delantero colombiano a pesar de los excelentes resultados deportivos de Falcao. De ahí que desde finales de 2012 abundaran las versiones sobre una posible transferencia.

Lo de Falcao demuestra lo que puede ser un jugador como vehículo de inversión: empezó su historia europea en US$7 millones, cuando pasó del River Plate al Porto en 2009. Este equipo lo vendió en US$51 millones al Atlético de Madrid en 2011. Y ahora, con la venta al Mónaco, su valor está en US$58 millones. En cuatro años, sus derechos deportivos se valorizaron más de 700%.

Esta carrera al alza de precios es posible porque los fondos ofrecen a los clubes la posibilidad de financiar las compras. La Fifa ya ha tomado cartas en el asunto: en diciembre de 2011 empezó a investigar al fondo Quality Sport Investment, creado por Jorge Mendes y Peter Kenyon. El fondo ofrecía una rentabilidad garantizada de 10% anual para inversiones no inferiores a US$1,3 millones (un millón de euros).

La preocupación de la Fifa es que nadie distinto a un equipo de fútbol puede tener propiedad sobre los derechos federativos de un jugador. Los contratos de fútbol son entre deportistas y equipos y no debería haber allí influencia de terceros.

Sin embargo, para hacerle el quite a la prohibición Fifa, apareció un nuevo concepto, el de la compra de los ‘derechos económicos’, que equivale al costo de rescindir anticipadamente el contrato entre un jugador y un equipo. La figura de los “derechos económicos” permite el “endoso” de los derechos federativos. Así, los traspasos de jugadores se asemejan a operaciones de derivados, pues involucran montos altos de deuda y atomización de la propiedad. Por ejemplo, según se ha especulado, el Atlético de Madrid, que en principio fue propietario de 100% de los derechos federativos de Falcao, al momento de la venta al Mónaco apenas tendría 10% de los derechos económicos del jugador, porque el resto estaría a nombre de inversionistas privados.

A pesar de los amagos de prohibición por parte de la Fifa y la Uefa, esta modalidad de contratación tiene pocas probabilidades de cambiar, pues tanto los equipos como los jugadores, y por supuesto los fondos, están interesados en que el modelo continúe. Los equipos ven los riesgos, pero también se dan cuenta de que, si no tuvieran acceso al dinero de los fondos no podrían competir por jugadores estrella. Para clubes que vienen en crecimiento, como el Atlético, esto hace la diferencia que les permite medirse de igual a igual con grandes como el Real Madrid.

Por eso, los fondos siguen perfeccionando su modelo. Doyen Sports, por ejemplo, creó Doyen Global, una división que se encargará de manejar los derechos de imagen de los futbolistas, donde se han vinculado especialistas como Simon Olivera, quien maneja la imagen de David Beckham, y Mathew Kay, quien tiene entre sus clientes a Cristiano Ronaldo y José Mourinho.

Lo cierto es que este modelo funciona, mientras otras modalidades tradicionales no han logrado el mismo éxito. Por ejemplo, el chileno Colo-Colo, salió a la bolsa en 2005, pero su acción fue retirada en 2012 por no registrar la bursatilidad mínima. Una salida a bolsa es un proceso largo y engorroso, con posibilidades de fracasar. El apalancamiento con fondos de inversión, aunque también riesgoso, es una opción rápida.

En el largo plazo, la única alternativa es generar talento propio, lo que le ha funcionado a equipos como el alemán Borusia. Sin embargo, esto exige consistencia y lo que menos tienen muchos clubes: tiempo y paciencia.

La venta de Falcao y de James es una gran noticia para el fútbol colombiano y una prueba de que los deportistas nacionales se pueden desempeñar en los escenarios más exigentes. Al final, sin embargo, está la pregunta de qué le queda de todo esto al deporte nacional. El caso de Falcao ilustra lo que puede convertirse en tendencia, en un escenario donde el deporte se mueve al ritmo de los grandes capitales: el talento que se va sin haber sido siquiera explorado por los clubes colombianos. En nuestro país, Falcao solamente jugó en Lanceros, en la Primera B, pues de allí salió para River Plate. Millonarios tuvo opción de compra sobre Falcao cuando él tenía 15 años, pero decidió no usarla y el jugador se fue a Argentina.

Los fondos de inversión son una realidad en el mundo del futbol actual. Contribuyen a crear estrellas y a hacer más interesante la competencia entre los equipos que llegan a la cúpula, pero también hacen más grandes las distancias entre ellos y la gran mayoría, que no tiene acceso a estos talentos y además pierden rápidamente a sus figuras jóvenes. Es, sobre todo, un negocio, donde las ganancias claramente se las están llevando unos pocos.

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