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| 10/7/2012 3:00:00 PM

El día después

Problemas de legitimidad para el nuevo gobernante en un escenario de conflicto social y ajuste económico, serán los temas fundamentales para Venezuela tras las elecciones presidenciales.

Se define el nombre de quien conducirá los destinos de Venezuela durante los próximos seis años. Tanto el presidente Hugo Chávez como el candidato de la oposición, Henrique Capriles, desplegaron toda su artillería ideológica, logística y financiera para ganar el favor popular. La meta: conquistar un caudal electoral de 19 millones de personas, de los cuales 1,8 millones son jóvenes.

Aparte de debatir sus propuestas, los candidatos entraron en una carrera de ataques personales. Cada uno de ellos sabe ya quiénes son sus votantes seguros. La meta era conquistar al esquivo grupo de los indecisos, los llamados ‘ni ni’, que representan cerca de 24% del potencial electoral.

Los indecisos guardan la llave de la victoria. Podrían darle a Chávez un triunfo holgado, pues las encuestas le dan 17 puntos de ventaja frente a Capriles.

En Colombia quienes siguen la elección saben que lo más importante ocurre "el día después", cuando comienza una “nueva normalidad” en Venezuela y se sabrá si el ganador cuenta con la gobernabilidad necesaria para ejercer su puesto.

Problemas por todas partes

“No importa si gana Chávez o Capriles, allí no se acaba la confrontación”, asegura Ronald Rodríguez, investigador de la Universidad del Rosario. En el plano político, el reto del nuevo presidente será enfrentar la polarización. En el económico, los desafíos incluyen un ajuste inaplazable en materia cambiaria, con una devaluación no inferior a 30%; el recorte del gasto público, y control del déficit fiscal. Los tres temas económicos implican decisiones impopulares, con consecuencia para la gobernabilidad del nuevo mandatario.

Si gana Chávez, la expectativa es que habrá una profundización del actual modelo de control de precios y cambios, una política más dura en seguridad alimentaria, mayor enfoque hacia Mercosur y prioridad en sectores de infraestructura, particularmente vivienda, que le ha dado buenos réditos políticos.

Un triunfo de Chávez también fortalecería la dependencia de Venezuela frente a las importaciones, lo que generaría nuevas oportunidades para los empresarios de nuestro país. Así mismo, podría aumentar la salida de capitales desde Venezuela. Datos no oficiales calculan que la fuga de capitales venezolanos en los últimos diez años se acerca a los US$250.000 millones.

Por su parte, un triunfo de Capriles implicaría la adopción de incentivos para mejorar la productividad de las empresas, flexibilización del esquema cambiario (con la inevitable devaluación), el regreso de Venezuela a la Comunidad Andina de Naciones y al Ciadi, el tribunal internacional que resuelve las diferencias entre empresas. Este escenario tendría ventajas para las empresas colombianas, y claridad para hacer negocios.

El director de la encuestadora Datanálisis, Luis Vicente León, explica que el triunfo de Chávez profundizaría el control del Estado y agudizaría la ineficiencia en el abastecimiento y la producción local, contribuyendo a un alza de las importaciones públicas.

En opinión de León, no hay escapatoria al ajuste estructural en 2013, incluyendo devaluación y control del gasto. Con un Capriles ganador, León ve inminente un proceso de negociación, cambios moderados en el arranque de su gestión, continuidad en el control cambiario con algunos ajustes de flexibilización en el sistema y construcción de vínculos con el sector militar.

Las cosas podrían complicarse para el nuevo mandatario si se presentara un escenario de precios bajos del petróleo. En Venezuela, 90% de los ingresos por exportaciones corresponden al sector petrolero y las ventas de crudo representan 50% de los ingresos del Estado.

Magdalena Pardo, presidente de la Cámara Colombo-Venezolana, cree que este será el tema determinante para el nuevo gobierno, pues precios bajos implicarían tener un estado menos boyante, obligado a reducir sus gastos e importaciones.

Roberto Cajamarca, ex asesor de la embajada de Colombia en Venezuela, también cree que los precios del petróleo son la variable fundamental. Si Chávez gana y el precio del petróleo es alto, se profundizaría el modelo socialista, pero si los precios bajan, habría un freno en el modelo y vendrían las medidas de ajuste.

En caso de que sea Capriles el ganador, en un escenario de precios altos del crudo su gobierno tendría que hacer una transición con énfasis en lo global, pero si los precios bajan, habría inestabilidad y serias amenazas para la gobernabilidad.

Para el vicepresidente de servicios globales de Control Risk, Daniel Linsker, en el corto plazo a Colombia “le conviene más Hugo Chávez porque, más allá de ser el nuevo mejor amigo, su salida del poder podría generar inestabilidad y violencia. Pero es indudable que a largo plazo sería mejor que ganara Capriles, porque recuperaría la institucionalidad en la relación”.

El tema es legitimidad

En el plano político, María Luisa Chiappe, exembajadora de Colombia en Venezuela, cree que el reto será garantizar la legitimidad del nuevo gobierno, bien sea porque Chávez gana y la oposición desconoce el resultado, o porque Capriles gana y los chavistas no estén dispuestos a reconocerlo y entren en abierta rebelión.

“Un eventual triunfo de Capriles podría llevar a tres escenarios: el más negativo sería el de una feroz oposición, con unas fuerzas armadas que desconocerían su legitimidad. Habría un segundo escenario, en el que Chávez reconoce su derrota y se va a ocupar un alto cargo en organismos internacionales –y no afecta la gobernabilidad–. Finalmente, un escenario de recaída en la enfermedad de Chávez provocaría una división en su partido”, aseguró durante un foro del Instituto de Ciencia Política.

El triunfo de Chávez, que para muchos se da por descontado, no resuelve las cosas. Aunque en julio anunció que “está curado” del cáncer que padece hace más de un año, la posibilidad de nuevas complicaciones de salud siguen.

Independiente del resultado, Venezuela se acerca a un periodo de ajuste en lo económico e inestabilidad en lo político, donde el nuevo presidente tendrá que dedicar atención al fortalecimiento de su legitimidad. En cualquier escenario electoral, es necesario reconocer que habrá Chávez para rato, pues el mandatario seguirá jugando un papel muy importante en las relaciones binacionales.

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