| 2/19/2014 8:00:00 PM

Delfines y ahijados

Marcharse del Congreso no implica para senadores con arraigo electoral una renuncia a su poder. Incluso quienes tienen suspendidos sus derechos civiles y políticos por efectos de una condena judicial buscan un pariente o buen amigo que les cuide su capital político en el Congreso. Estos son casos representativos.

Dilian Francisca Toro, expresidente del Congreso, envuelta en un proceso por presunto lavado de activos, apoya la aspiración al Senado de Roosevelt Rodríguez Rengifo, su fórmula para Cámara de Representantes en las elecciones de 2010. Su relación está guiada por una férrea disciplina política.

César Tulio Delgado, hermano del gobernador del Valle, Ubeimar Delgado, decidió dejar el Senado. Al dar un paso al costado, se dedicó a impulsar la campaña de su sobrino Mauricio Delgado, exconcejal de Cali. Entre los tres han ido constituyendo una casta conservadora en su departamento.

Piedad Córdoba, destituida e inhabilitada por la Procuraduría, mira con esperanza la candidatura al Senado de su hijo Juan Luis Castro Córdoba.

Juan Fernando Cristo se va del Congreso, pero se ha empleado a fondo en la campaña de su hermano Andrés. El hermano mayor espera haberle abonado el terreno a su eventual sucesor con su gestión como último presidente del Congreso en el periodo que termina y su trabajo parlamentario, en el que se destacó como ponente de la Ley de Víctimas.

Piedad Zuccardi
está respondiendo en juicio ante la Corte Suprema de Justicia, pero espera que la próxima curul de su dinastía política, con centros de poder en Bolívar y Sucre, esté reservada para su hijo Andrés García Zuccardi. El joven es hijo del también dirigente político Juan José García Romero y sobrino de Álvaro García Romero, sentenciado por la Corte Suprema.

Javier Cáceres dejó su silla vacía cuando la Corte suprema lo envió a prisión, pero ha puesto su caudal electoral al servicio de su hija Luz Estela, que hizo pinos en la política como diputada a la Asamblea de Bolívar. Los cuadros de campaña de la joven son similares a los que respaldaron a su padre en la época rutilante en la que se destacó en sus debates de control político bajo el lema “chuzo para los corruptos”.

Fuad Char, pese a su silencio, es considerado un cacao dentro del Congreso por su influencia. Esta vez se correrá a la vera del camino para darle paso a la aspiración de su hijo Arturo, quien ya había estado en la cámara alta en 2006. Los resultados obtenidos por ambos, particularmente en la Costa, sugieren que el heredero le aportará una alta votación a la lista de Cambio Radical.

Karime Motta espera que sus votantes del pasado apoyen ahora a su exesposo Eduardo Pulgar. Su relación personal no ha interferido en la relación partidista y, según sus allegados políticos de Barranquilla, ella no olvida que fue él quien la catapultó electoralmente. Pulgar ha enfrentado problemas: la Procuraduría lo sancionó cuando fue concejal y el Partido Liberal le negó su aval para estos comicios. Pero él confía en sus votos cautivos.

Plinio Olano declinó en su empeño inicial por la reelección después del duro trauma que ha supuesto para él el encarcelamiento de su hermano, el exrepresentante a la Cámara Germán Olano, por el caso del carrusel de los contratos en Bogotá. También se desgastó con un proceso de pérdida de investidura del que salió airoso. Su patrocinio político será para su amigo y actual representante a la Cámara, Ángel Custodio Cabrera.

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