| 8/18/2016 12:00:00 AM

Así se convirtió EPM en una multilatina pública

Desde que Empresas Públicas de Medellín se transformó en empresa industrial y comercial del Estado, su meta ha sido convertirse en Grupo Empresarial.

El 1º de enero de 1996, y en cumplimiento de lo dispuesto por las Leyes 142 y 143 de 1994, Empresas Públicas de Medellín (EPM) –fundada en 1955– comenzó a operar como Empresa de Servicios Públicos (ESP) de carácter público y no privado, como era la usanza en la época.

En medio de los debates en el Concejo Municipal y las voces en favor y en contra de lo que en Medellín los ciudadanos y líderes cívicos consideraban el “primer paso de un proceso de privatización”, EPM inició el cambio de su naturaleza jurídica para ser una empresa industrial y comercial del Estado.

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Contra viento y marea, la decisión final en ese momento fue mantener a la empresa en el dominio público y al municipio de Medellín como único dueño. El Concejo promovió y dictó normas para el funcionamiento de la entidad, y con estas bases inició en 1997 la transformación interna.

Su meta entonces fue convertirse en grupo empresarial. Para marchar en esa dirección, construyó el primer ‘edificio inteligente’ que tuvo la ciudad –y el país–, el Edificio EPM, en el sector de La Alpujarra.

En 1998, después de la trascendental decisión, EPM prestaba servicios de telefonía, energía, acueducto, alcantarillado y comenzó con el servicio de gas natural domiciliario por red. Hoy, a través de Emvarias, que ingresó al Grupo en 2013, también participa en el negocio de aseo.

Un año más tarde, en 1999, con el Acuerdo 002, el Concejo Municipal incluyó en los estatutos el manejo y mejoramiento del medio ambiente como parte del objeto social de EPM, y cambió el nombre del servicio telefónico por el de telecomunicaciones. El negocio de telecomunicaciones fue escindido en 2007, cuando se constituyó la filial UNE EPM Telecomunicaciones y hoy es una empresa aparte.

En 1998, EPM tenía un patrimonio de $8 billones, sus ingresos alcanzaban los $912.500 millones, aunque en ese periodo las utilidades sufrieron una disminución como consecuencia de la devaluación.

Los efectos del entorno macroeconómico también los ha vivido la empresa en diferentes épocas. Recientemente, por ejemplo, recibió cuestionamientos de sus críticos por lo que consideran preocupante: el aumento en el nivel de la deuda por la devaluación y desaciertos en algunos de los negocios que tiene en Centro y Suramérica.

Las voces críticas también se escucharon en 2003, cuando inició el proceso de adquisición de empresas nacionales para consolidarse como grupo empresarial.

Hoy ya cuenta con 11 filiales nacionales: Cens, Essa, Chec, Edeq, Emvarias, Aguas Nacionales, Aguas de Occidente, de Malambo, de Urabá, Occidente, Atrato y 6 filiales internacionales, tras la incursión en el exterior iniciada en 2010: Ticsa en México, Eegsa en Guatemala, Delsur en El Salvador, Ensa en Panamá, Aguas Antofagasta y el Parque Eólico Los Cururos en Chile.

La experiencia con energías alternativas de EPM se remonta a 2004, cuando iniciaron en firme la operación del proyecto piloto del parque eólico Jepírachi en la Alta Guajira, para aportarle 19,5 megavatios al Sistema Interconectado Nacional.

Por ser un negocio que demandaba altas inversiones en cambios tecnológicos involucrados, en 2007 EPM hizo la escisión del servicio de telecomunicaciones, que fue la base para la constitución de UNE EPM Telecomunicaciones.

Seis años después de esa movida, en 2013, firmó un contrato que permitió la fusión entre UNE y Millicom. Con esa transacción se concretó una solución de largo plazo para darle sostenibilidad al negocio.

En 2013 constituyeron EPM Chile para apalancar el plan de crecimiento en Suramérica, capitalizaron a la mexicana Ticsa, experta en construcción y operación de plantas de tratamiento de aguas, pasos trascendentales en el proceso de consolidación del Grupo como una empresa multilatina.

El proceso de transformación permitirá mayores sinergias entre las empresas que lo conforman y que ofrecen servicios públicos en los sectores de energía eléctrica, gas natural, agua potable, saneamiento básico y tecnologías de la información y la comunicación.

El Grupo EPM genera 40.000 empleos directos e indirectos en los ocho países donde está presente y presta servicios públicos domiciliarios a 20 millones de personas (13 millones en Colombia y 7 millones en Centroamérica). La meta es convertirse en una de las 50 empresas más grandes de América Latina en 2020, y la diversificación ha sido la estrategia para disminuir riesgos y hallar oportunidades de negocios.

No obstante la expansión internacional, adelanta en Colombia proyectos como la Hidroeléctrica de Ituango, que forma parte del plan general de inversiones 2017-2019, por $7,2 billones, y para cuya ejecución acaban de firmar un contrato de crédito bilateral por US$300 millones con la Agencia de Crédito a la Exportación de Canadá, con un plazo de cinco años y que será desembolsado en el lapso de 12 meses.

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El gerente general de EPM, Jorge Londoño De la Cuesta, destacó la operación porque le permite a la empresa diversificar sus fuentes de financiación y demuestra “la confianza y reputación que tiene EPM en el ámbito financiero internacional” y la credibilidad de las entidades financieras.

De hecho, al presentar los principales resultados financieros de la empresa correspondientes al corte de mayo de 2016, Londoño De la Cuesta destacó que durante los primeros cinco meses de este año solo EPM obtuvo ingresos operacionales por $2,9 billones –un crecimiento de 17%–; el Ebitda alcanzó los $396.000 millones con un margen de 13% y las utilidades netas ascendieron a $225.000 millones, con un margen de 12%.

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