| 1/19/2012 7:00:00 AM

Cómo invertir su dinero

Mientras no haya mayor certeza sobre el rumbo de la economía mundial, lo mejor es la prudencia en materia de inversiones.

Quizás se trate solamente de la influencia de las profecías mayas que anuncian el fin del mundo para 2012, pero la verdad es que los mercados financieros globales están interpretando los hechos de los primeros días de enero como augurios de cosas malas que vienen. Los indicadores parecieron mejorar durante un breve lapso, pero la descalificación de la deuda de los países europeos volvió a despertar el pesimismo.

En las dos primeras semanas de enero, los mercados mostraron ganas de comenzar el año con optimismo y se aferraron con fe a los datos positivos que salían de las economías desarrolladas. Al tiempo que se percibían señales de recuperación en Estados Unidos, los infortunios de Europa parecían suavizarse gracias a nuevas colocaciones de deuda de países europeos a menores tasas de interés y a que el Banco Central Europeo anunció que había logrado reprimir una contracción del crédito.

Pero la felicidad no duró mucho. El viernes 13 de enero, Standard & Poor’s (S&P) le quitó a Francia y a Austria su preciada calificación AAA, al tiempo que a España y a Italia los bajó de tajo dos escalones. Alemania, Luxemburgo, Países Bajos y Finlandia se salvaron de la tijera y siguen con la máxima nota, aunque a los tres últimos les pusieron perspectiva negativa. A esto se sumó un nuevo revés de Grecia, pues se rompieron los diálogos que ese país mantenía con los bancos para reestructurar su deuda. Inmediatamente, los mercados volvieron a moverse como en una montaña rusa.

Todo indica, entonces, que 2012 será un año marcado por la incertidumbre para la economía global, tal y como lo fue 2011. Quizás ahora es más grave, pues existe una mayor carga de escepticismo frente a la posibilidad de encontrar soluciones. El año anterior, cada semana los mercados amanecían a la espera de esa reunión definitiva de los líderes globales en la que por fin se conocería el rumbo. En 2012, va quedando menos y menos credibilidad sobre la posible efectividad de esas soluciones.

La bola de cristal


Aunque los observadores no coinciden en las cifras que esperan para el desempeño económico de este año en la economía global, el pesimismo es la norma. Ya en septiembre pasado el Fondo Monetario Internacional (FMI) escogió titular su informe de proyecciones con la frase Crecimiento lento y riesgos al alza. Allí estimaba que en 2012 el mundo crecería 4%, Estados Unidos 1,8%, la Zona Euro 1,1% y los emergentes 6,1%. Estos números ya habían sido reducidos frente a la proyección de junio y es probable que vuelvan a bajar el 24 de enero, cuando el FMI presente la actualización de sus estimativos.

Por su parte, el Economist Intelligence Unit (EIU) se muestra aún más pesimista, pues ve al mundo creciendo 2%, a Estados Unidos 1,3% y a la Zona Euro sometida a una contracción de 1,2%. A América Latina le asigna un avance de 3,5%. Esa proyección del EIU supone que la Zona Euro sobrevive, pues en caso de acabarse las cuentas serían peores.

Otro pesimista es el premio Nobel Joseph Stiglitz. Considera que, si bien es posible que Estados Unidos resuelva sus problemas políticos y adopte estímulos para reducir el desempleo a 7% o 6%, es muy poco probable que en Europa se den cuenta de que solo con medidas de austeridad no van a resolver sus problemas. Por el contrario, cree que la austeridad va a acelerar la recesión.

¿Qué tan negativa va a ser la situación?


La profundidad de la desaceleración depende de muchos factores. En primer lugar está el desenvolvimiento de la crisis europea. El acuerdo de diciembre pasado para llegar a unas reglas de austeridad presupuestal no se ha concretado aún en medidas y tiempos precisos.

Ahora, la decisión de S&P crea una nueva barrera a la cooperación entre Francia y Alemania para buscar soluciones a la crisis. La calificación de los bonos de la Eurozona, los cuales hacen parte del paquete de soluciones, depende de la calificación de los países emisores. La reducción de la calificación de Francia hace que aumente el costo de recibir esos bonos para Alemania. Si se produce la salida de Grecia de la Unión y, en consecuencia, ocurre un efecto dominó y una corrida de activos en otros países, como Portugal, el desequilibrio entre Alemania y Francia hará que sea aún más difícil atender la situación.

El desenlace europeo afectará todo lo demás. Si la crisis es muy fuerte en Europa, los intereses de las empresas norteamericanas en ese continente se verían afectados y esto perjudicaría la recuperación de Estados Unidos. Si los problemas bancarios asociados a ese escenario se reflejan en una contracción de crédito de escala global, los países emergentes se verían afectados.

Al otro lado del mundo, la situación de China también genera grandes expectativas. Definitivamente, este gigante asiático se está desacelerando. La gran pregunta es si logrará un aterrizaje suave o si, por el contrario, su proceso será más parecido a un frenazo en seco. En el primer trimestre de 2011, China creció 9,7%, en el segundo 9,5%, en el tercero 9,1% y en el cuarto 8,9%, para un total de 9,1%. La expectativa es que el PIB chino suba 8,25% este año, pero habrá que ver si ese nivel será suficiente para mantener elevados los precios de las materias primas y no golpear a países que, como Brasil y Colombia, son altamente dependientes de esas exportaciones.

¿Qué hacer?


Ante la incertidumbre, prudencia. Mientras aparece una solución real al problema europeo y se aclaran las tendencias en Estados Unidos, lo mejor es una estrategia defensiva que le apueste a la liquidez.

Las inversiones en pesos parecen ser la apuesta más segura. Las buenas perspectivas de crecimiento del país, la percepción que tienen los mercados financieros internacionales respecto a la calidad del manejo económico de Colombia, y el aumento de las exportaciones y la inversión extranjera, llevan a esperar que continúe la tendencia a la revaluación del peso. Hay una creciente expectativa respecto a que la calificación del país será mejorada este año, lo que refuerza las perspectivas de un dólar entre $1.750 y $1.800.

Ese sería el escenario básico. De todas formas, es necesario tener en cuenta que un descalabro europeo llevaría a los inversionistas del mundo a buscar la seguridad en los Bonos del Tesoro de Estados Unidos (un flight to quality) que causaría un aumento de la cotización del dólar en los mercados financieros internacionales y, por ende, una presión devaluacionista sobre el peso, al menos durante la etapa más aguda de la crisis.

Por lo anterior, las inversiones en renta fija puntean alto en las recomendaciones. El año pasado, la renta fija, y en particular los títulos de deuda TES, rentaron entre 5% y 9%, y se espera que este año también tengan un buen comportamiento. Se recomiendan los papeles indexados a la DTF o a la inflación, se espera que el Banco de la República suba más sus tasas y eso valoriza la renta fija. Otra alternativa son las inversiones en fondos inmobiliarios, los cuales rentaron más de 10% en 2011.

Si usted tiene preferencia por riesgo y está dispuesto a invertir a largo plazo, las acciones también son una opción, pues tras la caída del año pasado están a buenos precios para el comprador en Colombia, Estados Unidos y los países emergentes, en particular en el Mercado Integrado Latinoamericano (Mila) y Brasil.

Otra alternativa a considerar son los vehículos no tradicionales de inversión, como los fondos de capital privado o las carteras colectivas que ofrecen comisionistas y fiduciarias, las cuales apuestan por activos agrícolas, de infraestructura, facturas y hasta hoteles. Es indispensable, en estos casos, hacer un trabajo profundo de investigación sobre la calidad de los administradores, ante los antecedentes de fraude en casos como Factor Group y Proyectar.

La volatilidad de los primeros días del año indica que es necesario maximizar la prudencia. Con todo respeto por los Mayas, el mundo no se va a acabar y los inversionistas tienen que pensar en lo que va a pasar después de 2012. La principal tarea es proteger los activos hasta que la economía mundial logre salir de la encrucijada.


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