| 2/19/2014 8:00:00 PM

Las variables

Cinco variables para calificar la gestión de un congresista

1. CONTROL POLÍTICO

El control político ejercido por el Senado cobró forma en 68 debates convocados entre el 20 de julio de 2010 y el 16 de diciembre de 2013. La lista de citantes la encabezaron Juan Lozano, con 12 proposiciones, y Jorge Robledo, con 11. Hernán Andrade, Antonio Guerra de la Espriella y Óscar Lizcano descollaron también estadísticamente en este frente. Las bancadas de oposición, encabezadas por el Polo Democrático, superaron numéricamente a los partidos y movimientos que integran la Mesa de Unidad Nacional.

Sin embargo, no solamente fue considerado el número de debates convocados, sino que la calificación le concedió un mayor peso específico a la calidad del debate, a su ponderación y a sus consecuencias, reflejadas, por ejemplo, en la reformulación de políticas públicas o ajustes a la legislación en temas específicos.

Los debates que no contribuyeron a la postre a encontrar soluciones a los problemas planteados fueron calificados con un puntaje menor, incluso cuando generaron opinión o escándalo mediático. No fueron tenidos en cuenta por los expertos aquellos ejercicios de control político en los que solo se advertía una intención obstructiva. Así mismo, se le dio especial valor a aquellas discusiones que sirvieron para considerar a fondo temas ligados a la política macroeconómica y a la situación del sector real de la economía.

2. INICIATIVA LEGISLATIVA

La iniciativa legislativa de los senadores se tradujo en la aprobación de 349 proyectos, 281 de iniciativa parlamentaria y 68 originados en el Gobierno. De ellos, 11 sufrieron traspiés en el control constitucional por parte de la Corte o fueron objetados por el Gobierno. Los principales logros fueron alcanzados con la evacuación de iniciativas ligadas al propósito de la reconciliación nacional. Entre ellos están la Ley de Víctimas y el Marco Jurídico para la Paz.

Otras iniciativas terminaron convertidas en auténticos desastres y resultaron costosas para el Congreso en términos de imagen y credibilidad. El monumento al mayor error parlamentario lo constituyó una pretendida reforma a la justicia que fue previamente negociada con quienes serían sus beneficiarios.

El número de leyes aprobadas no fue tomado como un indicador de eficiencia. Los evaluadores consideraron que no podía serlo en un país con una inflación legislativa que contrasta con la poca eficacia de sus normas.

En cambio, los calificadores tuvieron en cuenta al evaluar esta variable aquellas iniciativas que en realidad llegaron a llenar vacíos legislativos y a darles, por ejemplo, armonía y coherencia a normas que estaban dispersas, como era el caso de aquellas que podrían resultar útiles para llevar a buen puerto el proceso de paz. Las nuevas normas de protección a las víctimas resultaron vitales.

3. PROCESOS EN CONTRA

Las investigaciones contra congresistas son uno de los principales factores de descrédito del órgano legislativo. No es un asunto de poca monta que 40 parlamentarios hayan sido condenados penalmente por la Corte Suprema de Justicia durante los últimos cuatro años, que nueve estén compareciendo en juicio y que se hallen en curso 127 indagaciones de carácter preliminar que podrían convertirse en procesos formales. Tampoco lo es que estén pendientes de fallo en el Consejo de Estado 14 procesos de pérdida de investidura por posibles violaciones al régimen legal de inhabilidades e incompatibilidades.

Hay importantes zonas geográficas que han visto afectada su representación política por esta causa. Entre los congresistas bajo investigación penal hay 61 de la región Caribe, 26 de Antioquia y 12 de Santander. 15% de ellos son senadores.

Esta es la razón por la cual se valoró especialmente el comportamiento de aquellos senadores que no están incursos en investigaciones de este tipo o que, si bien lo estuvieron en algún momento, consiguieron demostrar su inocencia y no fueron procesados por falta de mérito real para ello.

4. ASISTENCIA

La asistencia a la sesiones es valorada como indicador básico, en un Congreso donde el vicio del ausentismo sigue vivo. Probar que un congresista faltó a una sesión es un asunto complejo. No consiste tan solo en verificar que no contestó a lista, sino en demostrar que su ausencia no tuvo justificación válida. Hace falta también demostrar, a instancias de un proceso largo y lleno de recursos, que incumplió inconsultamente con el deber mínimo de hacerse presente en el recinto.

Por eso, los reglamentos de las Cámaras hacen una sutil distinción entre “falta” y “ausencia”. Eso explicaría por qué ningún congresista ha sido despojado de su investidura por ausentarse de su trabajo. Tampoco ninguno tiene registradas en actas las ocho faltas que constituirían la causal para que el Consejo de Estado los relevara de su curul. En los registros campean las excusas de todo orden que convierten las que podrían ser faltas en simples ausencias.

Algunas excusas están bien sustentadas, como aquellas respaldadas por certificados médicos que indican, por ejemplo, que el senador Efraín Torrado ha sido sometido a dos tratamientos complejos durante su gestión. O que Armando Benedetti tuvo que dedicar el tiempo necesario a la atención de su pequeño hijo que sufrió serios quebrantos de salud. Otras plantean situaciones dudosas en las que, de todas maneras, se aplica el principio de la buena fe. Hechas esas salvedades, Dinero consultó 176 actas de control de asistencia para calificar esta variable.

5. PARTICIPACIÓN

La calidad del debate es, sin duda, una variable cualitativa y subjetiva. No se trata únicamente de mirar cuántas veces intervino un senador, sino de considerar sus aportes a la discusión de un proyecto. Eso fue lo que hicimos, con la ayuda de los expertos. Cuando entregaba los documentos requeridos mediante el derecho de petición, el secretario general del Senado, Gregorio Eljach, comentó que no le parecía justo que al evaluar la calidad de los debates los medios se fijaran solo en las intervenciones de los senadores en la plenaria y dejaran en segundo lugar, según él, sus actuaciones en las comisiones especializadas. “La mayoría de los periodistas –dijo- cuestionan el famoso pupitrazo e inducen a la audiencia a creer que aquí se aprueban leyes como por encargo. Ignoran que la mayoría de los proyectos que recibieron voto de confianza en la plenaria es porque fueron intensamente trabajos en las comisiones”.

Por consideraciones de ese mismo orden, la calificación tuvo en cuenta las intervenciones en ambos escenarios, plenaria y comisiones. Eso explica por qué algunos senadores que aparecen en el ranking de los mejores no tuvieron una febril actuación en las plenarias: ya la habían tenido, a fondo, en sus células respectivas.

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