| 8/21/2013 6:00:00 PM

Adiós a la banda cambiaria

Así fue la jornada en que el país decidió liberar el precio del dólar. El fin de toda una era de la política económica en Colombia.

La cúpula de las autoridades económicas se encontraba fuera del país cuando se cocinó uno de los más grandes cambios de la historia económica reciente de Colombia: la liberalización del tipo de cambio.

El 24 de septiembre de 1999, el gerente del Banco de la República, Miguel Urrutia, varios de los codirectores de la entidad y el ministro de Hacienda, Juan Camilo Restrepo, se encontraban en Washington, listos para participar en la asamblea anual del Fondo Monetario Internacional (FMI).

Mientras tanto, en Colombia la especulación con el dólar estaba disparando el precio de la divisa a niveles récord. Desde el decreto 444 de 1967, hasta el sistema de bandas vigente en ese momento, el Banco Emisor había jugado un rol fundamental en fijar el precio del dólar en la economía colombiana durante 32 años. Pero el país estaba a punto de iniciar una nueva era.

La crisis económica que reventó en 1999 puso contra las cuerdas a todos los agentes económicos y obligó a las autoridades a idear un paquete de medidas que implicaba no solo ajustes fiscales, por la vía de reducción de gastos y aumento de impuestos, sino también compromisos con el FMI, como el de flexibilizar el mercado de divisas, lo que permitiría concentrarse en la tarea de reducir la inflación.

Para ello se había diseñado un plan de ajuste con el Fondo Monetario, que sería anunciado oficialmente en octubre o noviembre de 1999. La idea era permitir una transición sin mayores contratiempos. Pero los hechos de aquel viernes les hicieron cambiar los planes a las autoridades, adelantándolos casi dos meses.

Desde las primeras semanas de septiembre de 1999, entre los agentes del mercado se rumoraba que el gobierno Pastrana y el Emisor adoptarían medidas trascendentales y por eso muchos especuladores empezaron a apostar contra la posición oficial. Entre 1998 y 1999, el Emisor tuvo que vender US$1.700 millones de las reservas internacionales para defender los topes cambiarios que había establecido.

El viernes en que el final de esta historia se precipitó, la meta de los especuladores era llevar la divisa por encima de los $1.994,49 que era el techo de la banda. Si las autoridades no hubieran respondido, el precio de la divisa se hubiera podido elevar hasta la estratosfera, generando escasez de divisas y un choque para una economía que estaba sobreendeudada en el exterior y que a diario tenía que cumplir obligaciones con los prestamistas extranjeros.

La noticia sobre el alboroto en el mercado cambiario les llegó al ministro de Hacienda, Juan Camilo Restrepo, y a todos los miembros de la Junta que estaban en Washington. El hecho de que estuvieran en la capital gringa demuestra que no se estaba esperando el desenlace de esta historia de manera tan repentina. Ante la urgencia de adoptar medidas, todos tuvieron que retornar al país de manera extraordinaria, pues esperar hasta el lunes podría haber resultado costoso.

Por eso, Urrutia, gerente del Banco; Restrepo, ministro de Hacienda, y los codirectores Roberto Junguito y Leonardo Villar tuvieron que contratar un vuelo chárter para que los trajera de Washington a Bogotá.

“Tuvimos que pagar con nuestras tarjetas de crédito. Pero aun así, lo que recogimos no nos dio para un avión elegante”, explicó Miguel Urrutia. Por eso, el vuelo tuvo que hacer escala en la Florida. La junta extraordinaria fue convocada para el sábado 25 de septiembre; el encuentro resultaba completamente extraordinario, pues la tradición señalaba que la junta solo se reunía los viernes.

El hoy gerente del Emisor, José Darío Uribe, entonces gerente técnico de la entidad, tuvo que elaborar en tiempo extra un memorando técnico que daba soporte a la liberalización del tipo de cambio.

La Junta fue convocada de manera tan urgente, que el encargado de citarla cometió el error de llamar a la superintendente Financiera del momento, Sara Ordóñez. Aunque la presencia de Ordóñez se había hecho habitual en las reuniones de la Junta, pues la crisis financiera había estallado un año atrás, si en los encuentros de la Junta trataban temas relacionados con el dólar, Ordóñez no tenía participación; ese era un asunto del estricto resorte del Emisor.

La Superintendente llegó en ropa deportiva y se sorprendió cuando vio a todos los dignatarios de la Junta en corbata, pues no le fue notificado el contenido de la reunión. “Ordóñez tiene una personalidad fuerte, entonces apenas le dijimos que tenía que retirarse, ella respondió que no y tuvimos que aceptarla en esa Junta”, explicó Urrutia. Así, la Superintendente se convirtió en testigo de excepción de las trascendentales medidas.

La decisión histórica quedó refrendada ese sábado, ante la opinión pública, en una rueda de prensa en la que participó toda la Junta Directiva del Emisor. A pesar de los malos augurios, el dólar no se disparó y, por el contrario, mostró una tendencia a la revaluación en las siguientes sesiones. Tanto el Ministro, como los otros miembros de la Junta, tuvieron que volver a Washington para cumplir con la agenda en el encuentro mundial del Fondo. En Colombia se iniciaba una nueva era en la política monetaria: la del combate frontal contra la inflación.
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