| 7/13/2010 12:00:00 AM

Una francesa abanderada del cine colombiano

Dinero & Estilo habló con Annouchka de Andrade, una cinéfila francesa que llegó al país hace cinco años para trabajar en la promoción del cine francés en Colombia, Bolivia, Perú, Ecuador y Venezuela, y en la promoción del cine de estos países en Europa, en especial en Francia, donde aún es poco conocido. Declara que desde que asumió el cargo de agregada audiovisual en la Embajada de Francia en Bogotá –cargo del cual en agosto próximo se despide– se enamoró del cine colombiano y, por esta razón, se podría decir que se ha convertido en su ángel guardián. Con todo el orgullo, ha recorrido Francia tocando las puertas de los profesionales del sector para que descubran el maravilloso mundo que se esconde detrás de las producciones colombianas. Gracias a esto, hoy las cintas del país son esperadas con ansias cada año en el Festival de Cannes; sin duda, uno de los más importantes del mundo.

– ¿Cómo encontró el cine colombiano cuando asumió la agregaduría audiovisual en 2005?

La verdad, lo conocía muy poco. Así que lo primero que hice fue ir a la Embajada de Colombia en París para que me ayudaran con una selección de películas. Me vi todas las producciones de los últimos años y me encantaron. Sin embargo, las encontré violentas y con escenas de sexo muy duras. Pero, poco a poco, comencé a notar cómo las películas empezaron a salirse de la descripción de la realidad colombiana, explorando géneros como el de terror, con películas como Al final del espectro. La creación, sin duda, se ha enriquecido y hoy hay un nuevo cine, con una generación de jóvenes promisorios que hablan de lo que quieren, más allá de la violencia.

– ¿Frente a los otros países andinos, cómo encuentra el cine colombiano?

Indiscutiblemente, Colombia es el país que tiene la cinematografía más desarrollada. Si bien en Venezuela se hacen muchas más películas por el mayor apoyo del gobierno para la producción, su calidad no es tan buena. Las películas colombianas son mucho más interesantes y su talento y calidad es superior. Por esta razón, he podido motivar a los franceses a que hagan coproducciones con Colombia, así como he logrado que el cine colombiano hoy tenga un lugar en el Festival Internacional de Cine de Cannes.

– ¿Cuáles cree usted que han sido los determinantes del desarrollo del cine colombiano en los últimos años?

La ley del cine de 2003 es una maravilla. Si bien las inversiones para apoyar la producción de cine ahora son más altas, gracias al fondo cinematográfico que se creó y a los incentivos tributarios para el sector privado que se dieron, este no es el resultado más interesante. Lo interesante fue el trabajo de David Melo, director de cinematografía del Ministerio de Cultura de ese entonces, que junto con el Fondo Mixto de Promoción Cinematográfica y Proimágenes en Movimiento, empezaron a desarrollar el cine desde el guión, pasando luego por toda la cadena: producción, postproducción y promoción, apoyando la participación de los directores en los festivales internacionales. Este último aspecto es muy importante, pues los extranjeros no sabían nada de Colombia, ni de su cine, y tener la oportunidad de hablar con el director en carne y hueso les cambió complemente el panorama.

– ¿Cómo logró que Colombia llegara a Cannes?

Cuando llegué a Colombia me di cuenta que no había una presencia regular del país en Cannes. Así que la primera tarea que me propuse fue buscarle un espacio. Me tomó dos años, pero lo logré. En 2007 organicé un homenaje al cine colombiano en el festival, un día entero dedicado a Colombia. Para esto tuve que luchar contra la decisión del director del festival de querer a Québec en el homenaje. Me parecía absurdo, pues el cine de Québec no necesitaba promocionarse, ya todos lo conocían, en cambio el colombiano no, y finalmente lo convencí. Con la Dirección de Cinematografía buscamos plata por todos lados, escogimos siete películas inéditas en Francia, las tradujimos al francés y nos fue muy bien, logramos que el mundo descubriera a Colombia y que Colombia se diera cuenta de que en Cannes había un mercado para sus películas.
Desde entonces, Colombia participa con un stand y compra espacios en sala para la proyección de películas a los potenciales compradores.
Además, Colombia participa en la selección oficial. En 2009, por ejemplo, nos fuimos con Los viajes del viento, de Ciro Guerra, que ganó el Premio Ciudad de Roma ‘Arco Iris latino’.

– ¿Qué hace a Cannes tan importante?
En el mundo hay tres festivales de cine importantes: Berlín, Venecia y Cannes. Lo que hace a Cannes diferente es el mercado. Los países tienen la posibilidad de un stand y un espacio en sala para que los productores promuevan sus últimas películas y encuentren un distribuidor que las compre. Así, lo más interesante de Cannes no es el tapete rojo, sino las proyecciones diarias para los profesionales del sector. El mercado es el verdadero valor del festival, no la competencia de las 50 películas seleccionadas.

– ¿Qué es lo que más le ha gustado del cine colombiano en todo este proceso?

La vitalidad de directores y productores. No le tienen miedo a nada. Francia es un país más viejo en su mentalidad y eso se ve en el cine. Me parecen increíbles casos como el de Camilo Matiz y su película 1989, un joven sin ningún pasado cinematográfico que logró con un e-mail que el actor estadounidense Vincent Gallo viniera de incógnito a Bogotá a hacer su película. Cuando vi 1989 quedé sin voz, y pensé, “la quiero para Cannes”. La envié al director de la semana de la crítica el año pasado y fue la película de clausura del festival, con un éxito rotundo.

– ¿Qué cree usted que falta para que el cine en Colombia termine de despegar?

La ley del cine es un buen inicio. Pero, hay que trabajar más en la formación. También hay que trabajar más en traer a Colombia festivales de cine de otros países, pues es muy difícil proponer cosas nuevas, enriquecerse y hacer mejor cine si no se tiene la oportunidad de ver algo diferente. En este sentido, hay que apoyar también a los distribuidores, para que traigan películas extranjeras diferentes a las de Hollywood, sin miedo a que no sean exitosas. Por otro lado, no comparto con quienes dicen que la plata es una barrera. Eso no puede ser una excusa para no despegar. La plata se consigue. El productor tiene que tocar puertas, tanto en el sector público como en el privado, a nivel nacional e internacional.
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