| 7/13/2010 12:00:00 AM

El jazz suena en New Orleans

La capital de Luisiana reúne cada año a lo mejor del jazz de todas las latitudes para rendir homenaje a un género musical nacido de una coincidencia de culturas y que ha influenciado diversos ritmos alrededor del mundo.

El pasado 23 de abril, Nueva Orleáns acogió de nuevo el New Orleans Jazz & Heritage Festival, evento internacional que reúne a los exponentes más importantes de la escena musical. Desde 1970, el Jazz Fest, como también se lo conoce, está dedicado a la música nativa y a la cultura de Nueva Orleáns, abarcando los diversos géneros que han hecho parte de su historia. Blues, gospel, folk, soul, latin, rock, rap, country, bluegrass, afrocaribe, cajún y, por supuesto, muchísimos tipos de jazz, entre contemporáneos y tradicionales, hacen parte de su extensa programación anual.

Caracterizado por la libertad y la improvisación, el jazz siempre ha estado abierto a compartir sus melodías con otros ritmos. De ahí su influyente papel en múltiples géneros como el bossa nova y, también, que el festival reciba a artistas de otros estilos que aparentemente no tendrían nada que ver con él. Para entender estos procesos, es necesario remitirse a su historia y descubrir por qué el jazz transformó, quizás como ningún otro género, todas las músicas que lo rodearon.

La fusión de las culturas

Como el nombre del festival lo indica, el jazz es patrimonio cultural de la ciudad y, si bien este género surge como tal a principios del siglo XX, sus raíces profundas se encuentran sobre todo en los ritmos ancestrales de la cultura africana y de las melodías europeas. El motivo del encuentro de estas dos culturas fue poco feliz. El desarrollo industrial de los siglos XVIII y XIX en Estados Unidos requirió mano de obra para los campos de algodón y hacia ellos fueron llevados desde África millones de esclavos. En Virginia y Luisiana todo para ellos fue destierro, trabajo forzado y pobreza.

Las canciones de espiritualidad y entretenimiento africano se fusionaron ineludiblemente con canciones de trabajo, su nuevo quehacer. Poco a poco, las nuevas melodías religiosas traídas a América por los inmigrantes europeos fueron también ejerciendo influencia en esas canciones. Así, de estar inmersos en la realidad de la esclavitud nació, en el siglo XIX, el blues, un nuevo género musical que expresaba a través de un canto triste de un trabajador pobre de color, ese presente sin futuro y una historia de desarraigo. Más tarde, el blues evolucionaría de un canto a un diálogo entre una voz y un banjo y, luego, entre una voz y una guitarra. Son cantos con ritmos regulares y repetitivos, que mantienen hasta la actualidad esa estructura básica, tanto musical como lírica:

Well, my bad luck is falling, Falling down like rain
Bad luck is falling, Falling down like rain
No matter what I do, Seems like
my luck won’t never change

En Nueva Orleáns, la interacción de culturas afroamericanas y europeas fue particularmente importante. Inclusive, los afros de la ciudad gozaban del uso de los instrumentos de percusión provenientes de Europa, práctica que estaba prohibida en muchas ciudades de los estados del sur de Estados Unidos. Más adelante, tuvieron también acceso a los instrumentos clásicos como el violín y el contrabajo. Así, las danzas y rituales propios de África que, gracias a la no prohibición, ya eran tradicionales en los mercados de Nueva Orleáns, se entrelazaron con las melodías y orquestas de origen clásico europeo.

La guerra de secesión (1861-1865), que incorporó la instrumentación y el ritmo de trompetas y redoblantes de las bandas militares para dar origen a una primera etapa del jazz, también dejó desempleados y excluidos socialmente a muchos afros que vieron en la música un medio de sustento y formaron agrupaciones que acompañaban fiestas, entierros o marchas políticas. Luego, hacia el final del siglo XIX, este género dio un gran paso cuando las bandas de cornetas, clarinetes y trombones comenzaron a improvisar. De esta manera nació la polifonía del jazz, es decir, la combinación armónica de sonidos individuales simultáneos. Sin educación musical formal, cada individuo aportaba a estas agrupaciones los sonidos particulares de su propia cultura.

El jazz se popularizó no solo en las fiestas sociales, sino también en las calles nocturnas. Fue allí donde comenzaron a formarse las bandas como las conocemos hoy, o como las imaginamos: en un bar de Nueva Orleáns, detrás del denso humo del tabaco, músicos interpretando una melodía de contrabajos y banjos, al ritmo de una batería de pocos cuerpos.

Es así como el jazz nació de esa libertad otorgada en la emancipación. El jazz es libre porque adquirió y transformó, quizás como ningún otro género, todas las músicas que lo rodearon. El jazz es libre porque una de sus principales características es la improvisación. El blues en cambio, sigue una progresión musical más básica, más esperable, menos sorpresiva.

Jazz de exportación

El jazz de Nueva Orleáns transcendió su propia ciudad, trasladándose a Chicago y a Nueva York, donde el apetito por este género fue creciendo hasta cobrar vida comercial aproximadamente en 1915. En medio de las bandas donde imperaba la polifonía, comenzaron a distinguirse algunos intérpretes y nació el talento del músico solista, el virtuoso del jazz, como sucedió por ejemplo con Louis Armstrong.

El jazz llegó a evolucionar en docenas de corrientes: el swing, más bien orquestal, del que fue un gran exponente Duke Ellington, quien fuera una de las figuras más importantes del primer Jazz Fest en 1970; el estilo bebop, con el gran saxofonista, Charlie Parker, protagonista del relato de Julio Cortázar El Perseguidor; cool jazz y el jazz fusión, estilos entre los que transitó el trompetista de vanguardia Miles Davis, y el estilo hard bop al cual pertenece el disco de solos Blue Train de John Coltrane.
Varias mujeres han hecho historia en el jazz. Entre ellas se destacan Ella Fitzgerald, Billie Holiday, Sarah Vaughan y Norah Jones, una exponente popular del jazz moderno que resume, a su modo, muchas de las épocas de este género.

El jazz y otros géneros

No solo el jazz se vio influenciado por lo clásico, sino viceversa. Daniel Bareinboim, uno de los mejores pianistas y directores de orquesta de la actualidad, da testimonio de ello interpretando a Ellington; Debussy, el clásico francés también encontró en el primer jazz, el ragtime, un oasis creativo. Por su parte, Paganini, el diabólico violinista clásico, tenía en el fondo un espíritu de jazz ya que nunca tocaba dos veces una pieza de la misma manera.

Otra fuerte influencia es la que ejerció el jazz sobre el bossa nova, movimiento musical que surge en Río de Janeiro en los años 50 a partir de la mezcla de ese género y de la samba característica de Brasil por iniciativa del compositor, cantante y pianista Alfredo José da Silva. Así mismo, muchos artistas del rock y el pop como David Guilmour, guitarrista de Pink Floyd, han adoptado algunas prácticas del jazz, como las improvisaciones, a la hora de componer.

Si bien a lo largo de las décadas el jazz fue evolucionando y generando influencia recíproca con otros ritmos, Nueva Orleáns se ha mantenido como el referente de las vanguardias. Esto es lo que se aprecia cada año en el Fair Ground Race Course de esa ciudad, la pista automovilística donde se realiza el Jazz Fest, convocando en doce escenarios, a lo mejor del jazz clásico y contemporáneo, el blues, el gospel y otros géneros de la música mundial. Exponentes de la talla de Ellis Marsalis; géneros tan diversos como el folk de Simon & Garfunkel, el rock de Pearl Jam y el soul de Aretha Franklin, son solo una parte de la programación de este año con la cual se demuestra que el jazz ha sido y será un género libre en donde confluyen diversas músicas y culturas.
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