| 1/12/2011 8:30:00 AM

Subir el mínimo: cinco en política, cero en manejo de pobreza

La decisión podría favorecer solo a unos 511.000 trabajadores y dejaría por fuera a 8,6 millones de los 18,9 millones de trabajadores colombianos que gana menos del mínimo. “Con el aumento se condena a la mayoría de la fuerza laboral al desempleo o a la informalidad”.

El gobierno anunció la expedición de un decreto que sube en 4% el salario mínimo legal para 2011, en lugar del 3,4% que había establecido hace unos días. La decisión les pareció tremendamente desacertada algunos de los mejores economistas laborales del país. Se quejan de que el aumento del mínimo no les ayuda a los más pobres del país.

“Debemos entender de una vez por todas que los más pobres ni siquiera pueden acceder a un trabajo formal”, dijo el economista y consultor internacional Jairo Núñez.

“Es un error institucional y un error que va en contra de los pobres”, señaló con vehemencia Hugo López, el economista Con más experiencia en el análisis del mercado laboral colombiano.

El gobierno puede hacer varios aumentos al año. En muchas ocasiones hubo dos y hasta tres aumentos, recuerda el abogado laboralista, Mauricio López . “Lo que pasa es que eso no sucedía desde hace muchos años”, dijo.

Un mal precedente
“¡Monumental error que el gobierno abra ese boquete!”, dijo el economista laboral Jairo Núñez. Teme que más que por la cifra, el cambio crea un precedente. “Cada vez que aumente la inflación por encima de lo esperado los sindicatos pedirían una renegociación. De por sí es un error institucional -además de exótico- hacer ajustes anuales que conlleven aumentos de todos los bienes y servicios”, afirmó.
Por ejemplo, en Estados Unidos se hacen cada vez que se ha perdido una cantidad suficiente del salario.

Se pregunta por qué no se ajusta el mínimo cuando el aumento de sueldos supera por mucho la inflación. En 1999, dice, el salario aumentó 16% y la inflación iba a un ritmo de 9% . “En 2008 tampoco se hizo nada cuando los empresarios quedaron ahorcados con un aumento real de 5,7%”.

También se queja de que la decisión se tomó con los datos equivocados. “La inflación de los más pobres que se elevó 3,57% no corresponde a los trabajadores de salario mínimo, que pertenecen a los deciles 4 a 7. Los más pobres reciben ingresos de subsistencia que dependen de la relación capital/trabajo y puesto que el trabajo aumentó y el capital se mantuvo constante (razón por la cual la productividad se redujo 0,5% como lo mostró DNP en las negociaciones) sus ingresos se vieron deteriorados”, dijo.
“Debemos entender de una vez por todas que los más pobres ni siquiera pueden acceder a un trabajo formal como para que los sindicatos jueguen y hagan demagogia con ellos”.

Beneficia a 500.000 trabajadores
Para el economista Hugo López, la decisión tampoco es acertada. “¿Un nuevo aumento este año?: ¡No!”, dice enfático el economista laboral Hugo López.

“Los colombianos creemos que subiendo el mínimo real les ayudamos a los más pobres. Los pobres dependen de trabajos informales; Lo único que hacemos es fomentar la evasión en las microempresas y en las firmas grandes fomentar el reemplazo de trabajadores poco educados por personas con estudios superiores. Estamos condenando la gran masa de la fuerza laboral al desempleo o a la informalidad”, señala el economista antioqueño con franqueza.

Además, apoya sus apreciaciones en los siguientes números.

· “Colombia en el primer semestre del año pasado tenía 18’866.000 trabajadores. De ellos, 8’588.000 (el 46%) gana menos de 0,95 salarios mínimos diarios (incluído allí la parte proporcional del dominical). ¿A quién le importa la suerte de estos colombianos?”
· “Trabajadores no amparados por la norma legal (10’101.000). El alza del salario mínimo no incide sobre sus ingresos porque no tienen patrón. De ellos, 6.485.000 (el 64%) ganan menos del mínimo y devengan ingresos medios de ¡0,28 salarios mínimos mensuales!”
· “Trabajadores amparados por la norma legal (8’764.000). De ellos 2’103.000 (el 24%) ganan menos de un salario mínimo. Su ingreso medio es apenas 0,49 salarios mínimos mensuales. El alza en el mínimo no los favorece porque ya son objeto de evasión”.
· “El alza en el salario mínimo incide muy poco sobre los ingresos de los amparados legalmente y que ganan más que el mínimo. Su salario no tiene que subir 4%; puede subir menos, no subir o bajar. En teoría podría (no necesariamente) favorecer solo a los protegidos legalmente y que ganan alrededor de ese mínimo, que son unos 511.00 trabajadores”.

Propuestas fuertes
“No me parece que de 3,4% a 4% vaya a generar un desempleo impresionante”, dice la economista de la Universidad de los Andes, Raquel Bernal. “Lo importante es no generar unos incrementos reales desproporcionados como pasó en la recesión de 99/00”, señala.

Con ella concuerda el investigador de Fedesarrollo y columnista de Dinero.com, Mauricio Olivera. “Me parece bien el aumento del salario mínimo. Es necesario ajustar la capacidad de consumo. Me parece bien que el aumento esté acorde con el IPC. Creo que un aumento un poco superior no afectaría mucho”, dice.

Sin embargo, advierte que mientras no se implementen reformas que solucionen los problemas estructurales del mercado laboral, el desempleo y la informalidad van a persistir. “Los costos y sobre todos los sobre costos salariales, son problemáticos para la generación de empleo y para la generación de empleo formal. Por eso reformas a la fuente de financiación que remplacen los parafiscales me parecen importantes, aunque políticamente son muy difíciles de implementar”, dijo.

Con esto están de acuerdo todos ellos. Hay que tener mejores instrumentos para mejorar la eficiencia del mercado laboral. “Por el lado de la demanda, creo que debería darse una discusión profunda sobre si la seguridad social debería cargarse sobre el empleador y el empleado, o debería financiarse por otra fuente (es decir, reformas a lo “Barack Obama” que inclusive se discutieron durante las campañas presidenciales)”, señala Mauricio Olivera.

Sobre la oferta, considera que se debe trabajar en la formación técnica y tecnológica y de educación para el trabajo, lo que implica revisar y reformar el papel del Sena. “Creo que en términos de educación Colombia ha tenido logros importantes en cobertura, pero se ha quedado atrás en calidad, y en educar para al trabajo, y enfatizar en estas dos dimensiones de la educación es importante”, manifiesta Mauricio Olivera.

Con mejor educación, se lograrían aumentos en productividad, y eso permitiría que el salario se pudiera ajustar por la inflación y también por este factor.

Por su parte, Raquel Bernal piensa que vale la pena considerar seriamente la propuesta de diferenciar el salario mínimo de acuerdo a tipos de empleados. “Por ejemplo, la variación del IPC es diferente por regiones, en algunas zonas del país se podría vivir con un salario mínimo más bajo y se generaría más empleo. El salario mínimo único nacional no considera esas diferencias que podrían ser grandes y en general, podrían significar disminuciones importantes del desempleo”, afirma.

Jairo Núñes por su parte propone que Colombia debería adoptar una fórmula como la que usan los países desarrollados: cada vez que se pierde el poder de compra del aumento anterior se vuelve a negociar. “Así, el aumento de 1999 hubiera aguantado hasta el 2002 y el de 2008 todavía aguantaría. ¡Mi punto está en que no se puede renegociar cuando los trabajadores pierden, y dejar de hacerlo cuando el sector informal, los desempleados y los empresarios pierden!”, concluye.

La decisión de aumento del mínimo está tomada, pero también está abierto el debate sobre lo que se debe seguir haciendo con el mercado laboral colombiano. Incluso para aprovechar la ayuda que puede darle al empleo el plan de reconstrucción que emprenderá el gobierno bajo la dirección del actual presidente de Bancolombia Jorge Londoño.

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