| 9/30/2015 5:00:00 AM

¿Se equivoca Thomas Piketty respecto a la desigualdad?

Su libro "El Capital del Siglo XXI" se convirtió en un fenómeno global al alertar sobre la deriva del actual sistema económico. Pero, ¿y si un cambio demográfico mundial y la tecnología equilibraran inesperadamente la situación?

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BBC
Las tres últimas décadas han supuesto grandes cambios en la economía global.

Tres tendencias son las que han predominado: caída de las tasas de intereses, débil crecimiento salarial y una creciente desigualdad.

El último punto lo documentó el economista francés Thomas Piketty en su inesperado superventas "El Capital del Siglo XXI".

Pero, ¿están dichas tendencias a punto de revertirse? ¿Se equivoca Piketty al preocuparse por el aumento de la desigualdad?

Un nuevo informe del banco de inversión Morgan Stanley, en el que participa el antiguo economista jefe del Banco de Inglaterra Charles Goodhart, señala que podría ser así.

Para los autores, la verdadera historia de la economía mundial desde 1970 se encuentra en la demografía.

El mundo entró en lo que denominan "un dulce punto demográfico" que tuvo profundas consecuencias económicas, pero que está llegando a su final.

Este punto dulce comenzó en las economías avanzadas en 1970, ya que las personas nacidas en el "baby boom" -la explosión de natalidad de la posguerra en algunos países- entraron como fuerza laboral en medio de una era de caída de las tasas de fecundidad y una creciente longevidad.

El crecimiento de la población mundial marchaba a un buen ritmo del 2% anual entre los años 1970 y 1980, pero se desaceleró desde 1990.

De manera crucial, la cantidad de personas en edad de trabajar creció relativamente respecto al número de niños (impulsada por una caída de la tasa de fecundidad) y a los ancianos.

A pesar de que la población creció, el porcentaje global de personas en edad de trabajar aumentó desde un 55% a mediados de la década de 1960 hasta aproximadamente un 65% en el cambio de milenio.

Esta recompensa demográfica del mundo avanzado se alimentó de una manera importante de la entrada de China y del antiguo bloque soviético en la economía mundial después de 1990.

Según las cifras de Morgan Stanley, la fuerza de trabajo ha crecido más del doble en el espacio de apenas dos décadas.

Eso fue, en la jerga económica, un enorme y positivo shock para la oferta mundial de mano de obra.
Como he dicho antes, el mundo en que vivimos hoy fue formado tanto por Mijail Gorbachov y Deng Xiaoping como por Margaret Thatcher y Ronald Reagan.

Pero la entrada del antiguo mundo comunista (o en el caso de China, todavía denominado comunista) dentro de la economía mundial supuso un gran shock que no es probable que se repita pronto.

Mientras tanto, la proporción de la población que está en edad de trabajar avanza a la inversa, con una tasa de natalidad más baja y una, en apariencia, siempre creciente longevidad.

Las previsiones en las economías avanzadas es que caiga desde el 65% de hoy a cerca de un 60% en 2030.

En otras palabras: después de tres décadas, las tendencias demográficas están cambiando.

Después del punto álgido

Morgan Stanley argumenta que esas tres décadas de cambio demográfico llevaron las tres grandes tendencias de la caída real (debido a la inflación) de las tasas de interés, salarios bajos y aumento de la desigualdad.

Si los datos demográficos se invierten, también podrían hacerlo esas tendencias.

Hemos estado viviendo a través de un exceso de trabajo mundial durante décadas. Y ese enorme aumento de la oferta laboral global podría explicar esas tendencias.

Una mayor oferta de mano de obra mundial habrá empujado los salarios a la baja, algo que en un mundo globalizado las empresas han logrado gracias a su capacidad para trasladar la producción a países con salarios más bajos.

El exceso en la fuerza laboral, según Morgan Stanley, también redujo los rendimientos de la mano de obra en relación con los rendimientos del capital lo cual (en igualdad de condiciones) han contribuido para aumentar la desigualdad.

El "punto dulce demográfico" también puede haber impulsado las tasas de interés más bajas.

Un informe del banco Morgan Stanley sostiene que la excesiva oferta de mano de obra bajará a partir de ahora conllevando un aumento de los salarios.

Tanto a través de la creación de un impacto deflacionista a través de crecimiento de los salarios más débil y por medio de un aumento global de ahorro (los hogares de China y las empresas ahorraron cantidades extraordinariamente altas de sus ingresos en relación con los de las economías avanzadas) empujaron las tasas de interés a la baja.

El final del "punto dulce" -que puede haber comenzado ya- podía dejar todo esto atrás.

El fin de la sobreoferta mundial del trabajo podía traer una subida de los salarios reales a medida que los rendimientos del trabajo descienden, un cambio en el comportamiento global de ahorro que a medida que la población envejece podría empujar las tasas de interés de una manera significativa por primera vez en décadas.

Y, al mismo tiempo, si los rendimientos de la mano de obra en relación con el capital comienzan a remontar, podríamos empezar a ver la caída de la desigualdad.

Esto no sólo demostraría que el profesor Piketty está equivocado, sino que también representa un gran cambio estructural en la economía global.

¿Nos preocupamos por lo correcto?

El factor que podría cambiar el análisis anterior es el que Morgan Stanley describen como "agnóstico": la innovación tecnológica. Como apuntan, es difícil de predecir y a veces incluso más difícil de medir.

Tanto si Morgan Stanley está o no en lo cierto sobre el cambio demográfico, hay pocas dudas de que el panorama demográfico mundial está cambiando de forma relativamente rápida.

En las economías avanzadas, el envejecimiento de la población y el descenso de la natalidad significan que la tasa de dependencia (la relación entre las personas en edad de trabajar frente a los mayores y jóvenes) está aumentando fuertemente.

La demografía importa. Y una mirada a las proyecciones para las economías avanzadas es suficiente para que preguntarse si una de las grandes preocupaciones económicas del día está sobre la mesa.

En vez de preocuparse por los "robots que nos quitan nuestro empleo" (la preocupación de que la tecnología está destruyendo puestos de trabajo más rápido de lo que podemos adaptarnos), tal vez sería mejor que nos preocupáramos porque "los robots no están tomando nuestros puestos de trabajo lo suficientemente rápido".

Porque frente a una población que envejece y una relación de dependencia creciente, unos cuantos robots trabajadores más podrían ser muy útiles.

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