| 9/7/2015 5:00:00 AM

Dos formas de ver una realidad: el mundo no volverá a crecer como en los últimos años

El Fondo Monetario Internacional lleva dos años aceptando que se pifió cuando predijo una recuperación del crecimiento a los niveles de pre-crisis y no previo que la recuperación iba a ser no solo lenta sino que esa débil situación era más permanente y menos transitoria.

La forma de aceptarlo es que han sido recientemente pronosticandas menores tasas de crecimiento por varios años y una alerta sobre la caída del crecimiento potencial. La forma de maquillarlo ha sido proponiendo que el siguiente año, el 2016, será algo mejor.

En ese sentido 2015 es el tercero en línea que es decepcionante, pues terminará siendo menor al previsto inicialmente y apenas igual al anterior, es decir igual a 2013 y 2014.  Pero el riesgo que hace al FMI salir en septiembre de 2015 a encender sus sirenas es que incluso 2015 a nivel global puede ser peor que 2014 y si fuera por los antecedentes, ese nuevo hito de mediocridad en el crecimiento podría no ser algo transitorio y convertirse en algo común y normal.
 
De la mano al bajo crecimiento mundial también  se estanca el comercio mundial y si los retos de la humanidad son complejos y muy exigentes, en un escenario económico tan débil se convierten en alta incertidumbre y creciente desconfianza.

Dos grandes líneas de pensamiento influyen hoy en el diagnóstico y en las alternativas que se estudian y evalúan para tratar de encender nuevamente el crecimiento mundial. Cada una de las dos formas de interpretación tiene elementos comunes con la otra pero implican acciones muy diferentes. Estas son.

Estancamiento secular

Esta teoría tiene grandes personalidades entre sus referentes como Larry Sumers, que sustentan que si bien la tasa de interés está cerca de 0% en las economías avanzadas, se requiere crear mayor inflación y hacer que la tasa de interés real sea muy negativa para estimular la inversión, desincentivar el ahorro y estimular el consumo por lo que le preocupa que la inflación este tan baja o pueda volverse negativa.

Señala además que hay factores que dificultan la salida de los niveles tan bajos de crecimiento, como el envejecimiento de la población, su propensión a un mayor ahorro, y el creciente impacto de la economía digital que requiere poco capital, por lo que es innecesario tanto ahorro, y junto con el modelo de economía compartida hacer ineficiente tener bajas tasas de interés para promover la inversión empresarial. Por lo mismo reconoce que  sería un grave error subirlas pues después de la crisis las empresas y personas se preocupan más por bajar sus niveles de deuda o ahorrar que por consumir. Predice que las cosas no mejorarán por sí solas y que de no implementarse una solución muy agresiva monetaria y fiscal  el mundo estará condenado al estancamiento.

Subir tasas de interés para crecer


Esta forma de razonar estima que, aunque suene a un contrasentido, las bajas tasas de interés ya no generan crecimiento sino que lo dificultan y lo hacen menos estable. Esta visión es sustentada por el Banco Internacional de Pagos (BIS) al que pertenecen los bancos centrales de la mayoría de países.

Esta posición sugiere que los gobiernos son tímidos para hacer las reformas que mejoran la eficiencia económica por lo que prefieren que la política monetaria estimule el crecimiento a través de la demanda.

Mientras la formula funciona inicialmente, las bajas tasas de interés, el menor ahorro y la mayor crédito no pueden ser sostenibles en el tiempo a menos que los problemas estructurales de la economía sean atendidos con reformas.  La promoción artificial del crecimiento con bajas tasas de interés tiene un límite: el alto endeudamiento y la deficiente asignación de recursos a través de inversiones improductivas. A su vez, las bajas tasas de interés pueden engendrar burbujas de activos que se trasladen a inestabilidad financiera y mayor volatilidad económica.

La coyuntura global es especialmente inquietante y dependiendo que teoría se adopte el crecimiento económico mundial, que va peor al esperado, puede afectarse aún más por un error de política económica. Por ahora lo cierto es que ni el FMI ni los gobiernos deberían tratar de inflar las expectativas de crecimiento que después terminan siendo una frustración y un factor adicional de incertidumbre.
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