| 2/9/2016 12:01:00 AM

El dato de inflación y el miedo a una recesión

Ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas.

Las opciones de política económica para enfrentar la coyuntura son tal vez las más complejas y retadoras que haya enfrentado en todo el siglo XXI Colombia y en especial, desde que adoptamos el esquema de inflación objetivo. Análisis especial sobre relevantes repercusiones económicas y empresariales.

por Daniel Niño Tarazona

El dato de inflación del primer mes del año genera varias reflexiones inquietantes. Primero, el dato de inflación mensual total es el más alto para un mes de enero desde el año 2000. Segundo, supone que ya se acumula un 43% de la meta de inflación de 2016 en solo el primer mes así como el 32,2% del techo de la meta de 4%. Tercero, la inflación del mes de enero en Colombia y el aumento en los alimentos superan a los datos publicados para igual mes en Brasil y dicho país tiene una inflación 12 meses que supera el 10%. Cuarto, el efecto rezago del dólar y el fenómeno de El Niño hace muy probable que la inflación 12 meses en los próximos meses supere el máximo nivel desde 2001, al ubicarse en 7,94% en octubre de 2008.

Pero ese no es el único problema económico que enfrenta Colombia. Peor aún, en gran parte la inflación es producto del choque al alza en tasa de cambio. La aceleración de la inflación en 2015 coincide con la inflación de bienes transables (aquellos que se importan y exportan). Dicha inflación al pasar de 2,28% en enero de 2015 a 7,38% en igual mes de 2016 explica el 37% del aumento en la inflación total en los últimos 12 meses.

La tasa de cambio a su vez es el resultado de la fuerte caída en los precios del petróleo que se observa desde junio de 2014 y que desnuda la muy alta dependencia por productos importados, en especial industriales. Esa alta dependencia significa un alto desahorro interno y un creciente endeudamiento de Colombia con el mundo.

Fuente: Datos Dane 2000-2016, construcción Dinero

Aunque el problema se manifiesta para muchos colombianos en su entorno local, realmente es el producto de una significativa vulnerabilidad externa.

Esa creciente vulnerabilidad es infortunada pues estamos ante una profundización de un gran problema global. El petróleo alcanzó en enero niveles no vistos desde 2003 producto, no solo de un aumento en la oferta de crudo a nivel mundial, sino de un círculo vicioso donde el alto endeudamiento de China eleva el riesgo de una mayor desaceleración y donde la caída del crudo afecta el desempeño de la economía mundial a través de generar condiciones financieras adversas a empresas y países productores exportadores de materias primas. En su mayoría los países emergentes contribuyeron en los últimos años como nunca y en forma mayoritaria con el crecimiento mundial pero ahora están enfrentando creciente debilidad económica.

Estas condiciones financieras adversas son peores que un importante aumento en las tasas de interés en Estados Unidos. Al menos si las condiciones adveras fueran porque la economía americana esta robusta habría un lado positivo en esta historia. Pero al ser producto del deterioro económico y aumento del riesgo no queda lado positivo que contar. En especial como se ha visto desde julio de 2015, cuando implica caídas de las acciones, aumentos en los costos del crédito empresarial, mayores probabilidades de impagos y aumentos en las probabilidades de recesión en varios países del mundo, que tocan ya no solo a países emergentes sino también a economías desarrolladas.

La creciente probabilidad de recesión mundial eleva las probabilidades de recesión en Colombia. Esto significa que la encrucijada que Juan Mario Laserna ha documentado en los editoriales de Dinero va camino de ser compleja, insoportable y severa.

Algunas voces sugieren que la opción de política económica es no subir las tasas de interés y más bien hacer masivas importaciones de alimentos para contener su aumento de  precios, que ya llega al 12,26% y explican el 53% del aumento de la inflación total en los últimos 12 meses.

Pero olvidan que eso agravaría el ya negativo balance externo y aumentaría la vulnerabilidad del país, que por las condiciones externas expuestas podría impulsar una adicional y también  fuerte depreciación del peso, asustar la inversión extranjera y encarecer tanto bienes finales importados como los bienes de capital para la sustitución de importaciones y los intermedios para la elaboración de bienes finales en Colombia.

Conclusiones:

  • Entre los instrumentos de política económica disponibles, todo hace presumible que se deban continuar las alzas de tasas de interés buscando que se pierda más rápido el poder de precios de los empresarios. Hasta dónde subir se hace más complejo e incierto pero no podría llamarse error de política de antemano si en el contexto mundial Colombia termina en una más fuerte desaceleración o recesión.
  • Con las cadenas de suministro globales resulta real que ya no hay depreciaciones competitivas. El juicio de la historia económica colombiana del siglo XXI tendrá que examinar, en detalle y sin simplismos, por qué bajas tasas de interés, baja inflación y menor tasa de cambio no impulsaron la sustitución de importaciones dado que ahora la mayor tasa de cambio va camino de sentenciar que si bien promueve las exportaciones, encarece los bienes intermedios y de capital para producirlas, genera deterioro de la inflación y supone mayores tasas de interés. Es decir, con mayor tasa de cambio parecería estarse dibujando un balance más negativo que positivo para una significativa y pronta sustitución de importaciones.
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