| 11/26/2012 9:19:00 AM

Los daños sociales de los subsidios

La entrega por parte del gobierno de subsidios a diestra y siniestra puede acentuar las trampas de pobreza y la ‘pereza social’ en el país.

Lo gratis puede salir costoso. Los multimillonarios giros que año tras año realiza el gobierno a buena parte de la población de bajos recursos para financiar parte de sus necesidades básicas podría convertirse en una arma de doble filo para la economía y el propio bienestar de los ciudadanos.

Casas gratis, subsidios a la pensión y a la salud, ayudas en alimentación y escolaridad, de empleo y servicios públicos, son solo algunos ejemplos de una economía cada vez más enfocada en la gratuidad. Lo peor de todo es que un 30% de estas ayudas - según un informe del profesor Hugo López- cae en manos de los no pobres, es decir, en personas con ingresos suficientes para vivir de manera independiente, en otras palabras clase media o incluso alta.

Algunas cifras dan cuenta de cómo este tipo de subsidios han aumentado. En 1996 el régimen subsidiado tenía 6 millones de afiliados y este año ya llega a los 23 millones, casi 4 veces más. La asignación presupuestal de Acción Social este año llegó a los $2,7 billones, una cifra similar a lo que recibieron en 2011 las 32 universidades públicas del país.

Tampoco se puede desconocer que buena parte de la población más pobre no puede financiar los servicios de salud o alimentación. También son aceptables las ayudas en casos de desplazamiento o catástrofes naturales como el invierno pasado. Pero la pregunta es si se está haciendo lo suficiente para que estas familias salgan de la pobreza de manera definitiva y prosperen por sus propio medios.

Anif advierte por cuatro grandes peligros que generan la entrega indiscriminada de este tipo de subsidios. El primero de ellos es el desincentivo al trabajo, pues ser pobre y desempleado resulta muchas veces un mejor negocio para más de uno. Eso lleva a que se eleven los niveles de informalidad y que el recaudo tributario resulte afectado, así como el crecimiento económico por cuenta de un menor consumo.

No es un secreto que miles de desempleados cuando consiguen trabajo tratan por todos los medios de seguir en el Sisbén donde las ayudas son muy superiores a cuando se está en régimen contributivo.

El Gobierno afirma que este tipo de mecanismos son eficaces para redistribuir los ingresos y reducir la pobreza. La meta de Bruce Mac Master, director del Departamento para la Prosperidad Social es llegar en enero de 2013 a 2,3 millones de familias en el programa Familias en Acción. “Mas Familias en Acción es un complemento al ingreso. Quien diga que un padre no trabaja porque recibe $100.000, se equivoca”, respondió hace poco en twitter Mac Master al ser criticado por “regalar el pescado pero no enseñar a pescar”.

La gente tiene que sobrevivir, pero hay que mejorar la focalización para sacar los ‘colados’ y lograr un equilibrio sano entre las ayudas y las políticas públicas para que los colombianos salgan de la pobreza.

                                                               
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