| 12/16/2010 8:00:00 AM

Los costos de renunciar al Euro

Volver a su moneda para cualquier país de la Unión Europea, sería difícil pero no imposible. Así que eliminar el euro no es impensable, sólo muy costoso. Por lo tanto, en momentos de tensión algún país podría dar el paso que, aunque costoso, podría poner fin a problemas que aún no tienen solución.

El caos bancario y el malestar social que una conversión de divisas obligada desataría, son algunos de los costos que tendrían que asumir los países que pertenecen a la Unión Europea si decidieran volver a sus monedas y acabaran con el euro.

A pesar de los 85.000 millones de euros de rescate para Irlanda anunciado el 28 de noviembre, la crisis de la zona euro de la deuda es cada vez peor. En mayo de este año, políticos europeos anunciaron 110.000 millones de euros por el rescate de Grecia y la promesa de 750.000 millones de euros en fondos de rescate para toda la zona.

Además de los recursos, presentaron el esquema del Mecanismo Europeo de Estabilidad (ESM), que fue creado como un sistema permanente para hacer frente a crisis de la deuda, que entrará en vigor después de 2013.

Esta vez los mercados no se tranquilizaron y en estos momentos en que la percepción de aumento del riesgo de contagio ha aumentado, cualquier país podría tomar la decisión de dejar la moneda, argumentando que se pueden asumir los altos costos del corto plazo, con tal de mejorar el panorama de los años que vienen.

El proceso es simple, sólo bastaría con presentar una ley que diga que todas las transacciones comerciales, financieras y laborales se pagarán en una nueva moneda, convertida a una tasa fija oficial. Lo complicado vendría después.

Primero que todo, las dificultades técnicas de introducir una nueva moneda nacional, reprogramar los sistemas, la acuñación de monedas y billetes de impresión son enormes. Para la introducción del euro la preparación fue de tres años.

En cambio ahora, la transición tendría que hacerse rápido para evitar un caos financiero, como el que se presentó en Argentina en el 2001, cuando eliminó el dólar como moneda única y obtuvo como resultado un sistema bancario en crisis y una contracción del crédito.

Pasar del euro a la moneda antigua sería un proceso desordenado, a diferencia de lo planeado que fue el paso a la moneda única que se realizó sin ningún problema. La percepción de una ruptura del euro, provocaría corridas bancarias en las economías más pequeñas de la zona de los depositantes que no quieren perder valor en su dinero en el momento de la conversión.

El banco central tendría que distribuir lo más rápido posible los nuevos billetes y monedas. También tendría que fijar las tasas de interés y un objetivo de inflación, para guiar la política monetaria. En cuanto a la tasa de cambio, sea cual sea el que fije el Banco Central de cada país, la nueva moneda rápidamente encontrará un nivel de mercado frente al euro y otras monedas.

La solución para evitar esto, sería imponer controles a los retiros bancarios, a las salidas de capitales, incluso a los viajes al extranjero. Los costos de limitar la circulación del dinero en efectivo, serían una depresión de la economía y aumentar las tasas de interés.

El país que decida salirse también deberá prepararse para los desafíos legales. De acuerdo con lo que sucedió en Argentina, muchos ahorradores demandaron al Estado y a los banco, por las pérdidas que tuvieron que asumir por el cambio a una moneda más débil.

El efecto en Europa sería el mismo, los bancos extranjeros y los fondos de pensiones instalados en las economías débiles, sufrirían grandes pérdidas en las posiciones en bonos denominados en euros. Además de esto, la inseguridad jurídica a la que se enfrentarían los bancos, ahondaría mucho más la contracción del crédito.

La posición de los alemanes

Alemania podría ser el único país en quedar en una situación más cómoda en caso de renunciar al euro. En ese caso, el valor de su deuda en euros sería menor en términos de su nueva moneda, claramente más fuerte. En su lugar, puede optar por pagar las deudas se deprecian con el tiempo.

Sin embargo, el país germano se enfrenta a costos que no podría controlar. Una moneda más fuerte perjudicaría principalmente a la competitividad y por ende los ingresos de los exportadores. Al salir de la zona euro se disminuirían sus clientes, pues los débiles no tendrían con qué comprar productos alemanes más caros.

Por otro lado, Alemania tiene una gran cantidad de activos denominados en euros que, en el evento de tener una nueva moneda, perderían valor. Si a esto se le suma la contracción del crédito en los demás países de la zona, muchas empresas alemanas podrían desaparecer.

Por último, Alemania ya no sería capaz de influir en la política monetaria de la zona del euro, lo que se podría traducir en presiones inflacionarias.

Ahí radica el peligro para el euro. El costo de romper la moneda única sería enorme. En el caos y la recriminación, la supervivencia de la UE y su mercado único se vería en peligro.

Pero al creer que una ruptura no puede suceder, las autoridades de la zona euro tienden siempre a parar debajo de las medidas radicales necesarias para mantener el proyecto en conjunto.

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