| 12/26/2011 9:00:00 AM

La UE multiplicó en 2011 sus esfuerzos, sin éxito, contra la crisis del euro

La Unión Europea multiplicó este año sus esfuerzos contra la crisis del euro, con nada menos que diez cumbres, pero todo ello no ha permitido encontrar la solución a la crisis de la deuda soberana en la zona euro y recuperar la confianza de los mercados.

El último intento por salvar el euro se produjo en este mes, cuando todos los socios europeos menos Reino Unido estuvieron de acuerdo en avanzar hacia un pacto fiscal que garantice el equilibrio presupuestario y limite el déficit estructural anual al 0,5 % del PIB, aunque la manera exacta de transformar el compromiso en ley aún está por determinar.

Desde principios de año se planteó la necesidad de reforzar y flexibilizar el fondo de rescate europeo ante el riesgo de contagio de la crisis griega a países como Portugal, Italia o España.

En marzo se firmó el "Pacto por el Euro" para incrementar la competitividad de la región y vigilar cuestiones como los costes salariales, un acuerdo impulsado por Alemania como condición para aceptar una reforma del fondo, del que es el principal país contribuyente y que suscita importantes reticencias en su electorado.

Los peores augurios se hicieron realidad en abril, cuando Portugal se convirtió en el tercer socio europeo, tras Grecia e Irlanda, en solicitar asistencia financiera debido a la subida incontenible de los intereses de su deuda y al recorte de la solvencia del Estado.

Llegado el verano, las pruebas de resistencia a la banca y la cumbre del 21 de julio en la que se acordó un segundo rescate a Grecia por 160.000 millones de euros, incluida una participación del sector privado de casi un tercio, prometían una pausa estival tranquila, pero nada más lejos de la realidad.

La presión de los mercados sobre España e Italia no hizo sino aumentar y se tradujo en primas de riesgo más altas cada día, lo que dificultó seriamente la financiación de estos países en los mercados y motivó la compra de deuda por parte del BCE.

España se comprometió a modificar su Constitución para limitar el déficit público y garantizar la estabilidad presupuestaria, mientras que Grecia dio un paso atrás en el cumplimiento de su programa de ajuste y reformas estructurales, lo que obligó a la UE y al FMI a retrasar varios meses la aprobación del sexto tramo de ayuda a este país, de 8.000 millones de euros.

La solución a todos los problemas parecía que iba a concretarse en el maratón de dos cumbres celebradas del 23 al 26 de octubre, cuando los líderes europeos acordaron pactar la condonación del 50 % de la deuda griega, dotar al fondo de rescate con un billón de euros, y recapitalizar la banca.

Los mercados reaccionaron con entusiasmo al nuevo paquete de medidas, pero la felicidad duró apenas 48 horas, hasta que el primer ministro griego, Yorgos Papandréu, anunció su intención de celebrar un referéndum para asegurarse de que sus votantes entendían los recortes, pero Papandréu finalmente se quedó sin referéndum y sin cargo.

El Consejo Europeo de los días 8 y 9 de diciembre, más allá de exigir la introducción de la regla de oro en las constituciones nacionales, también acordó adelantar a julio de 2012 el fondo de rescate permanente (MEDE) y combinarlo con el fondo temporal (FEEF) durante un año, así como transferir 200.000 millones de euros al FMI para que pueda ayudar a países en apuros.

Aunque las medidas han sido en general bien acogidas, no acaba de estar claro que vayan a ser suficientes para cerrar la crisis.

"El nuevo pacto fiscal no era necesario en sustancia, pero sí como símbolo para Alemania", opinó Marco Incerti, analista del Centro de Estudios Políticos Europeos (CEPS, con sede en Bruselas), en conversación con Efe.

Según Incerti, se necesita convencer al electorado alemán de que no se darán más ayudas si los países no se comprometen primero a contener el gasto, así como seducir al BCE para que siga comprando deuda soberana.

EFE
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