| 12/9/2015 6:00:00 PM

La oposición venezolana tiene que hacer valer su gran victoria

Debería realizar debates presupuestarios que revelen el verdadero estado de la economía venezolana, publicando datos básicos que han sido ocultados y dejando al descubierto los gastos fuera de presupuesto que han convertido a la petrolera estatal en uno de los fondos para sobornos más grandes del mundo.

Con una asombrosa victoria, la oposición venezolana logró el control de la legislatura del país. Pero para convertir un voto protesta de alcance nacional en una plataforma para un cambio positivo hará falta una unidad y una visión que hasta ahora los ganadores no han demostrado.

La coalición Unidad Democrática, que se opone al gobierno del presidente Nicolás Maduro, dice haber ganado 112 de las 167 bancas, los dos tercios que necesita para tener más poder que el que le daría una mayoría simple, incluida la capacidad para convocar a un referéndum revocatorio. En varios lugares, los resultados oficiales aún no se conocen y no está claro que Maduro vaya a aceptar graciosamente una derrota de graves implicancias.

Aun cuando la coalición se asegure una mayoría de dos tercios, Maduro podría tratar de eludirla. Anteriores victorias de la oposición sucumbieron al equivalente a una finta bolivariana: en 2008, por ejemplo, el presidente Hugo Chávez reaccionó ante la pérdida de la alcaldía de Caracas transfiriendo su presupuesto y su autoridad a un cargo bajo su control.

De hoy al 5 de enero, cuando los nuevos legisladores tomen posesión de sus bancas, Maduro podría disponer medidas para recortar el presupuesto operativo de la legislatura, seguir invadiendo el poder judicial o desviar recursos y autoridad a un gobierno paralelo de las “comunas” que creó su antecesor. Es por eso que los vecinos y amigos, que ayudaron a garantizar una elección limpia, deben mantener la presión en los meses venideros.

El segundo gran desafío que enfrenta la oposición es satisfacer la demanda popular de cambio. Esta sólo controlará una parte del gobierno, después de todo, en un sistema con un ejecutivo fuerte y un poder judicial abúlico. Además, la oposición es un conjunto de más de dos docenas de partidos con ideas distintas sobre cómo resolver las disfunciones económicas que tanto descontento despiertan en sus votantes.

La economía de Venezuela no se arreglará con unos pocos pases mágicos de la varita legislativa. Se necesitará consenso dentro de la oposición –y la disposición a trabajar con Maduro- para llevar a cabo las dolorosas reformas que hay por delante. Para tomar un ejemplo, Venezuela no puede permitirse seguir gastando US$20.000 millones anuales en subsidiar la gasolina más barata del mundo, que beneficia principalmente a los ricos y a un mercado negro transfronterizo. Hasta Maduro quiere solucionar ese problema pero será necesario hacer concesiones a los adversarios para que esto se lleve a cabo debidamente.

La victoria de la oposición al menos abrió algunas posibilidades nuevas para la cooperación… y fisuras en las filas del chavismo. Cuando el 75 por ciento de los votantes venezolanos van a las urnas y dan a la oposición un margen de victoria de 2 millones de votos, es un llamado de atención que incluso a un Simón Bolívar dormido le resultaría difícil pasar por alto.

(Bloomberg View)


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