| 2/27/2016 12:05:00 AM

¿El teatro se está quedando sin público en Colombia?

Ahora, las personas prefieren “ir a la fija” e invertir sus recursos en espectáculos de consumo masivo y ligero como el humor. Foto: Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá.

La industria del teatro tiene el enorme desafío de adaptarse a las nuevas tendencias de consumo sin perder su identidad y calidad características, dado que en el contexto actual prima la inmediatez y la poca elaboración que tienen los contenidos audiovisuales.

A pesar de que la economía naranja o creativa participa con más del 3% en el Producto Interno Bruto (PIB) del país, la mayoría de los ingresos de ese segmento se concentran en la televisión y los negocios digitales.

El teatro no parece sonreír de la misma manera ya que la inversión en espectáculos ha disminuido por cuenta de la masificación de las plataformas tecnológicas y la coyuntura económica actual del país.

“Los hábitos de consumo han cambiado, ya que los días habituales de teatro han decaído (martes, miércoles y jueves) no por el cine sino por otro tipo de actividades” que realizan las personas para distraerse.

Así lo explicó en una entrevista concedida a Dinero el director del Teatro Nacional, Daniel Álvarez Mikey, quien además lamenta que algunos géneros como el teatro clásico y el drama estén desapareciendo paulatinamente porque nadie los quiere ver.

Ahora, las personas prefieren “ir a la fija” e invertir sus recursos en espectáculos de consumo masivo y ligero como el humor, el cual ha ganado protagonismo en los últimos años con el surgimiento del ‘stand up comedy’, añadió el directivo, quien es hijo de la reconocida directora argentina Fanney Mickey.

¿Un negocio no tan mágico?

A diferencia de lo que sucede con la televisión, el teatro no es un trabajo tan rentable pues no hay una base de espectadores sólida que soporte a la actividad.

Los actores que se dedican formalmente al teatro perciben ingresos que van desde el $1.500.000 hasta los $3.000.000. Sin embargo, la situación difiere en el caso de quienes trabajan de manera independiente pues su sueldo está determinado por la oferta y por ello es un completo interrogante hasta que llega el fin de mes.

El teatro, en palabras de Álvarez, “es un negocio de alto riesgo” y que “depende de muchos factores” externos para que sea rentable para quienes están detrás de él.

Por ejemplo, una obra que fue exitosa en términos de taquilla en otro país, puede que no obtenga los mismos resultados en Colombia por un mal enfoque de la estrategia de publicidad y mercadeo.

El futuro de cada obra es definida como una “lotería” por los directores, quienes en varias ocasiones tienen que restringir la inversión en el espectáculo para no perder dinero si la afluencia del público no es la esperada.

Este fenómeno ha derivado en la aparición de compañías de teatro de ‘garaje’ que elaboran formatos más simples en términos de montaje y número de artistas. Ellos no solo le han dado un segundo respiro a la actividad sino que también están cultivando una audiencia en ciudades como Bogotá y Medellín.  

A esta situación se suma la llegada masiva de directores, que elaboraban piezas exclusivas para la televisión, que han decidido migrar debido a la gran oferta de profesionales en esa área y porque también se han enamorado de la magia que envuelve a la escena del teatro, una actividad que se niega a morir a pesar de las nuevas tendencias.   

Una de las piezas icónicas de la ‘resistencia’ es el histórico Teatro Faenza de Bogotá, que luego de varias décadas de olvido pudo emerger entre las cenizas gracias a la intervención de la Universidad Central.

Esta joya de la arquitectura recuperó sus murales escondidos debajo de más de 20 capas de pintura, así como sus esculturas de yeso, pinturas murales, balcones de madera maciza y espaciosos arcos debido a un programa de renovación estructural adelantado desde 2004.

La obra recuperó su belleza y ahora vuelve a ser escenario de múltiples obras artísticas como en sus años dorados, en los que recibió a artistas de la talla del cubano Miguel Matamoros o el argentino Carlos Gardel.

Tradición viva

A pesar de los enormes desafíos, la escena artística se mantiene vigente en Colombia gracias al impulso que le han dado grandes eventos como el Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá (FITB), que se celebrará del 11 al 27 de marzo próximo.

La XV versión de esta fiesta cultural, fundada por  Fanny Mikey y Ramiro Osario en 1988, tendrá como país invitado de honor a México y una notable participación de las delegaciones de los países nórdicos.

Este evento impulsará notablemente la actividad económica de la capital colombiana, dado que se espera la asistencia de al menos 100 directores y 3.650 actores de 32 países. Además se calcula que el número total de espectadores superará los 2 millones en la jornada, una cifra que contrasta con el porcentaje de personas que pagan una boleta de teatro en todo un año en la ciudad (No supera los 5.000).

Esta situación ocurre porque no todos los asistentes a FITB van por amor al teatro, sino por el hecho de enfrentarse a un escenario distinto que envuelve a toda la ciudad. El gran reto es seducir a ese segmento de los espectadores que están interesados pero no se involucran del todo en la escena, explicó Daniel Álvarez, quien considera que este tipo de espectáculos se deben precisamente al apoyo de los ciudadanos. 

"El FITB sigue siendo el carnaval de Bogotá, el público es el que ha mantenido esta fiesta vigente", concluyó. 

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