| 9/23/2015 5:00:00 AM

En temas sociales: adonde no llega el gobierno, las pymes deben estar

Especialmente en América Latina, donde es evidente el abandono de los programas gubernamentales en algunas regiones volviéndose focos de pobreza y desigualdad, las iniciativas empresariales pueden ser la solución.

Hoy en día es más común que nunca escuchar sobre los proyectos sociales y el desarrollo económico como resultado de combatir la pobreza. Sin embargo, son más los casos en los cuales los gobiernos se muestran insuficientes y saltan a la luz problemas de corrupción para abordar con total eficacia estos temas.

Aunque la responsabilidad de combatir la pobreza, la desigualdad, el desempleo y demás causas sociales tradicionalmente esta en los hombros de las entidades gubernamentales, es evidente que es necesario un apoyo sólido, que entienda la necesidades de las personas desde un primer plano y por supuesto, sin perder la sostenibilidad en el largo plazo.

Es aquí donde entran las empresas, en particular las pequeñas y medianas. Adonde no llega el gobierno deben llegar las iniciativas privadas e instaurar modelos corporativos que permitan a las comunidades locales crecer económica y socialmente.

Pero, para que las pymes tengan éxito en sus propósitos de desarrollo deben ser más que rentables, deben ser sostenibles y no únicamente en cuanto a temas medioambientales se refiere.

Y en la actualidad todo se crea con base en la innovación. Como explica, Andrea Ortega, especialista en economía de la Universidad de Chile, “innovar en las pymes es vital ya que muchas veces sus ganancias no son altas y cualquier desajuste puede jugar en su contra”.

El desarrollo y el consumidor van de la mano

Para las pymes realizar inversiones para mitigar su consumo energético y aprovechar al máximo las nuevas tecnologías puede resultar muy costoso. Evidentemente el cambio no es eficiente si se espera aplicarlo en el corto plazo y así mismo esperar resultados. El objetivo es maximizar procesos.

Esto significa aprovechar las necesidades de las poblaciones que conviven alrededor del espectro de influencia de la empresa. La responsabilidad social va más allá se generar una imagen positiva para los consumidores.

Como afirma Ortega, “los consumidores buscan lo verde”. En 2014, la consultora Nielsen realizó una encuesta a más de 30.000 personas demostrando que el 63% de los latinoamericanos estaría dispuesto a pagar más por productos y servicios entregados por compañías con altos índices de responsabilidad empresarial.

Claro, no es necesario que un pequeño restaurante invierta millones en fundaciones o programas de cuidado medioambiental masivos, “algo tan simple como comprar ingredientes orgánicos a pequeños productores locales y pagarles un precio justo es un argumento válido para motivar a la clientela”, explica la especialista en economía.

En Latinoamérica hay aún más posibilidades de crecimiento conjunto de la empresa-comunidad. Aunque las necesidades son más visibles en los pueblos y zonas rurales alejadas, también en las grandes ciudades se puede optar por todo un programa de integración social.

Y una vez más los consumidores tienen en sus bolsillos el juicio final. Las empresas comprometidas con la sostenibilidad, que aportan a programas sociales, generan empleo de calidad, promueven reciclaje y unen a las comunidades son en promedio más rentables.

Un estudio de HealRWorld reveló que solo en Estados Unidos el 21% de las pymes eran consideradas de “alto riesgo crediticio”. En contraste solo el 3% de las pymes sostenibles entraron en esa categoría.

Necesidades “invisibles”

El especialista senior en Ciencia y Tecnología de la División de Competitividad e Innovación del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Carlos Guaipatin, traduce la importancia de crear nuevas ideas y apostarlas en el beneficio común de la siguiente manera “el conocimiento para diseñar soluciones ya existe, pero quienes tienen el problema son invisibles”.

En este contexto, las demandas sociales son un gran aporte. Y de ellas surge la llamada “innovación social” o una idea que agrega valor agregado resolviendo un problema social e involucrando en el diseño a los beneficiarios.

Cuando los niveles de desempleo aumentan en una región en particular, cuando sus habitantes carecen de un nivel educativo competitivo e inclusive cuando la zona de hábitat no posee estándares de salubridad o calidad de vida mínimos, la inversión privada puede ser la mejor forma de obtener rentabilidad en el futuro.
 

Como afirma Guaipatin “hasta que no se hace una investigación de la demanda, ni el tamaño del mercado ni la importancia del problema eran evidentes”. Una pequeña inversión en conocer las necesidades de las comunidades traerá grandes recompensas no solo económicas para el privado, todo un cambio social sin precedentes.



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