| 1/14/2016 10:07:00 AM

Las víctimas del “crash” petrolero

Pareciera que la debacle petrolera fuera un asunto trascendental para las petroleras, sus inversionistas y sus proveedores así como para unos cuantos países. Realmente el contagio financiero es creciente y está expandiéndose a una crisis global. ¿Por qué y cómo?

Las primeras víctimas son las petroleras

Han visto caer fuertemente sus ingresos, han tenido que disminuir sus inversiones, recortar sus gastos, despedir empleados y el valor de las empresas así como su cotización en bolsa está por los suelos. Esto ha sido cuando su nivel de deuda no ha terminado por hacerlas inviables.

En el 2015 cerca de 36 empresas de exploración y producción de petróleo en Estados Unidos entraron en bancarrota o se acogieron a la protección legal con un monto de deuda cercano a US$17.000 millones. Otras 6 en Canadá hicieron algo similar. Este sería el mayor nivel de deuda en empresas acogidas a la ley de bancarrotas desde la crisis financiera de 2008. En la lista hay desde aquellas que recientemente se formaron con la bonanza de los no convencionales hasta firmas que se crearon en Estados Unidos en los años 70, con casi 50 años de experiencia.

Algunos pronósticos apuntan a que en el sector la probabilidad de quiebra es del 15%, un alto nivel para los estándares de una agencia calificadora como Fitch, y algunos estiman que entre el 30% y 50% de las empresas en exploración y producción de petróleo no convencional podrían quebrarse en la medida que una gran mayoría de las empresas a finales del año pasado ya enfrentaba niveles de deuda superiores al valor de sus activos, lo que supone un patrimonio inexistente.

En un informe de diciembre pasado, la agencia Moody´s señala que ha bajado la calificación a 756 empresas de petróleo y gas.

Las segundas víctimas son las perspectivas de las calificaciones soberanas y corporativas

La agencia de calificación Standard&Poors ha reseñado que desde mediados de 2015 las perspectivas de las calificaciones soberanas han empeorado dramáticamente, generando el escenario de riesgo para las calificaciones más adverso desde la crisis financiera de 2008. Ya la calificación soberana promedio en el mundo es BBB, dos niveles por debajo del promedio de 2008.

De cerca de 131 países que califica la agencia, unos 25 ya estaban con perspectiva negativa a finales del año pasado y tan solo 8 países tenían perspectiva positiva. El balance de -17 es muy superior al de -4 que había a mediados de 2015.  Por regiones la menos afectada es Asia-Pacifico y la más afecta es Medio Oriente y África.

El deterior del entorno económico no solo arrastra las perspectivas de riesgo país sino también las empresariales.

La situación de la deuda adquirida a través de bonos de empresas corporativas es peor. La misma agencia señala que por cada empresa que tiene posibilidades de mejorar su calificación hay 3 con perspectiva de bajar. Cerca del 17% de las empresas emisoras de bonos en los mercados internacionales tienen una probabilidad del 50% de ver una caída en su calificación en los próximos 3 meses. Es ese 17% es superior al 11% observado en la crisis 2008-2009.

Aunque la agencia señala que son cautos sobre las calificaciones corporativas de Estados Unidos ven con especial probabilidad un deterioro de las calificaciones corporativas en América Latina.

Las terceras víctimas son las empresas menos solidas en general y las condiciones financieras en que deben operar las economías emergentes

Las condiciones financieras se están volviendo más apretadas, no solo con la creciente perspectiva de una deuda en riesgo de ser recuperada y un deslizamiento en las calificaciones por empeoramiento de los balances y la situación patrimonial de las empresas, sino con la destrucción de valor y riqueza de la caída generalizada de las bolsas de valores en el mundo y el creciente sentimiento de aversión al riesgo.

No más en 2016 cerca de US$3,5 billones se han destruido en los mercados de acciones en el mundo. Es casi 10 veces el tamaño de la economía colombiana. Son condiciones que se suman a lo ocurrido en 2015, en especial en julio, agosto y septiembre del año pasado cuando entonces se hablaba de casi US$7,5 billones de valor destruido.

La percepción de riesgo ha llegado a asimilarse en 2015 y en el comienzo de 2016 con una volatilidad similar a la que se presentó en 2011 y 2012 cuando estuvo en riesgo la viabilidad del euro y se produjo la crisis soberana de los países de la periferia del euro.

Con el bajo precio del petróleo, la creciente aversión de riesgo se ha traducido en niveles de riesgo país para casos como el colombiano que no se observaban desde la crisis de 2008-2009. Pero a su vez está generando estragos en la deuda de altos rendimientos (high yield) de países como Estados Unidos.

Es así como esta deuda de empresas americanas tuvo su peor desempeño para un año sin recesión en más de una década. Casi el 10% del mercado de bonos de alto rendimiento presenta tasas de interés en dólares superiores al 20%, el mayor nivel desde la crisis 2008-2009. La dispersión de tasas de interés a su vez es la más alta en casi 7 años. Varios fondos de inversión en estos instrumentos y valores se han quebrado, la última es el fondo Third Avenue.

Esto supone creciente estrés, dificultad y mayores tasas de interés la financiación de empresas y países que no tengan muy sólidos y muy atractivos fundamentales. Aquellos con riesgo de sufrir un deterioro de su calificación empiezan a sentir una mayor adversidad y una creciente dificultad para atraer financiación.

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