| 6/23/2015 10:00:00 AM

Alemania y Grecia: la historia de una rivalidad que define la suerte del euro

El drama político entre las dos naciones ha enmarcado la negociación económica. Los gobernantes de las dos naciones buscan maximizar los réditos políticos de un posible acuerdo.

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BBC
Los dos protagonistas en la actual crisis griega son Grecia y Alemania. La historia le ha enseñado lecciones distintas a los dos países y ha complicado la búsqueda de un compromiso.

El negociador jefe de Grecia, Euclid Tsakalotos, pidió a Alemania no regresar a Europa a la "política que tuvimos en la década de 1930".

Otro ministro griego exigió US$315.000 millones en reparaciones por la ocupación alemana durante la Segunda Guerra Mundial.

Los políticos en Berlín lo calificaron de "estúpido" y un parlamentario alemán acusó a los griegos de "comportarse como los payasos que se sientan en la parte de atrás del salón de clases".

'Alto precio'

Ha sido en gran medida así desde que los griegos revelaron en 2009 su compleja situación financiera. Los alemanes, inicialmente, estaban en contra de rescatar a Grecia. Una de las condiciones en las que Alemania había insistido cuando renunció a su amado marco alemán era que los países no tendrían que asumir la deuda de los demás.

Alemania se encontró con la situación de un país afectado por la corrupción y el favoritismo político. En aquellos primeros días de la crisis, en 2009 y 2010, el ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schaeuble, dijo que "Grecia tiene que darse cuenta de que cuando se rompen las reglas durante un largo período de tiempo, uno tiene que pagar un precio muy alto".

Era también la opinión de Angela Merkel: "Hay reglas que tienen que ser respetadas", dijo entonces. La mandataria estaba en contra de rescatar a los griegos, pero los mercados de bonos dejaron en claro que la crisis iba mucho más allá de Grecia. Amenazaba a la moneda única en su totalidad.

Duras condiciones

Grecia no sólo fue rescatada, sino que se creó un fondo gigante para demostrar que los líderes europeos tenían la voluntad y los medios para respaldar a cualquier país de la eurozona con problemas de financiación.

Los griegos implementaron con lentitud las reformas y la medicina no funcionó. No se había cumplido un año cuando Grecia necesitó un segundo rescate. Otros países como Irlanda y Portugal también tuvieron que ser rescatados. Merkel se mantuvo cauta y adversa al riesgo.

Cambio de tono


Algunos en Berlín comenzaron a debatir abiertamente si Grecia debía abandonar el euro. Y entonces el lenguaje de Angela Merkel cambió. Ella comenzó a describir el problema griego como una crisis existencial no sólo para el euro sino para todo el proyecto europeo: "Si el euro fracasa, fracasa Europa", se convirtió en su constante refrán. Les dijo a sus partidarios que para sobrevivir, Europa tendría que integrarse más estrechamente.

Como parte del segundo rescate el total de la deuda de Grecia disminuyó, pero la economía se estaba contrayendo. Cayó un 25% en cinco años.

En 2012 Angela Merkel encaró a los escépticos dentro de Alemania. "Algunas personas", dijo, "se preguntan si Grecia no es un pozo sin fondo... Que las oportunidades son mayores que los riesgos de apartarse de Grecia. Creo que esos riesgos son incalculables y por lo tanto irresponsables". Merkel empleó su autoridad para mantener a Grecia en la zona euro y por un tiempo la crisis disminuyó.

'Gran Depresión'

Se facilitó aún más cuando Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo, dijo que haría "lo que sea necesario para defender el euro". Pero en Grecia las dificultades se profundizaban.

En medio de un estado de ánimo caracterizado por el resentimiento y la desesperación llegó al poder en enero la coalición de izquierda Syriza, dirigida por Alexis Tsipras. Su partido creía que podían contar con el apoyo de los franceses y los italianos al insistir en que había que aflojar la austeridad.

Pero los votantes alemanes -y los de otros países- no estaban de humor para más concesiones a un país al que ya le habían prestado cerca de US$272.000 millones.

La posición alemana fue resumida por Wolfgang Schaeuble: "Recibirán ayuda, pero sólo si están de acuerdo en adelantar reformas". Durante este período, Angela Merkel había aprendido una lección poderosa. La dirigente alemana se dio cuenta de que cualquier líder podría desatar una crisis en la eurozona.

Ánimo endurecido

El error de cálculo del nuevo gobierno griego fue creer que el temor a un impago obligaría a los alemanes a hacer concesiones. Pero el estado de ánimo en Alemania se había endurecido; aproximadamente el 58% de los alemanes dicen que quieren que Grecia deje el euro.

En cuanto a los alemanes, subestimaron lo que la austeridad le había hecho al pueblo griego. Es verdad que los griegos no habían llevado a cabo algunas de las reformas, pero ninguna economía en la era moderna se había reducido en un 25%. Para los alemanes se trataba de honrar los compromisos; para muchos griegos se trataba de resistirse a experimentar aún más pobreza y desigualdad.

Doloroso

Sin duda una salida griega provocaría un impulso para una mayor integración, para avanzar en la unión fiscal y política. Y si se llega a un acuerdo, este tendrá que abordar la sostenibilidad de la deuda de Grecia. El país, que representa menos del 2% de la producción económica de la zona euro, debe más de US$360 mil millones.

Grecia tendrá que aceptar reformas más dolorosas, pero ningún acuerdo sobrevivirá a menos que al país se le muestre una hoja de ruta para salir de esta crisis.

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