| 9/15/2015 5:00:00 AM

El modelo educativo actual es una barrera para el surgimiento de la innovación: Cengage Learning

La educación en América Latina se imparte con el mismo modelo que se utilizaba en el siglo XIX, en el que los jóvenes tenían que tener las mismas capacidades para ser considerados exitosos y aptos para el “excluyente” mercado laboral.

El presidente para América Latina de Cengage Learning, una entidad asociada a National Geographic que promueve desde Massachusetts (EE.UU) un nuevo modelo educativo basado en experiencias, sostuvo que “ninguna persona aprende de la misma manera” y por eso es necesario renovar el sistema con técnicas más eficientes.

“Si pensamos que la educación es igual para todos y que avanzamos al mismo ritmo, vamos a tener deserciones en las aulas”, precisó Valenzuela en una entrevista concedida a Dinero en el marco del Congreso Internacional Andicom.

“La clase ya no puede ser estándar, tenemos que permitirles a los jóvenes que experimenten e innoven, solo así van a empezar a surgir las buenas ideas”, argumentó el directivo.

Con una población de más de 160 millones de jóvenes, un Producto Interno Bruto (PIB) que en conjunto suma US$4,764 billones y el español como idioma oficial en varios de los países, América Latina tiene la oportunidad de integrar su mercado y volcar su modelo educativo hacia la innovación.

Para lograrlo, las instituciones educativas deben dejar de formar a sus jóvenes para “la era industrial y trabajos rutinarios”, pues ese es el reflejo de “la inmensa desconexión que hay con el futuro”, según lo explicó Valenzuela.

“Tenemos un talento y una innovación que está por despertar,” añadió el presidente de Cengage Learning, una entidad que analiza las características que debe tener el estudiante del siglo XXI para crear contenidos que se ajusten a sus necesidades específicas. 

La propuesta de esta organización es que los jóvenes tengan la vocación de descubrir nuevos conocimientos como un explorador de National Geographic y la capacidad de argumentación de un orador de TED.

Fernando Valenzuela complementó que el principal objetivo de esta organización es mejorar las capacidades de los estudiantes en la región, porque no sirve de nada avanzar de a poco en los resultados de las pruebas PISA mientras la era digital avanza aceleradamente.

Sobre este tema también opinó el académico del Harvard Business School, Juan Enríquez, quien considera que “al no educar a los jóvenes los estamos condenando a la pobreza y a trabajar más duro” en actividades que no necesariamente les generan rentabilidad.

Enríquez dijo que hasta hace unos años el estereotipo de mexicano era “un cuate (persona) perezoso sentado sobre un cactus con un gran sombrero”, lo cual es totalmente falso porque “un latinoamericano trabaja más horas que un japonés”.  

Lo que pasa es que un importante porcentaje de la población no tuvo la oportunidad de aprender una profesión que, además de generarle ingresos, contribuya con su calidad de vida y progreso económico.

La educación y la tecnología son las herramientas más efectivas para cambiar la realidad de ese 28% de la población de América Latina que hoy vive en la pobreza. Precisamente, una de las principales problemáticas de la región es que varios de los países siguen enfrascados en la producción de materias primas y no en la generación de conocimiento o productos con valor agregado.

Un ejemplo de ello es el valor del café en un establecimiento comercial. El consumidor paga unos US$3 para beber una taza de ese producto, de ese monto solo US$0,3 centavos se destinan a los productores, mientras que el resto corresponde al trabajo genético o a la mercadotecnia.

A pesar de los inmensos desafíos de América Latina en materia de inserción a la cadena productiva y al desarrollo tecnológico, también hay grandes avances en esta materia. Según un reciente estudio, el ecosistema digital de la región generó US$195 millones entre 2005 y 2013, un 4,3% del crecimiento acumulado del PIB y creó 90.000 empleos.

Este escenario genera una gran expectativa pero también hace reflexionar a los expertos sobre la incapacidad creativa que aún persiste en la región. Una muestra de esa problemática es que por cada millón de personas se patenta un invento en América Latina, mientras que ese porcentaje es de unas 2.000 en Estados Unidos, concluyó Enríquez.

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