| 11/29/2017 4:53:00 PM

4 de cada 10 hogares latinoamericanos corre el riesgo de caer en la pobreza

Si bien la proporción de personas en situación de pobreza extrema y moderada se redujo significativamente entre 2003 y 2012, la mayor parte de ellos no pasó a formar parte de la clase media directamente sino que continuó siendo vulnerable.

Esa fue una de las principales conclusiones del informe ¿Desarrollo Económico Inestable? Choques Agregados en América Latina y el Caribe” del Banco Mundial.

Como parte de esta investigación se destaca que los habitantes de la región que viven en extrema pobreza, es decir, aquellos que sobreviven con menos de US$2,50 al día, se redujo 12,3% entre 2003 y 2012.

Mientras que el porcentaje de latinoamericanos que vive en la pobreza moderada, es decir, con menos de US$4 al día, cayó de 41.1% a 25.3% en ese mismo período de análisis.

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Sin embargo el Banco Mundial alerta que “la mayoría de las personas que dejaron de ser pobres no pasó directamente a formar parte de la clase media, sino que continuó siendo vulnerable, teniendo que afrontar la inseguridad económica y, probablemente, nuevos periodos de pobreza en el futuro”.

Agrega que dada la vulnerabilidad de esta población, cuatro de cada diez hogares latinoamericanos podría volver a caer en la pobreza “con solo un choque”.

La investigación del Banco Mundial explica que los choques agregados (aquellos que afectan a un gran número de gente al mismo tiempo), como los desastres naturales, el crimen, la violencia y las epidemias, representan un desafío considerable para la población vulnerable de la región.

Sobre todo "en el actual contexto de bajo crecimiento económico y crecientes déficits públicos", reitera.

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El informe explica que entre 1970 y 2014 la incidencia de los desastres naturales en la región se triplicó, impactando en las finanzas de los hogares más vulnerables.

En el Caribe, por ejemplo, se experimenta un huracán o ciclón todos los años (al menos un país). Mientras que el oeste sudamericano afronta más de un cuarto de todos los sismos de magnitud 8.0 o más.

“En anticipación al próximo desastre, muchos hogares vulnerables eligen actividades económicas de bajo riesgo y bajo ingreso, perpetuando así la pobreza”, dice el reporte.

 A estas tragedias se suman otros factores externos como las enfermedades infecciosas y virus como el Zika y el Chikungunya, los cuales se proliferan en condiciones cálidas y húmedas de muchos países tropicales de la región.

Sumado a todos estos factores la población latinoamericana enfrenta desafíos sociales significativos que se manifiestan en las tasas de criminalidad y violencia comparables a las de países en guerra.

Además, el Banco Mundial lamenta que existe una proliferación de pandillas juveniles, tráfico de drogas, lavado de dinero y violencia doméstica.

 “A pesar de los grandes avances en términos de prosperidad de los últimos años, muchas personas en América Latina y el Caribe están tan solo a un desastre de regresar a la pobreza, lamentó el vicepresidente del Banco Mundial para América Latina y el Caribe, Jorge Familiar.

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En ese sentido, afirmó que “los países deben prepararse mejor y fortalecer su resiliencia ante los choques, para así no perder en un día lo que les tomó años construir”.

“Ante estas amenazas, los países deben trabajar en un frente coordinado para desarrollar resiliencia, especialmente antes de que los choques ocurran”, complementó el economista sénior del Banco Mundial y autor principal del informe, Javier E. Báez.

El Banco Mundial concluye que es necesario impulsar el fortalecimiento tanto de los servicios del sector privado como de los públicos.

“Esto significa desarrollar mercados de crédito y de seguros para contribuir a una recuperación más rápida luego de un desastre, y garantizar unos niveles mínimos de bienestar a través de redes de protección social flexibles”, explica.

También exige reforzar los servicios públicos, incluidos agua potable, saneamiento, educación y sistemas de alerta meteorológica. Además de construir infraestructura resistente a desastres naturales extremos.

“Estar preparados requiere grandes inversiones y aunque sus retornos pueden parecer lejanos, el costo de no actuar es infinitamente superior”, concluye.

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