| 3/12/2011 8:00:00 AM

Cumbres borrascosas: las dudas del euro

La cumbre de mandatarios de la zona del euro, en Bruselas, tiene mucho para resolver y poco decidido.

Las tasas de interés para los países periféricos está por los cielos, el nuevo gobierno de la República de Irlanda quiere renegociar el rescate con la Unión Europea (UE) y el Fondo Monetario Internacional (FMI), en Grecia hay un movimiento de desobediencia civil contra el acuerdo firmado en mayo y el jueves, para rematar, la agencia Moody's bajó la calificación de deuda de España.

En medio de este vendaval, la cumbre debe decidir sobre un pacto de competitividad que impulsan Alemania y Francia para financiar con nuevos fondos los desequilibrios fiscales internos a cambio de armonizar la conducta presupuestaria de los 17 integrantes de la eurozona.

Como si fuera poco, el presidente del Banco Central Europeo (BCE), Jean-Claude Trichet, asiste a la reunión con una doble agenda que va a agitar aún más las aguas.

El BCE quiere reducir la ayuda diaria que presta a bancos en dificultades y, al mismo tiempo, preocupado por la inflación, está impulsando un aumento de la tasa de interés que va a elevar más el costo de financiamiento de los países periféricos, incrementando la posibilidad de "un cese de pagos".

Mi dinero, mis reglas

Políticamente, la canciller alemana, Angela Merkel, reaccionó durante todo el año pasado con una asombrosa lentitud, lo que profundizó la crisis del euro por la desconfianza que produjo en los mercados financieros.

Al mismo tiempo no cabe duda de que, sin Alemania, el euro habría naufragado.

La lentitud de Merkel se explica por sus problemas internos: los alemanes se oponen a que se rescate a los países del sur europeo, considerados fiscalmente "irresponsables".

El pacto de competitividad que acordó con Francia entre octubre y diciembre es una manera de demostrar a su electorado que, a cambio de financiamiento, los países periféricos de la UE se van a comprometer a una política fiscal sostenible.

En el esquema de rescate que proponen Alemania y Francia habrá más fondos, pero también cambios estructurales en el sistema impositivo, mecanismos de supervisión supraestatal y penalidades para los inversores privados, de modo que no dependan siempre del rescate público.

El actual Mecanismo de Estabilidad Financiera Europea, que expira en 2013, será sustituido por un nuevo sistema, que se llama casi igual (Mecanismo de Estabilidad Europea) pero que contará entre 500.000 y 700.000 millones de euros para convencer a los mercados de la solidez del euro.

No a más ajustes

Si el incremento de fondos del nuevo Mecanismo de Estabilidad Europeo es muy polémico en Alemania, la propuesta de armonizar la política fiscal está generando terremotos en los países periféricos.

En la República de Irlanda no quieren saber nada de un aumento impositivo a las corporaciones, porque su modelo económico se ha basado en atraer la inversión extranjera con un 12% de impuesto a las grandes empresas.

En Grecia está creciendo el movimiento "Den Pirono" ("No voy a pagar") en protesta contra el peaje de carretera, un mecanismo gubernamental para aumentar la recaudación.

El gobierno del primer ministro Giorgos Papandreu ha dicho que el Den Pirono aspira a liderar un movimiento de desobediencia civil.

El descontento con las medidas de austeridad es generalizado.

Y es que los resultados de ajuste tras ajuste no son prometedores. En Grecia hubo crecimiento negativo en el último trimestre y un récord en el porcentaje de desempleados.

En Portugal, el gobierno anunció este viernes nuevas medidas de austeridad porque las de diciembre no han alcanzado y el costo de endeudarse para los países periféricos está en porcentajes récord en la historia de la eurozona.

Peor aún: nada parece satisfacer a los mercados financieros.

"La Unión Europea tienen que convencer a los inversores de que la reestructuración de la deuda no es inevitable. Todavía no lo ha hecho", declaró a la agencia Bloomberg Robin Marshall, director de Smith & Williamson Investment Man.

El problema de fondo

En privado o en público, muchos admiten que la reestructuración es la única salida, incluyendo publicaciones británicas como The Economist y Financial Times, que pusieron el grito en el cielo cuando Argentina reestructuró su deuda en 2005.

Los países de la eurozona tienen vencimientos de deuda equivalentes a unos 560.000 millones de euros este año.

La interdependencia de esta deuda soberana (de los Estados) y la salud de importantes bancos europeos despierta el temor de una crisis sistémica.

Según el Banco Internacional de Pagos, las entidades alemanas han prestado unos 30.000 millones de euros a España y unos 95.000 millones a sus bancos.

Esta exposición de los bancos se repite en otras capitales financieras dentro de la eurozona como París o fuera de ella como Londres.

En medio de este horizonte sombrío, Jean-Claude Trichet, el director del BCE, ha insinuado que en abril se viene un alza de las tasas de interés.

Así las cosas, parece difícil que haya un acuerdo global este viernes.

El 25 de marzo la eurozona tiene una nueva cumbre para aprobar la creación de un nuevo sistema de financiamiento para crisis.

La pregunta es si los mercados le van a dar tanto tiempo.

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